La próxima llamada de Trump
Nelson Encarnación
Durante su ejercicio como presidente de los Estados Unidos, tanto en su anterior mandato como en el mes y pico de la nueva legislatura, Donald Trump ha evidenciado un comportamiento que a ratos se presenta como predecible, como de repente es lo contrario. En el marco de lo predecible que es su personalidad, en materia migratoria todos sabemos que su política se fundamenta en una cuasi animadversión hacia los inmigrantes, un talante que de entrada pudiera entenderse que se aviene con los intereses y las posturas de conservadores y ultras, para quienes los foráneos representan una amenaza para la supervivencia de su nación, sin importar que sus aportes sean superiores a los aspectos negativos.
Con esa política tan agresiva de combatir la inmigración, el mandatario procura mantener contenta a su base electoral, pensando en la posibilidad de que se pueda jalar de las greñas una interpretación bizarra de la enmienda constitucional, conforme a la cual “ninguna persona podrá servir más de dos términos como presidente de los Estados Unidos”, para que se pretenda que esos mandatos son consecutivos.
El otro comportamiento dual que suele proyectar el presidente Trump, se refiere a la política exterior, en la cual a veces mantiene dos posturas sobre una misma cuestión.
Y es aquí donde al inquilino de la Casa Blanca se le debe juzgar por lo que hace, no porque lo que dice ni alardea, debido a que, al final, lo que realmente pesa es lo último.
En este sentido, en su anterior mandato mantuvo en principio un lenguaje incendiario frente a Corea del Norte, pero en el momento menos esperado anunció un encuentro con el líder de ese país, con quien mantuvo, no una, sino tres conversaciones directas.
De modo que, nadie se sorprenda si cualquier día la Casa Blanca anuncia que Trump ha mantenido una conversación telefónica con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en el entendido de que solo este tiene la capacidad de garantizarle a los Estados Unidos el acceso a recursos naturales que el país necesita.
No se sebe olvidar que siempre Estados Unidos enarboló el concepto de que esa nación no tiene amigos ni enemigos, sino intereses, razón por la cual, llegado el momento crucial, no es con la oposición dispersa y sin rumbo con la que Washington negociará. Está bien claro el cuadro.