Fallido e inexplicable intento de reforma fiscal

César Pérez

Hizo muy bien el Gobierno al desistir de su intento de reforma o Pacto Fiscal, pero hizo un cálculo equivocado al pretender llevar a puerto una iniciativa que a todas luces se veía inviable por razones objetivas y subjetivas/políticas.

Desde que se esbozó, fue rechazada por importantes sectores con sólidos argumentos políticos, económicos, sociales y hasta de simple sentido común, por su inviabilidad y poco sentido de pertinencia. Algunos sectores del Gobierno que la apoyaban e inexplicablemente aún la sueñan, insistieron en una intención que culminó en un inapelable y eventualmente costoso traspié para una administración que discurre en un entorno extrasocietal altamente desfavorable.

Nadie niega que el Gobierno necesita grandes recursos económico para poder acometer sus proyectos programáticos, centrados en la institucionalización y limitación de las grandes diferencias sociales y territoriales del país, agravadas por la pandemia.

Es innegable que, en gran medida, esas urgencias no pueden ser financiadas solo con préstamos y ayuda extranjera sino con mayores aportes de la población dominicana, para lo cual la carga fiscal es fundamental, obligando al recurso de iniciativas tendentes a establecer reformas y pactos fiscales.

Sin embargo, acometerla no siempre es fácil porque suelen ser traumáticas. Por consiguiente, impulsarlas con un voluntarismo enceguecedor que impide ver objetivamente la realidad y la fuerza con que se cuenta para hacerla, puede conducir a un irremediable suicidio político.

In extremis, parece que finalmente se impuso la sensatez y se echó hacia atrás una iniciativa que de llevarla a cabo hubiese provocado una inmanejable ola de protestas sociales y de confusión política.

No obstante, parece que hay sectores en el Gobierno que todavía no han entendido que no se puede hacer una reforma fiscal en medio de una pandemia, con un partido gobernante en crisis de identidad, con partidos opositores de exigua legitimidad y con vastos sectores de la sociedad civil, algunos propiciadores de esta nueva mayoría, que no están dispuestos a aceptar una disminución de sus ingresos y al mismo tiempo pagar más caro los servicios de salud, educación, suelo, vivienda, entre otros.

Además, sin señal alguna del Estado de que ofrecerá esos y otros servicios con calidad. Por el momento, no hay reforma ni Pacto Fiscal, pero queda la insuficiencia de recursos económicos para enfrentar las ancestrales pobreza y desigualdad/iniquidad social en esta sociedad.

El Gobierno hizo un cálculo equivocado con la reforma fiscal

Fue rechazada por importantes sectores desde que fue esbozada

Por ahora no hay reforma ni Pacto Fiscal, pero hace falta dinero

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