Opinión

Lo que cosecharía Trump en Cuba

Felipe Ciprián

Las últimas acciones de Estados Unidos indican que el gobierno de Donald Trump tiene decidido “derrocar” al liderazgo cubano con la intención de revertir la revolución que triunfó en 1959 luego de desplomar la dictadura de Fulgencio Batista.

Treinta años después del incidente en el que aviones de combate derribaron varias avionetas que incursionaban frecuentemente en los cielos de Cuba desafiando a las autoridades, el Departamento de Justicia abre una acusación contra el expresidente Raúl Castro, a la vez que mueve un portaviones a la Cuenca del Caribe.

Cuando Estados Unidos y Cuba restablecieron relaciones diplomáticas en julio de 2015, el presidente norteamericano era Barack Obama, y el cubano, Raúl Castro.

Ese momento significó una gran esperanza para los cubanos –tanto en la isla como fuera de ella- puesto que prometía avanzar en unas relaciones de confianza entre dos gobiernos y pueblos vecinos que nunca han podido vivir de espaldas el uno del otro.

Esa esperanza cobró mayor vigor cuando el presidente Obama viajó a La Habana el 21 de marzo de 2016 y su alegría al encontrarse con las autoridades y el pueblo cubano fueron elocuentemente manifiestos.

En un mensaje enviado a la lista de correos del personal de la Casa Blanca, Obama escribió: “¡Hola desde Cuba! Michelle, las niñas y yo estamos aquí en La Habana en nuestro primer día completo en Cuba. Los cubanos nos han recibido en las calles, y es un honor ser el primer presidente de Estados Unidos en casi 90 años en visitar un país y un pueblo a tan solo 90 millas de nuestras costas”.

Tras reconocer que la Guerra Fría distanció a los líderes cubanos y norteamericanos, y “la desconfianza entre nuestros gobiernos provocó un profundo dolor a nuestros dos pueblos”, Obama dijo entonces que “he venido a La Habana para tender la mano de la amistad al pueblo cubano. Estoy aquí para enterrar el último vestigio de la Guerra Fría en América y para forjar una nueva era de entendimiento que contribuya a mejorar la vida cotidiana del pueblo cubano”.

Lo que siguió al restablecimiento de relaciones diplomáticas fue un moderado dinamismo en los negocios y las inversiones de empresas estadounidenses en Cuba.

Dos años después, empresas estadounidenses como Google, AT&T y el béisbol de Grandes Ligas, aerolíneas y de turismo firmaron acuerdos de negocios e intercambio.

Ese fue el camino correcto, abordar desde la diplomacia y el respeto a la soberanía, las diferencias políticas e ideológicas entre los gobiernos cubano y norteamericano.

Primer gobierno de Trump

En noviembre de 2016, postulado por el Partido Republicano, Trump derrotó en las urnas a la exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, y al asumir el poder en enero de 2017, comenzó a impulsar una agenda conservadora que incluyó políticas antiinmigración, antiaborto, confrontación con la prensa, entre otras.

Cinco meses después de jurar como el 45avo. presidente de Estados Unidos, Trump revirtió la distención y los acuerdos que había pactado Obama con Raúl Castro, recrudeció el bloqueo comercial, prohibió los viajes turísticos a Cuba y las transacciones financieras con empresas cubanas.

Era el retroceso hacia una nueva etapa de confrontación entre los dos gobiernos.

A lo largo de su primer período de gobierno, Trump reforzó el bloqueo con sucesivas medidas que se impusieron cada año, incluso en plena pandemia de Covid-19, donde no se flexibilizó ni siquiera para la entrada de vacunas, ventiladores o medicamentos para afrontar la emergencia mundial.

Luego de perder la reelección en noviembre de 2020 frente al demócrata Joe Biden, el presidente Trump –diez días antes de entregar el gobierno- colocó a Cuba en la lista de “países patrocinadores del terrorismo”.

Bajo el gobierno de Biden, el bloqueo económico, comercial y financiero se mantuvo –a pesar del Covid-19-, pero al final de su gestión en 2024, eliminó a Cuba de la lista de países “patrocinadores del terrorismo”.

Con la vuelta al poder de Trump en enero de 2025, una de las primeras acciones ejecutivas fue colocar de nuevo a Cuba como país “patrocinador del terrorismo”, aunque en ninguno de los casos se presentaron evidencias documentales ni hechos que avalaran esas imputaciones.

Por el contrario, desde el año 1992, la Asamblea General de Naciones Unidas ha votado por inmensa mayoría, resoluciones que piden la eliminación del bloqueo estadounidense contra Cuba.

Amenazas militares

Desde la adopción de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidas, divulgada en noviembre de 2025, el gobierno de Trump habla abiertamente de tomar Cuba, derrocar a sus líderes y abrir el país a los negocios y a una “democracia” distinta a la que han vivido los cubanos.

Tras la experiencia de asediar al gobierno de Venezuela con un despliegue militar sin precedentes en el Caribe durante cinco meses, el gobierno de Trump logró minar la moral de una parte importante del liderazgo de ese país, civiles y militares, las tropas volaron a Caracas y se llevaron al presidente Nicolás Maduro a Nueva York, inicialmente formateado como líder del narcotráfico y luego para cambiar el régimen.

Ahora la pieza que ambiciona Trump es Cuba, siguiendo el mismo formato: impide la llegada de petróleo a la isla, acusa a Raúl Castro de asesinato de norteamericanos y conmina al gobierno cubano a provocar cambios políticos y económicos.

Mientras esas medidas asfixian a millones de cubanos, el portaviones “Nimitz” llegó al Caribe.

Al comentar la llegada del navío de guerra, ante preguntas de periodistas en la Casa Blanca, Trump dijo que no vino para amenazar a Cuba: «No, para nada. Cuba mira, es un país fallido. Todo el mundo sabe que no tienen electricidad. No tienen dinero, no tienen realmente nada».

Después de los dos ataques israelí-estadounidenses a Irán en medio de negociaciones diplomáticas, difícilmente los dirigentes cubanos van a bajar la vigilancia y la preparación para un eventual golpe militar contra la isla.

Si la fuerza militar norteamericana ataca Cuba, debe esperar dos situaciones: una resistencia armada a todo lo largo de la mayor de las Antillas que puede convertirse en un pantano de años, y cientos de miles –si no millones- de personas escapando hacia la Florida y naciones del Caribe buscando refugio.

Una guerra interminable y un éxodo masivo de refugiados –en momentos del comienzo de una crisis económica mundial por las guerras en Ucrania y Asia Occidental- es lo menos que necesita ahora Estados Unidos y peor aun, la Cuenca del Caribe.

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