León XIV culmina en Barcelona una histórica visita marcada por mensajes de inclusión, esperanza y diálogo social
Barcelona, 10 junio.– El papa León XIV concluyó este miércoles una intensa visita de dos días a Cataluña con una multitudinaria celebración en la Basílica de la Sagrada Familia, donde inauguró y bendijo la Torre de Jesús, considerado uno de los momentos más simbólicos de su primer viaje apostólico a España desde su elección como pontífice.
Miles de fieles acompañaron al Santo Padre durante su recorrido final por las calles de Barcelona. A bordo del papamóvil, León XIV recorrió poco más de un kilómetro por la calle Rosselló, desde el Paseo de Gràcia hasta la Sagrada Familia, donde fue recibido con aplausos, cánticos y muestras de afecto por una multitud congregada a lo largo del trayecto.
La llegada del pontífice al emblemático templo diseñado por Antoni Gaudí puso el broche de oro a una agenda que combinó actividades religiosas, encuentros sociales y mensajes dirigidos a diversos sectores de la sociedad.

La segunda jornada de la visita comenzó con un marcado carácter social. Durante la mañana, León XIV se trasladó al centro penitenciario Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires, donde se reunió con alrededor de 80 internos y les dirigió un mensaje centrado en la esperanza y la posibilidad de reconstruir la vida.
“En nuestra vida, el pasado no condena el futuro”, expresó el pontífice ante los reclusos, a quienes recordó que los errores cometidos no determinan la identidad de una persona y que siempre existe la posibilidad de un nuevo comienzo.
Posteriormente, el Papa viajó en helicóptero hasta la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, uno de los lugares más emblemáticos de Cataluña y centro espiritual de gran relevancia para la comunidad católica.
Durante su visita al monasterio, León XIV encomendó su pontificado a la Virgen de Montserrat, conocida popularmente como “La Moreneta”, y aprovechó para hacer un llamado al respeto y al diálogo en la vida pública.
“Debemos cultivar el amor en el debate político y en las redes sociales”, manifestó durante su intervención, pronunciada parcialmente en catalán, en la que también pidió justicia y paz para un mundo marcado por conflictos y divisiones.

Desde el balcón de la abadía, ante miles de fieles congregados en el recinto, el pontífice agradeció además a Cataluña por su tradición de acogida y por la integración de personas procedentes de diferentes países.
“Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países y por la forma de integrarlas a todas en una única familia”, expresó.
La visita continuó durante la tarde en la iglesia de San Agustín, ubicada en el barrio barcelonés de El Raval, una de las zonas con mayores desafíos sociales de la ciudad debido a los altos niveles de pobreza y la importante presencia de población inmigrante.
Allí, el Papa, miembro de la orden de los agustinos, conoció de primera mano la labor social desarrollada por la parroquia y diversas organizaciones comunitarias.
En un encuentro especialmente cercano, respondió a las preguntas de varios niños y jóvenes. Al ser consultado sobre el fútbol, a pocas horas del inicio del Mundial, señaló que este deporte ofrece importantes enseñanzas para la convivencia humana.
“El fútbol nos recuerda que la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos”, afirmó.

La jornada concluyó con el esperado recorrido en papamóvil hacia la Sagrada Familia, donde cientos de personas habían aguardado durante horas para presenciar la llegada del pontífice.
La víspera, León XIV protagonizó el acto más multitudinario de su visita al encabezar una vigilia de oración en el Estadio Olímpico Lluís Companys, donde unas 40,000 personas participaron en una jornada de reflexión y encuentro con los jóvenes.
Durante ese evento, el Papa abordó temas de gran sensibilidad social. Entre ellos, denunció la violencia contra las mujeres y llamó a enfrentar la realidad de los feminicidios, calificándola como una situación dramática que requiere una respuesta colectiva.
Asimismo, defendió la necesidad de fortalecer la atención a la salud mental, especialmente entre los jóvenes, y advirtió sobre los efectos de una cultura marcada por “la idolatría del beneficio y del rendimiento” y el excesivo culto a la imagen personal.
En su homilía final de la vigilia, pidió que España continúe siendo “un espacio acogedor para todos”, donde cada persona sea respetada en su dignidad y valorada por lo que es.

Durante las más de 24 horas que permaneció en Barcelona, el pontífice bendijo a más de un centenar de niños y bebés, una imagen que se repitió constantemente durante sus desplazamientos y que se convirtió en una de las estampas más emotivas de la visita.
La presencia de León XIV movilizó a decenas de miles de personas, congregadas en plazas, templos, calles y centros religiosos, en un viaje que combinó espiritualidad, cercanía pastoral y mensajes centrados en la inclusión, la reconciliación, la solidaridad y el compromiso social. EFE
