Opinión

¿Es posible un milagro económico en República Dominicana?

Franklin Vásquez

Recientemente, he venido estudiando detenidamente el modelo de desarrollo y la ruta del milagro económico alcanzado por Singapur, un país asiático de casi seis millones de habitantes y 646 kilómetros cuadrados, que pasó de ser una pequeña isla, tercermundista, a uno de los países más desarrollados del mundo.

Todo empezó en el 1965 cuando se independizó de la Federación Malaya, sin recursos naturales, sin agua propia y con una economía devastada, pero con una clara visión sobre lo que debía ser la construcción de su futuro.

Con una figura política influyente, el primer ministro Lee Kuan Yew, quien gobernó a ese país por 31 años hasta su renuncia en el 1990, Singapur experimentó un firme crecimiento de su economía, desarrolló un centro financiero global hasta convertirse hoy en día en la nación con uno de los más elevados ingresos per cápita nominal el cual, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, alcanzará los US$107,758 a finales del 2026.

Varios pilares se destacan en el milagro económico de Singapur, siendo el primero de estos una fuerte inversión en capital humano y en innovación. Un segundo pilar fue el desarrollo de una industria manufacturera, seguido de una apertura al comercio mundial orientada al incremento de las exportaciones, que se convirtió en el tercer pilar, lo que fue también acompañado por una elevada inversión extranjera y por una política liberal hacia la inmigración de extranjeros altamente calificados para cubrir la escasez de profesionales especializados.

Un pilar importante en todo este proceso fue una administración estatal enfocada en la meritocracia, la estabilidad política y la eliminación de la corrupción.

En efecto, “el gobierno de Singapur es relativamente pequeño y meritocrático, lo que significa que la mayoría de los empleados son contratados en función de sus habilidades en lugar de sus contactos y en donde no existen prácticas corruptas. Mirando a República Dominicana en el espejo de Singapur cabe la pregunta: ¿Podría nuestro país convertirse en una Singapur en el Caribe? La respuesta inmediata es un sí condicionado.

Con una expansión promedio de la economía de alrededor de 5.0% durante los últimos 30, la nación dominicana es vista como una estrella regional. Sin embargo, el crecimiento económico por sí solo no basta; hace falta un diseño institucional y una férrea voluntad política, además de un grupo élite de individuos que estén pensando en el país, no en sus intereses personales, en sus utilidades financieras o en ganancia política.

Para alcanzar niveles de prosperidad como el país asiático, se debe trascender el modelo de consumo y turismo de bajo valor agregado, enfocándose en tres pilares: i) revolución del capital humano:, ii) institucionalidad y meritocracia, y una burocracia ciega a los colores partidarios, y iii) logística y apertura radical, pero en serio, aprovechando la posición geográfica y eliminando trabas burocráticas.

Un milagro económico no ocurre en un cuatrienio. Singapur pasó de ser una nación pobre a una rica en aproximadamente 50 a 60 años (1965-2026). Para República Dominicana, un horizonte realista sería de 25 años (una generación), con un consenso nacional, reformas estructurales profundas y saneamiento institucional. También, con inversión masiva en infraestructura estratégica y reconversión educativa total y un liderazgo pragmático, visionario, con obsesión por los resultados y con integridad inquebrantable.

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