Esperando al mesías

Federico Jovine

El misterio del cristianismo gira en torno a la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesús, y los cristianos asumimos su victoria contra la muerte como fundamento de nuestra fe, mientras aguardamos su llegada, que marcará el fin de los tiempos y el comienzo de su reino.      

En esta espera, el mesianismo ha tomado cuerpo como ideología con características propias, mezclando indistintamente lo religioso con lo político, brindando argumentos sutiles y poderosos a los movimientos totalitarios para poder justificar sus desmanes y locuras. A la espera de El Mesías, la humanidad ha sufrido de manos de quienes usan el aspiracional religioso con fines terrenales. En el plano político, quienes esperan a un mesías viven en un mundo roto y sin horizonte; una sociedad sin perspectiva de evolución favorable; un entorno de exclusión, injusticia, privación y miseria; y, sobre todo, desigualdad, tanto social como política.

    El mesianismo político latinoamericano ha sido prolífico. La redención social es una consigna válida y legítima que siempre vende, y la redistribución de los bienes de otros, calza perfectamente con el modus vivendi de las primeras comunidades cristianas, de ahí que, en la región más desigual del planeta, siempre habrá brecha para nuevas aventuras mesiánicas que tendrán inevitablemente los mismos resultados: caos, pobreza, arbitrariedad, quiebra del

Estado de derecho y dolor, mucho dolor. El mesías que vendrá lo hará caminando sobre las ruinas de un sistema de partidos políticos que ha perdido el norte, el sentido de sociedad y del Estado.

Atrás quedaron los líderes que pensaban en una casa y un destino común, dando paso a quienes solo tienen una necesidad voraz de acumular capital, no para crear una base económica que sustente su poder político; no, sino para satisfacer sus pasiones, aspiraciones y gustos.

    La sociedad observa la involución ideológica sin que apenas importe la ideología: la iglesia, los empresarios, la prensa, la academia, la ciudadanía, et al.

Algunos, desde su brecha y posibilidades tratarán de darle a la piñata, otros tratarán de evitar que todo colapse y que el descrédito de nuestros políticos erosione lo poco de legitimidad que le queda a un sistema que, desde 1961 a la fecha, no ha podido resolver un solo problema fundamental de la sociedad dominicana, uno solo.

Mientras el tiempo pasa, los futuros candidatos outsiders/antisistemas/antipartidos/antipolíticos, invisibles aún, observan quizás sin saber que ellos son los elegidos. Ahí reside la magia del mesianismo, nadie reconocerá al mesías hasta que finalmente llegue, “como ladrón en la noche”.

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