La prensa y la paradoja de la libertad

Edgar Lantigua

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Girando sobre sus ejes, el mundo repite una y otra vez sus más absurdas paradojas, su permanente discurrir entre lo sublime y lo ridículo, entre la razón y la sinrazón, entre el avance y el retroceso, como ahora en plena época digital con la libertad de prensa.

La gran paradoja es que ahora que el mundo parece haber entrado en la etapa de la más plena libertad con la proliferación de redes y medios sociales, en los que cada uno tiene su propio megáfono para amplificar sus opiniones, el autoritarismo de nuevo cuño saca colmillos contra el ejercicio de la prensa libre.

Como ha advertido la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, la situación de la prensa en el hemisferio no ha hecho mas que agravarse en los últimos meses con el asesinato de 13 periodistas en los 3 primeros meses del año, ocho de ellos en México, un panorama definido con acierto por el Listín como “Días negros para la prensa”, en su editorial del martes.

Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura por su alucinante labor como novelista, se pasó la vida destacando su vocación de periodista, labor que definió como el mejor oficio del mundo y de la que dijo; “el periodismo es una pasión insaciable, que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”.

Y es esa realidad la que hoy, le da un portazo en la cara al periodismo, cuando en América parecía superada la época de las dictaduras militares, que asesinaron a mansalva a decenas de periodistas en la mayoría de los países de la región, regímenes autoritarios que alcanzan la edad de adultos mayores como el de Cuba, o autoritarismos más recientes como los de Nicaragua y Venezuela y regímenes democráticos, como México y El Salvador, donde los resortes de las libertades públicas amenazan con hacer sucumbir el derecho a informar con toda clase de subterfugios.

Ahora procuran garantizar, según ellos, la información veraz, evitar la difusión de noticias falsas, para lo cual no paran mientes en apresar, exilar y matar a los periodistas que ejercen su función con responsabilidad.

Ahora que desde un computador un periodista puede ejercer su libertad, sin ni siquiera estar sujeto al criterio de sus editores en un medio grande, se multiplican exponencialmente los riesgos para esa libertad, cuando afecta las estructuras del poder político, militar, o a mafias y carteles y “para colmo de males”, tiene que enfrentar el periodismo a jaurías y bots que en las redes procuran silenciar, con todo tipo de descalificaciones, a quien ose decir cualquier cosa contra las figuras o gobiernos que defienden.

Los periodistas tenemos pues, el deber de asumir con vehemencia la defensa del derecho a informar, asidos de la expresión de Voltaire “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”, porque de lo que se trata no es del atentado contra la prensa en un régimen de derecha o de izquierda sino de enfrentar cualquier intento de disminuir esa libertad fundamental.

La hora nos llama a defender esa libertad que tanto ha costado.

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