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Guerra con Irán acelera agotamiento de las reservas mundiales de petróleo y amenaza con una nueva crisis energética global

Berlín, Alemania, 30 mayo.– La prolongada interrupción del tránsito marítimo por el estratégico estrecho de Ormuz, provocada por la guerra con Irán, está empujando al mercado energético mundial hacia una situación cada vez más delicada, marcada por el rápido agotamiento de las reservas de petróleo acumuladas por las principales economías del planeta y el creciente temor a una nueva escalada de precios del crudo.

De acuerdo con un análisis publicado por la cadena alemana Deutsche Welle (DW), los inventarios estratégicos que durante los primeros meses del conflicto permitieron amortiguar el impacto de la crisis de suministro comienzan a mostrar señales de agotamiento, mientras expertos y organismos internacionales advierten que el mundo podría enfrentar una situación crítica si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga durante más tiempo.

La guerra ha alterado de manera significativa el flujo energético global debido a que el estrecho de Ormuz constituye una de las principales rutas marítimas para el transporte de petróleo y gas natural desde Medio Oriente hacia los mercados internacionales.

Su cierre ha obligado a gobiernos y empresas energéticas a buscar fuentes alternativas de suministro para compensar la interrupción de millones de barriles diarios que normalmente circulan por esa vía.

Según DW, los países más afectados por la situación son aquellos que dependen en gran medida del petróleo proveniente del Golfo Pérsico, particularmente las economías asiáticas, que han tenido que adoptar medidas de emergencia destinadas a reducir el consumo energético y garantizar la disponibilidad de combustible para sectores estratégicos.

Ante el deterioro de la situación, la Agencia Internacional de Energía (AIE) coordinó en marzo de 2026 una de las mayores liberaciones de reservas petroleras de emergencia de la historia reciente.

La operación permitió colocar en el mercado alrededor de 400 millones de barriles provenientes de los inventarios estratégicos de los países industrializados con el objetivo de estabilizar los precios y evitar una interrupción más severa del suministro.

La medida fue posible gracias a que, antes del estallido del conflicto, los mercados energéticos se encontraban en una situación relativamente favorable, con una oferta superior a la demanda y con niveles elevados de almacenamiento en varias economías desarrolladas.

Las mayores reservas petroleras del mundo se concentran actualmente en China, Estados Unidos y Japón.

Datos citados por DW y procedentes de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) indican que China contaba a finales de 2025 con aproximadamente 1,400 millones de barriles almacenados entre reservas estatales y comerciales.

Estados Unidos mantenía unos 413 millones de barriles en su Reserva Estratégica de Petróleo, además de otros 411 millones de barriles en inventarios comerciales.

Japón, por su parte, poseía cerca de 263 millones de barriles bajo control gubernamental, convirtiéndose en la tercera mayor reserva estratégica del planeta.

En Europa, los países miembros de la Unión Europea están obligados por legislación comunitaria a mantener inventarios equivalentes a por lo menos 90 días de importaciones netas o 61 días de consumo interno.

Los países europeos contribuyeron con aproximadamente el 20 % de los 400 millones de barriles liberados durante la operación coordinada por la AIE.

Entre los mayores aportantes figuran Alemania, que liberó 19.5 millones de barriles; Francia, con 14.6 millones; España, con 11.6 millones; e Italia, con 10 millones de barriles.

La India también recurrió a sus reservas estratégicas, estimadas en alrededor de 21 millones de barriles.

Asimismo, la flexibilización temporal de ciertas sanciones estadounidenses permitió que cargamentos de petróleo ruso almacenados en buques petroleros pudieran ser adquiridos por compradores asiáticos, contribuyendo temporalmente a aliviar la presión sobre el mercado internacional.

Sin embargo, según advierte DW, la efectividad de estas medidas comienza a reducirse a medida que las reservas continúan disminuyendo.

Casi tres meses después del inicio del conflicto, el tránsito petrolero por el estrecho de Ormuz sigue sin restablecerse plenamente, obligando a gobiernos y empresas a seguir recurriendo a sus inventarios estratégicos.

La Agencia Internacional de Energía informó que las reservas mundiales observadas registraron durante marzo y abril una reducción récord de aproximadamente 246 millones de barriles, reflejando la magnitud del desafío que enfrenta el sistema energético global.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, lanzó recientemente una advertencia que ha generado preocupación entre gobiernos y analistas.

Según explicó, las reservas de petróleo “no son infinitas” y están disminuyendo a una velocidad preocupante en todo el mundo.

Birol también señaló que incluso si el conflicto terminara en el corto plazo, la recuperación de la capacidad de producción, refinación y distribución previa a la guerra requerirá un período prolongado.

Las advertencias no proceden únicamente de organismos multilaterales.

El banco de inversión Goldman Sachs también alertó recientemente sobre la velocidad con la que están disminuyendo los inventarios globales de petróleo.

En la misma línea, Neil Shearing, economista jefe de Capital Economics, advirtió que si se mantiene el ritmo actual de reducción, las reservas comerciales podrían alcanzar niveles críticamente bajos antes de finalizar junio.

Según el especialista, una prolongación de la crisis podría provocar un aumento significativo de los precios internacionales del crudo, con consecuencias directas para consumidores, empresas y gobiernos.

El temor a una posible escasez de combustible se intensifica especialmente de cara al verano en el hemisferio norte, período en el que tradicionalmente aumenta la demanda energética debido al incremento de los desplazamientos terrestres y aéreos.

Antoine Halff, especialista energético y miembro del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia, explicó a DW que los efectos de la crisis no serán uniformes en todas las regiones.

De acuerdo con el experto, Asia seguirá siendo la región más vulnerable debido a su alta dependencia del petróleo procedente de Medio Oriente.

Asimismo, identificó al sector de la aviación como uno de los más expuestos al impacto de la escasez, debido a la creciente dificultad para garantizar el suministro de combustible para aeronaves.

No obstante, Halff subrayó que el aumento de los precios terminará afectando a prácticamente todos los mercados del mundo, incluso a países que cuentan con una importante producción nacional de petróleo, como Estados Unidos.

Los precios internacionales del crudo permanecen actualmente muy por encima de los niveles observados antes del conflicto.

Además, los mercados han mostrado una fuerte volatilidad en función de los acontecimientos geopolíticos. Cada señal que apunta a una posible solución diplomática provoca caídas temporales en las cotizaciones, mientras que cualquier indicio de una prolongación del cierre del estrecho de Ormuz genera nuevos aumentos en los precios.

Según el análisis de DW, el futuro inmediato del mercado energético dependerá en gran medida de la evolución del conflicto y de la capacidad de las principales potencias para restablecer el flujo normal de petróleo desde Medio Oriente.

Mientras tanto, las reservas estratégicas continúan desempeñando un papel crucial para evitar una crisis aún mayor, aunque los expertos advierten que ese margen de maniobra se reduce cada día más.

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