Los comicios de Ecuador, prueba de fuego del partido de expresidente Correa para volver al poder

QUITO 3 oct.  — Los comicios de octubre en Ecuador suponen una nueva prueba de fuego para el movimiento Revolución Ciudadana, del expresidente Rafael Correa, en su intento de recuperar poder con una candidata afín, tras el fin de su mandato en 2017 al que le sobrevino una condena de cárcel de ocho años por corrupción que impide volver al país.

El partido del exmandatario, quien gobernó Ecuador durante una década (2007-2017), solo ha perdido una elección en los últimos 16 años y apostó para el nuevo llamado a las urnas por Luisa González, una abogada de 45 años que ocupó varios cargos en el gobierno de Correa —aunque nunca estuvo en primera línea de la política— y que corre en las presidenciales apadrinada por él. Se enfrenta al derechista Daniel Noboa, un empresario de 35 años.

González aseguró en campaña electoral que si llega a gobernar contará con el expresidente como asesor.

En las anteriores elecciones, Correa también delegó en un rostro desconocido, el entonces candidato Andrés Arauz, que perdió la pugna presidencial contra el conservador Guillermo Lasso y ahora va como aspirante a vicepresidente.

El exmandatario no puede presentarse porque una consulta popular cerró las puertas a la reelección tras dos mandatos, promovida por quien fuera su sucesor y vicepresidente, Lenín Moreno, después de una ruptura política entre ambos líderes. También porque contra Correa pesa una condena de ocho años de cárcel por sobornos que le impide volver a Ecuador a riesgo de enfrentar a la justicia.

Desde que terminó su mandato, estableció su residencia oficial en Bélgica, país de origen de su esposa.

Pese a ello, el expresidente se ha mantenido activo en la política ecuatoriana con habituales pronunciamientos a través de las redes sociales y algunas entrevistas en medios, en las que ha mencionado la intención, en caso de que la Revolución Ciudadana recupere la presidencia, de convocar una Asamblea Constituyente para revertir la prohibición a la reelección del referéndum de 2018, lo que le abriría las puertas a una eventual postulación.

La segunda vuelta electoral de octubre llega, además, con el precedente de las pasadas elecciones provinciales y municipales de febrero, en las que los candidatos de la Revolución Ciudadana conquistaron plazas que se les habían resistido incluso en sus momentos de mayor respaldo popular, como la Alcaldía de Guayaquil. También conquistó Quito, la capital, y otras 48 ciudades de un total de 221 municipalidades. Y puso máxima autoridad —prefecto— en nueve de 24 provincias.

El correísmo, como se conoce popularmente al movimiento político afín a Correa independientemente de las siglas que lleve, tiene un “estructura organizativa gigantesca y dinero sin límite, cosa que no pasa con ningún movimiento o partido de Ecuador, eso explica los triunfos en esas elecciones”, explicó a The Associated Press, el analista y catedrático de la universidad de las Américas, Alejandro Zabala.

La Revolución Ciudadana nació poco antes del 2007, cuando el entonces desconocido economista Rafael Correa irrumpió en la política ecuatoriana con la propuesta de demoler la estructura partidista y de poder en este país. Ese año ganó las elecciones presidenciales y repitió triunfos en los comicios presidenciales del 2009 —tras convocar una Asamblea Constituyente de la que nació una nueva Constitución— y de 2013.

Las próximas elecciones “son una prueba poderosa, porque mientras más pasa el tiempo su líder y caudillo (Correa) va quedando más en el recuerdo”, apuntó el analista, quien cree que pueden verse debilitados progresivamente cuanto más tiempo pasa sin que pueda regresar a Ecuador.

En contraste, Zabala considera que la Revolución Ciudadana ha propuesto en las dos recientes elecciones presidenciales de 2021 —Andrés Arauz, que quedó fuera en segunda vuelta— y de 2023 —Luisa González que está en segunda vuelta y, según las encuestas, en desventaja— a candidatos que “no destacan ni en lo intelectual, ni con carisma, sino que son los más leales al caudillo”. Por eso, apunta, es vital la presencia de Correa.

La única elección que ha perdido la Revolución Ciudadana fue la del 2021, cuando el ex banquero de derecha, Guillermo Lasso, arrebató el poder a los correístas en un clima de polarización social, entre los votantes fieles al movimiento y los de claro rechazo a sus gobierno.

“El efecto anti Correa aún es muy importante en Ecuador”, destacó Zabala. Y eso se replica en el próximo llamado a las urnas, con una población que debe decidir entre una candidata afín al exmandatario y uno de oposición. Según el analista, el correísmo “logra aglutinar en su contra a la mayoría de movimientos y partidos”.

AP

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