Jorge Lanata: La tecnología nos está forzando a deformar el periodismo (Video)

Buenos Aires, 13 nov (EFE).- Nació en Mar del Plata, como Astor Piazzolla y Nacha Guevara, y hace seis años se enteró de que era hijo adoptado. Se llama Jorge Lanata y es uno de los periodistas más influyentes, transgresores y sinceros de Argentina.

Lanata es sinónimo de precocidad. Hizo su primera entrevista a los 12 años, entró a trabajar en la radio cuanto tenía 14 y fundó el diario Página/12 a los 26. Ahora, consagrado como una referencia periodística en Argentina y en América Latina, analiza de manera crítica una profesión a la que “la tecnología está forzando a deformar”.

“No escribes porque quieres decir algo; escribes porque tienes algo que decir”. Lanata hace suyo el pensamiento de Scott Fitzgerald, y reflexiona acerca de la profesión que ejerce desde hace medio siglo.

“El nivel del periodismo actualmente no es bueno” y una de las razones es el abuso de Internet. “No puede ser que un logaritmo maneje los títulos”, comenta el reconocido periodista, aunque también admite que la red permite la universalidad del conocimiento. “Hoy estamos a un segundo de una biblioteca mundial”.

Fundador de un diario que se autodefinía como un medio de “contrainformación”, Lanata confiesa que no lee periódicos de papel desde hace cinco años y asegura que hoy en día “casi no existen” medios alternativos de información que expresen el pluralismo y fomenten el debate.

LA CRISIS DE LA POSVERDAD

“En todo el mundo estamos atravesando el problema de la posverdad, que es una cosa terrible. No importa el argumento que des. Las personas ratifican su pensamiento propio”. Es la famosa cámara de eco y la disonancia cognitiva. “Todo el mundo lee lo que ratifica su propia creencia. Hay una tendencia a la desaparición del pluralismo”, advierte.

Y considera que “el correlato político de la posverdad es la expansión del populismo”, una expresión política “que no es de derechas ni de izquierdas”.

Otra de las situaciones que pone contra las cuerdas el diálogo y la tolerancia es el discurso del odio que se esconde en el anonimato de las redes sociales.

“Es como una piedra en medio de la multitud. Yo creo que las redes tienen que perder el anonimato”, reflexiona.

Considerando que el periodismo de investigación es caro, porque requiere gente y tiempo para desarrollarlo, Lanata destaca que las fuentes creíbles todavía siguen estando en la prensa gráfica, y pone como ejemplo la revelación de los WikiLeaks, “que necesitó de los diarios para otorgar credibilidad a lo que estaba circulando”.

“El periodismo tiene que ver con la democracia. El periodismo militante no existe. Eso es publicidad, no periodismo”, sentencia.

Al hablar de la situación política en su país, Jorge Lanata echa en falta un auténtico diálogo que ponga fin al abismo “que hoy divide a la sociedad de una manera brutal” en dos bandos casi irreconciliables.

LOS DISCURSOS DE ODIO

“Yo no creo que haya discursos de odio político en Argentina, lo que hay es una grieta”, afirma el periodista, conocido por haber destapado varios escándalos de corrupción que han acabado sentando en el banquillo de los tribunales a la exmandataria y actual vicepresidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner.

“Cristina está haciendo todo lo posible por despegarse de este Gobierno, y es curioso porque ella misma lo creó (…), está más preocupada por la historia que por la política, y por eso está protagonizando gestos desesperados que muestran su falta de poder”.

Pero a pesar de la deriva política y la severa crisis económica, Lanata no cree que en Argentina haya riesgo de una crisis institucional que acabe haciendo inmanejable el país.

El Gobierno “tiene como único objetivo no devaluar (…), mientras tanto, la oposición está convencida de que ganará las elecciones presidenciales de 2023. Y cuando vos pensás que ganas seguro, empezás a equivocarte”, advierte.

Con un panorama monetario para el año que viene que raya la hiperinflación, el periodista se pregunta cómo es posible que haya tantos candidatos para los próximos comicios. “¿Con qué país se van a encontrar? Va a ser horrible. Uno se pregunta ¿para qué quieren ser presidente?”.

Mientras Vladímir Putin flirtea con el botón nuclear y los gobiernos se muestran paralizados ante la emergencia climática, el panorama a nivel mundial le parece muy poco halagüeño.

“Éste es uno de los peores momentos de la historia desde la Segunda Guerra Mundial. Hay una tendencia en muchos lugares hacia el populismo extremo”. Además, “hoy las empresas son más importantes que los países”, se queja el periodista argentino, quien echa en falta “leyes mundiales que todos respeten, porque las que hoy existen -dice- no se aplican”.

Lanata se define como un liberal de izquierdas: “soy liberal porque creo en el individuo por encima del Estado, y soy de izquierdas porque miro alrededor. ¿Qué voy a ser? ¿Conservador? No tiene ningún sentido”, confiesa.

Recuerda con cariño su época de director de Página/12. “Cuando uno es chico, patea las puertas y tiene una falta de respeto constante hacia todo (…), fuimos portada de Time y de Libération. Yo tenía 26 años, era una locura”, comenta. “Finalmente, Página/12 terminó siendo un diario oficial, una gran contradicción”, a su entender.

Pero marcharse del que fue uno de los diarios independientes más emblemáticos de América Latina le sirvió para retornar a la radio y hacer carrera en la televisión argentina, donde durante once años ha mantenido en antena el emblemático programa “Periodismo para Todos”.

«La televisión tiene mucho que ver con el poder. La radio en cambio tiene que ver con el alma. La radio es increíble, y de hecho no ha desaparecido: lo que hoy llaman pódcast es la radio de los años cuarenta”.

Cansado de los “corrillos políticos”, Lanata ha decidido emprender una nueva etapa de su carrera profesional, enfocada esta vez a la realización de documentales que abordan temas sociales y dos series televisivas, en Nat Geo y Disney.

“Yo vengo de un barrio pobre de Avellaneda. A mí el periodismo me ha permitido hacer cosas que yo jamás hubiera soñado”, resume con emoción.

Por Manuel Fuentes

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