Opinión

¿Es real la autosuficiencia alimentaria dominicana? Lo que revelan importaciones carnes y cereales

Por Juan Temístocles Montás

El Centro de Comercio Internacional (ITC, por sus siglas en inglés), organismo conjunto de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio, publica estadísticas actualizadas del comercio internacional mediante su reconocida base de datos Trade Map, una de las fuentes más completas y confiables para el análisis del comercio mundial.

Una revisión de las importaciones dominicanas de carnes y productos relacionados, así como de cereales, revela una realidad que merece una profunda reflexión sobre la situación actual del sector agropecuario nacional y la seguridad alimentaria del país.

Los datos muestran que entre 2006 y 2025 las importaciones de carnes y productos relacionados pasaron de US$20.1 millones a US$672.8 millones, multiplicándose más de treinta veces.

En el caso de los cereales, las importaciones aumentaron de US$280.4 millones a US$666.4 millones, más que duplicándose durante el mismo período.

Los cereales —que incluyen maíz, trigo, arroz, avena, sorgo y cebada, entre otros productos— constituyen la base de la alimentación humana y animal. Que las importaciones de estos bienes hayan pasado de alrededor de US$280 millones a más de US$660 millones evidencia una creciente dependencia externa para abastecer productos estratégicos indispensables para la alimentación nacional.

Igualmente preocupante resulta el comportamiento de las importaciones de carnes, que abarcan productos porcinos, bovinos y avícolas. Durante años, la República Dominicana se presentó como un país con elevados niveles de autosuficiencia en productos como pollo, huevos y carne de cerdo. Pero el salto de las importaciones de carnes desde apenas US$20 millones en 2006 hasta casi US$673 millones en 2025 sugiere que la producción local está perdiendo capacidad relativa para abastecer la creciente demanda del mercado interno.

Los datos de Trade Map indican, además, que el verdadero punto de inflexión se produce a partir de 2020. Desde entonces, las importaciones de carnes aumentaron de US$204 millones a US$673 millones en cinco años, mientras que las importaciones de cereales pasaron de US$423 millones a cerca de US$700 millones.

Este comportamiento difícilmente puede atribuirse exclusivamente a factores coyunturales asociados a la pandemia y a la fiebre porcina. Más bien parece responder a transformaciones estructurales de largo plazo, entre las que destacan: el aumento de las facilidades para importar, la posible sustitución parcial de producción nacional por productos importados, la pérdida de competitividad relativa de algunos productores locales, el incremento de los costos de producción y el crecimiento sostenido del consumo interno.

La crisis alimentaria mundial de 2022 dejo claro los riesgos asociados a una elevada dependencia de las importaciones. Los países más expuestos enfrentaron fuertes aumentos de precios, interrupciones logísticas, restricciones comerciales y presiones cambiarias que afectaron directamente el acceso de sus poblaciones a alimentos básicos.

Naturalmente, toda economía moderna importa alimentos. Por ello, el problema no radica en que las importaciones aumenten. Lo esencial es que las importaciones han crecido a un ritmo considerablemente superior al de la producción agropecuaria nacional.

Lógicamente, en una economía en expansión, con mayor actividad turística y una población que demanda más proteínas animales, aumentan las importaciones. Pero cuando las importaciones de carnes se multiplican por más de treinta en apenas dos décadas, surge una pregunta inevitable: ¿Qué parte de ese mercado dejó de ser abastecida por productores dominicanos?

La principal lección que dejan estos datos es que la discusión sobre el sector agropecuario no debe centrarse únicamente en cuánto produce el país, sino qué proporción del mercado alimentario nacional está siendo abastecida por producción dominicana.

Los indicadores disponibles sugieren que la República Dominicana avanza hacia una mayor dependencia alimentaria externa. Aunque el sector agropecuario continúa creciendo, lo hace un ritmo insuficiente para satisfacer la expansión de la demanda interna. De mantenerse esta tendencia, el país podría enfrentar una situación paradójica: contar con un sector agropecuario en crecimiento, pero cada vez menos capaz de garantizar la seguridad alimentaria nacional y de capturar los beneficios económicos derivados de un mercado alimentario en constante expansión.

Consecuentemente, aunque la República Dominicana continúa produciendo una parte importante de los alimentos que consume, las importaciones de carnes y cereales muestran una realidad más compleja: el país depende cada vez más de los mercados internacionales para sostener su sistema alimentario.

El desafío nacional consiste en lograr que una proporción creciente de los alimentos consumidos por los dominicanos provenga de la producción nacional y eso pasa por elevar la productividad agropecuaria y modernizar la agricultura.

Comentarios
Difundelo