(In memoriam): Hoy perdimos todos!

ENMANUEL ESQUEA GUERRERO

José, tu muerte me llenó de espanto!

Sabía de tu en­fermedad y tu in­ternamiento, pero nunca esperé este desenla­ce.

En ese momento sentí to­da la injusticia de la vida.

Tú no merecías esta clase de despedida.

Tu vida talentosa y dedi­cada al estudio de las Cien­cia Sociales, junto a tu acti­vismo precoz, en favor de la Democracia y la Libertad, te hicieron acreedor de un re­conocimiento póstumo con coronas, flores y discursos que junto a un elocuente epitafio, quedara en la con­ciencia colectiva como el fu­neral de un triunfador.

Al conocer tu partida, vi­nieron a mi mente nuestros variados encuentros y los temas que nos servían de contento o preocupación.

Mi primer recuerdo fue el entierro de tu hija Larissa y las cartas públicas que le di­rigías en cada aniversario.

Luego vino a mi mente el momento en que nos cono­cimos por los años 1959-60, presentados por Carlos de la Cruz o Fernandito Sán­chez y nuestro encuentro de 1962 en la UASD, cuan­do tu iniciabas la Sociología y yo el Derecho.

Después, tu compromi­so político con la izquierda nos distanciaron y te fuiste a Rusia y yo a Francia.

Mas tarde, la vida nos impuso el reencuentro en la Campaña de Salvador y como en la UASD: tú en la estrategia política y yo en la táctica legal.

Y pasamos cuatro años en el Palacio tratando de hacer patria, pero la pa­tria -como dijo Duarte- “es ara no pedestal” y salimos apostrofados y persegui­dos.

Sin embargo, el día lle­ga aunque la noche no quiera y entonces, todo co­menzó a volver al nivel an­terior.

El país pudo seguir co­nociendo tu talento y tu gran erudición y pasaste a ser el mejor en predecir victorias y derrotas.

Y así transcurrió tu vida: contando votantes a favor o en contra o prediciendo el éxito o el fracaso de un candidato.

Pero, alguien dijo que “la vida no quiere ni deja que le tracen pautas” y es­ta vez, no hubo una excep­ción.

Tú que hiciste de tu vida un éxito anunciando triun­fos ajenos, nunca pensaste que un día, tú serías el protagonista del certa­men de la muerte donde tú saldrías perdedor.

Pero no solo tú José, hoy perdimos todos!

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