La Cumbre por la ‘Democracia’

Manolo Pichardo

La proclama “¡Estados Unidos ha vuelto!” hecha por Biden a pocos días de convertirse en mandatario estadounidense comenzó con un acercamiento a la OTAN y sus aliados europeos; con discursos igual de duros que los de su predecesor respecto a China y Rusia, quizás con la idea de construir una ofensiva diplomática que instalara en el imaginario global la percepción de que su país aún está en control como fuerza hegemónicas, sin darse cuenta que sus cañones diplomáticos carecen de las municiones financieras, de mercados y económicas que se distribuyen en una acentuada multipolaridad que debe conducir a un mundo de intereses comunes que cambia a ritmo de parpadeos, dejando una estela de perdedores y un horizonte abierto para los que puedan asirse de las herramientas de última generación que la innovación pone en manos de los visionarios capaces de interpretar las transformaciones que se producen en sociedades que mutan.

La estrategia de reconciliación con sus tradicionales aliados maltrechas con las filtraciones de WikiLeaks, los roces derivados del “impuesto google”, los bloqueos al proyecto “Nord Stream 2” y otros desencuentros diplomáticos, comerciales, financieros y geoestratégicos, como el papel y presupuesto de la OTAN, sufrieron, en medio de la incertidumbre y desconcierto, nuevos desencuentros al procurar nuevas alianzas diseñadas ante nuevos desafíos geopolíticos, expresados , por ejemplo, en la decisión China de resguardar su integridad territorial, lo que le condujo a la alianza estratégica del EUKUS que reabrió las frescas heridas con Europa, y sobre todo con Francia, que no solo había enfrentado a EE.UU. en cuestiones comerciales en defensa de sus agricultores, en asunto relativos de las empresas tecnológicas, en su discurso de crear en Europa unas fuerzas armadas propias y la definición de una diplomacia independiente de la estadounidense.

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