La candidatura del PRM a 38 meses de los comicios

Felipe Ciprián

En un país donde muy pocos dirigentes políticos tienen respeto por la institucionalidad y el cumplimiento de las leyes, no es de sorprenderse de que las campañas presidenciales sean permanentes.

El fenómeno no es único de República Dominicana, donde hace tan solo siete meses que Luis Abinader se juramentó para un segundo período de gobierno y más de una docena de dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM) activan sus aspiraciones para las elecciones de 2028.

Aunque el grado de institucionalidad es muy superior, algo similar sucede en Estados Unidos, donde dos meses después de su juramentación, Donald Trump sostiene una campaña mediática informando que buscará una reelección de la que está constitucionalmente impedido.

Es cierto que los opositores al gobierno de Abinader no están de brazos cruzados y promueven sus aspiraciones presidenciales desde el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y la Fuerza del Pueblo (FP), pero la diferencia es que los “presidenciables” del PRM son todos funcionarios y no pueden dedicar sus energías al activismo electoral descuidando sus responsabilidades en el Estado.

Si lo hacen, detrás de ellos irán sus beneficiarios directos en un sistema clientelar, pero no podrán evitar que el resto de la sociedad, que espera servicios de calidad para acreditar liderazgos, advierta que esa no es su prioridad.

La competencia en el PRM

Resulta innegable que al interior del PRM hay ya una batalla iniciada por la candidatura presidencial.

Todo comenzó con la reunión que convocó y encabezó Abinader el 23 de mayo de 2024, pocos días después de conseguir la reelección, a la que asistieron quienes se consideran a sí mismos potenciales candidatos presidenciales del PRM para 2028.

Abinader quiso darle plena seguridad a sus compañeros de que a pesar de la cualificada mayoría lograda en el Congreso Nacional por su partido, ellos podían aspirar porque él no haría lo que otros presidentes hicieron: modificar la Constitución para habilitarse para una nueva reelección.

Hizo más: modificó la Constitución para un par de temas, entre ellos, colocar un artículo que dispone que un presidente en ejercicio no puede hacer cambiar la Ley Suprema para habilitar la reelección por más de un período.

Ellos y ella acudieron raudos y de allí salieron convencidos –cada uno por su lado– de que su oportunidad presidencial estaba a la vista.

Y ahí comenzó un proselitismo a destiempo que no ha parado, con participación desigual, pero sin que se trate de un proceso interno movido por los fueros institucionales del PRM y mucho menos por la ley electoral.

En esas condiciones, hay dos tendencias claras en la competencia interna de los presidenciables perremeístas: una (Carolina Mejía) y uno (David Collado) están tratando de presentarse como los elegidos ya.

Otros, como Wellington Arnaud, Guido Gómez Mazara y Eduardo Sanz Lovatón se han ido por el camino de presentar sus credenciales presidenciales a partir de su ejercicio eficiente como funcionarios públicos.

El pasado 27 de febrero, durante la reunión conjunta de las cámaras legislativas para escuchar el mensaje del Presidente y la entrega de las memorias de las ejecutorias de 2024, Carolina trató de demostrar fuerza poniendo tras de ella a un grupo de diputados del PRM.

Su objetivo se nota claro: busca presentar fuerza legislativa, lo que unido a su condición de hija del expresidente Hipólito Mejía, debía colocarla –según ella- como la elegible como la cabeza de la boleta presidencial del PRM en 2028.

David se ha ido claramente por el sendero de presentarse como el hombre que encabeza las encuestas a 38 meses de distancia de las elecciones y con una retaguardia forrada de dinero –y buscando más– en la faltriquera de una familia súper rica y con unas ganas desmedidas de poner a otro de los suyos en la Presidencia de la República.

El choque entre David y Carolina es inevitable y constituye la mayor amenaza a la unidad del PRM, sin la que resultaría casi imposible que retenga el poder en las próximas elecciones.

¿Quién será el candidato?

A la distancia de las elecciones, creo que tres factores principales influirán en la selección del candidato presidencial del PRM: la inclinación de Abinader –directa o indirectamente– a favor de uno de ellos, el éxito demostrado como funcionario dando servicios masivos de calidad y el arraigo histórico en las luchas democráticas.

Si es así, la candidatura perremeísta debe salir de la competencia entre Arnaud, Sanz Lovatón y Gómez Mazara.

De ellos, al único que he tratado con cercanía es a Gómez Mazara, algunas veces a Sanz Lovatón y nunca he conversado con Arnaud.

Los tres tienen antecedentes de lucha revolucionaria, sacrificios de sus familias por la libertad y la democracia: Maximiliano Gómez, Máximo Lovatón Pittaluga y Winston Arnaud.

Si el candidato se va a decidir, como yo lo creo, por la calidad de su servicio público, la honradez y el respeto a los plazos legales para salir a la campaña, uno de ellos va a ganar, sin duda.

Estando Gómez Mazara en Indotel y Sanz Lovatón en Aduanas, ambos tienen que buscar factores políticos para enfrentarse a Arnaud, quien desde Inapa, anda recorriendo todo el país colocando agua en las casas de las familias que carecen de ella y valoran ese servicio.

Esa es la ventaja de Arnaud: es un funcionario con vinculación directa para dar soluciones a familias carenciadas en todo el país, con proyectos exitosos que cambian la condición de las personas.

Gómez Mazara y Sanz Lovatón llevan soluciones, pero a empresarios y, en menor medida a clase media que decide sus simpatías no por agradecimiento oficial, sino por expectativas a futuro.

Trabajando discretamente en los acueductos de todo el país y con el apoyo de Abinader, Arnaud puede ganar cómodamente la candidatura presidencial del PRM.

Sin entrar en guerra de encuestas en las que nadie cree ni exhibir apoyos de papás que ya no movilizan multitudes a las urnas.

Listín Diario

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