La llamada de Puerto Príncipe

Fred Brutus

Haití y República Dominicana están compelidos a vivir, cada cual en su territorio, en un clima de paz, buena vecindad y armoniosa relación.

Hoy eso no es posible porque los haitianos tenemos un atraso grande con relación al progreso económico, social e institucional de que disfrutan los dominicanos.

Pero esa diferencia carcome el progreso de los dominicanos y prolonga la agonía de los haitianos.

Necesitamos ideas y acciones para recuperar la democracia en Haití, poner su población a estudiar, trabajar y mejorar sus condiciones de vida, lo que automáticamente significará la reducción de la migración a República Dominicana.

“El pueblo haitiano es un poco más pobre, y debido a esa circunstancia, luchando con el hambre, que es algo más serio de lo que puede imaginarse quien no la haya padecido en sí, en sus hijos y en sus antepasados, procura burlar la vigilancia dominicana y cruza la frontera; si el caso fuera al revés, sería el dominicano el que emigraría ilegalmente a Haití”, expresó el profesor Juan Bosch en el año 1943.

En una carta fechada en La Habana, Cuba, el 14 de junio de 1943, entregada a los intelectuales y amigos suyos Emilio Rodríguez Demorizi, Ramón Marrero Aristy y Héctor Incháustegui Cabral, Bosch afirma que “el haitiano es, pues, más digno de compasión que el dominicano; en orden de su miseria merece más que luchemos por él, que tratemos de sacarlo de su condición de bestia. Ninguno de ustedes sería capaz de pegar con el pie a quien llegara a sus puertas en busca de abrigo o de pan: y si no lo hacen como hombres, no pueden hacerlo como ciudadanos”.

No se trata de una habilidad especial del haitiano por migrar. Es un fenómeno global porque ningún ser humano se repliega a una cueva a morirse de hambre si puede procurar alimentos en otro lugar aunque tenga que pasar frontera o aventurarse en el mar.

Para desgracia del mundo, el tráfico ilegal de personas cuenta con organizaciones criminales muy bien arraigadas en todas partes, integradas por bandidos originales y por funcionarios y oficiales que traicionan su deber para participar en este negocio cruel, pero muy rentable.

Para Bosch, “el haitiano es, pues, más digno de compasión que el dominicano en relación con su miseria, por lo que merece que luchemos por él, que tratemos de sacarlo de su condición de bestia”.

El 1 de noviembre de 2001 falleció el expresidente Bosch y sus discípulos nunca deben olvidar ni obviar su línea de pensamiento trazada para la historia sobre las relaciones haitiano-dominicanas.

Bosch tuvo muy claro el concierto entre las clases dominantes haitianas y dominicanas, pues “engañan a ambos a los pueblos con el espejismo de un nacionalismo intransigente que no es amor a la propia tierra sino odio a la extraña, y sobre todo, apetencia del poder total”.

Por eso, como presidente en el año 1963, siempre mantuvo una actitud de condena al régimen de François Duvalier, no contra el pueblo haitiano.

Los haitianos tenemos un pensamiento positivo de este gran dominicano porque en numerosas ocasiones él favoreció un acercamiento con los haitianos. No porque él estuviese motivado por una gran humanidad, sino que como líder político Bosch se dio cuenta de la importancia de sostener buenas relaciones entre Haití y República Dominicana.

Esas buenas relaciones entre los dos países pueden favorecer el desarrollo, el progreso de los dos pueblos, porque ambos vivimos en la misma isla y es necesario entender que el progreso económico-social, en todos los factores, debe ser total, no forzosamente al mismo nivel, pero somos una ecuación en la que una parte tiene influencia sobre la otra.

Si uno de los dos pueblos tiene progreso económico, social, institucional, mientras el otro se estanca, la migración será una consecuencia natural y los viajes ilegales siempre encontrarán traficantes de personas para hacerlos cruzar la frontera.

Si los dirigentes de los dos países no entienden esto, sería lamentable, porque el desarrollo de un país en la Isla de Santo Domingo y la gran miseria del otro, puede provocar choques invisibles, increíbles y fatales.

Por eso evocamos hoy a Bosch, quien entendió este dilema muy bien, pues el líder político habló de manera clara de la importancia de mantener buenas relaciones entre los dos países.

Sabemos que además de los problemas que hoy existen entre los dos países, nunca un dominicano que viva en Haití, va a tener problemas.

La inseguridad y el riesgo que corre un dominicano en cualquier ciudad de Haití hoy, es la misma que corre un haitiano en su propio territorio.

A los haitianos les caen muy bien los dominicanos y diariamente los haitianos dan amistad, amor y colaboración a todos los dominicanos.

Cualquier dominicano es siempre bienvenido a Haití. Eso es lo que necesitamos en ambos lados de la frontera para facilitar un mejoramiento del nivel económico de los dos países.

Hoy República Dominicana tiene un desarrollo superior a 30 años con relación a Haití. Esa diferencia es peligrosa porque obstaculiza las buenas relaciones entre los dos países.

Muy claro lo afirmó Bosch en su carta al escribir: “Nuestro deber es, ahora, luchar por la libertad de nuestro pueblo y luchar por la libertad del pueblo haitiano. Cuando de aquel y de este lado de la frontera, los hombres tengan casa, libros, medicinas, ropa, alimentos en abundancia; cuando seamos todos, haitianos y dominicanos, ricos, cultos y sanos, no habrá pugnas entre los hijos de Duarte y de Toussaint”.

Hoy más que nunca Haití y República Dominicana necesitan muchos Juan Bosch.

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