¿Está nuestra suerte echada?

Miguel Guerrero

Amedida que avanzamos hacia las elecciones del año próximo, surgen muchas interrogantes sobre el futuro de la democracia y la estabilidad social y económica de la República. Y revive la inquietud acerca de la posibilidad de que ese proceso nos ponga en la encrucijada de cruzar el Rubicón que siempre ha sido la política dominicana.

El Rubicón es un río de pocos kilómetros de estrecho caudal del nordeste de Italia. Durante el imperio romano, se les prohibía a los generales cruzarlo con sus ejércitos. La prohibición tenía una finalidad. El río dividía y servía de frontera entre la República de Roma y la provincia de la Galia y protegía a la primera de invasiones militares. Medio siglo antes de Cristo, Julio César, ordenó a sus tropas cruzarlo iniciando la guerra civil, con el dicho siguiente: “La suerte está echada”. Con el tiempo la frase “cruzar el Rubicón” se interpreta como exponerse a una situación en extremo riesgosa, de fatales consecuencias.

En las elecciones pasadas, en las que vivimos experiencias desconocidas que pusieron a prueba, por extraño que parezca, la debilidad y la fortaleza del sistema político dominicano, cruzamos el Rubicón y la suerte de la nación, como dijera siglos atrás el general romano, quizás quedaba sellada.

No siempre, sin embargo, en el devenir político nacional el intento de cruzarlo ha sido el de navegar hasta su desembocadura y llegar a un destino seguro. Y como nuestro Rubicón no se bifurca al llegar al mar, no hemos podido encontrar un delta seguro donde refugiarnos de nuestras propias desavenencias, por la falsa creencia que la lejanía de nuestro Adriático inexistente nos salvará del día en que las aguas que trae alcancen el nivel del cuello de la República.

Quiera Dios que la sensatez nacional, si existiera, nos aleje del día en que no podamos esquivar el sentido de esa trágica sentencia: “La suerte está echada”

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