Luis Abinader Corona: un presidente comprometido, comedido y competente

Por CÁNDIDO GERÓN

Un gobernante es la brújula de una nación, máxime cuando gobierna sin pasiones y arbitrariedades. Apreciación que es percibida por aquellos que tienen sentido de la historia y de los valores éticos.

Está demostrado que las apuestas del presidente Luis Abinader Corona contienen una simbología explícita que explica, en efecto, una particular relevancia al contribuir articular una filosofía del poder tomando en cuenta las expectativas que formula y hace realidad día a día.

Por esa razón Luis Abinader Corona, es la expresión auténtica del pueblo dominicano porque a pesar del drama que vivimos como consecuencias de situaciones heredadas del pasado reciente, ha demostrado capacidad y voluntad política para hacer menos maleable las dificultades económicas con tal de que estas no pongan en peligro el crecimiento del país.

En tanto, un diagnóstico a la luz de los actuales acontecimientos no puede pasar por alto los resultados logrados en apenas dos años y dos meses de gestión de Luis Abinader Corona. Negarlo, sería un acto de mezquindad. No hay dudas de que contamos con un gobernante previsor, prevalecido de la buena fe y considerado un gerente magnífico de las finanzas públicas.

Es por ello que Abinader Corona se caracteriza por la constancia en el esfuerzo y los propósitos puntuales que demanda el país, poniendo todo su empeño en la perseverancia y en la resistencia política para vencer las dificultades del momento. Los hechos más relevantes de su gobierno consisten en dar prioridad a los sectores más necesitados y poniendo énfasis en los aspectos económicos para evitar desniveles financieros en la administración pública.

El Gobierno de Luis Abinader es concéntrico porque lleva a cabo una cadena de comunicación con todos los sectores de la vida nacional

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Por tal motivo, el presidente Luis Abinader Corona no pierde el centro de la gravedad política y económica que vivimos a nivel global. Por el contrario, su incontaminada ética permite imperativas iniciativas con los dineros del erario que se desviaban hacia propósitos particulares, por lo que el entusiasmo en los dominicanos ahora es más creciente.

En especial, hay que poner de manifiesto su humildad penetrante, la que estuvo ausente en numerosos gobernantes durante décadas recientes. Ahora tenemos a un presidente de carne y hueso que no rehúye a los compromisos ni utiliza la demagogia. La excelencia de su personalidad está signada por una vida cotidiana que comunica sentimientos generosos.

Por fortuna, a pesar de los males que padecemos y contra viento y marea, el presidente Luis Abinader Corona, dirige el país apegado a normas, principios y convicciones que nos permiten tener fe en su gobierno.

El presidente Abinader se esfuerza para que las adversidades que vivimos no se extiendan a las generaciones sucesivas y para que la sociedad alcance un grado de madurez que le permita erradicar, en parte, los egoísmos y ambiciones de los grupos hegemónicos del país.

Desde esta atalaya y a la luz de los hechos, está comprobado que el presidente Luis Abinader, se caracteriza por su pragmatismo contagioso y   su ingenio político que definen sus activas ejecutorias y el marco jurídico, socio-político y economía con relación al concepto básico del poder.

De esto se deduce, por lo tanto, el esfuerzo que realiza el presidente Luis Abinader en aras de formular políticas que definan de forma precisa el desarrollo económico del país, aun cuando se le critiquen sus vínculos con el sector empresarial; de lo contrario, cómo se puede desarrollar un país y lo que producen la mayoría de los empleados si las riquezas están ausentes de las políticas que implementan los gobiernos.

Es interesante pensar cómo se puede mantener un sistema de gobierno si adolece de las rentas fiscales de estos grupos que, desde la génesis del capitalismo, son los que definen y establecen las reglas de los mercados a nivel global, y permiten que los seres humanos disfruten de educación, vivienda, electricidad, tecnología, automóviles, capital de ahorro para garantizar la vejez, viajar y disfrutar de los tesoros que están a disposición del público y el bienestar de los grupos familiares.

Vistos estos fenómenos se puede afirmar, además, que sin los aportes de los empresarios y de los préstamos que conceden los organismos internacionales para proyectos variados, todo gobierno que se sitúa fuera de esta línea difícilmente puede materializar sus proyectos de desarrollo.

El Gobierno de Luis Abinader es concéntrico porque lleva a cabo una cadena de comunicación con todos los sectores de la vida nacional, y está trazado sobre la línea del crecimiento económico en base al interés de un Estado moderno que da prioridad a los sectores sociales más desprotegidos.

Significa esto que el presidente Luis Abinader también destaca y da seguimiento a los ingresos y gastos de su Gobierno para que este sea más participativo en los procedimientos de la transparencia, de modo que no sean enajenados. En ese sentido, su filosofía del poder tiene un gran componente moral.

Esto, a su vez, permite que su gestión gubernamental posea una normativa que sanciona los actos ilícitos de sus funcionarios, y por esa razón los dominicanos se sienten más confiados de su Gobierno porque no es indiferente a los robos en la administración pública, y a todo aquel funcionario que transgrede la norma le aplica con fuerza el peso de la ley y lo retira de su círculo.

De hecho, varios funcionarios de su Gobierno han cometido faltas graves y han sido separados de sus cargos. Está claro que la transparencia ocupa el nervio central de sus ejecutorias, al entender el presidente Luis Abinader que estos mecanismos de estragos económicos y morales hacen mucho daño a la democracia.

Con la llegada de Luis Abinader al poder, los dominicanos hemos vuelto a vivir buenos tiempos. Basta con mirar las complejidades por las que atraviesan nuestros vecinos haitianos y lo que acontece en toda América Latina. En su mandato, la productividad económica no ha dejado de crecer, aun con el impacto de los altos precios de los productos de importación y la escasez de materia prima para las zonas francas.

Ya se ha visto que los logros que ha obtenido en materia de transparencia y en los modos y medios de fiscalizar las estructuras administrativas del Estado han permitido controles de los gastos que han facilitado el acceso de más jóvenes a su primer empleo. También ha permitido un sobrante suficiente para los programas sociales que implementa en sectores empobrecidos. Y esta acción social y política tiende a crear un lazo de unión más cercano entre el Gobierno y los grupos necesitados.

Por lo tanto, hoy día se puede comprobar que los gobiernos y los empresarios cuando actúan en combinación y de manera transparente y solidaria, ambos sectores revelan consensos y medios políticos democráticos. Ahora bien, el presidente Luis Abinader ha puesto de manifiesto que para que esto se logre es pertinente que existan comportamientos morales.

Como se ha podido comprobar, esta cualidad en el presidente Luis Abinader es sine qua non; proviene del apostolado que le dejó en herencia su padre, Rafael Abinader, hombre sembrador de ideales y de sueños, cuya moralidad y trabajo tesonero han sido reconocidos por todo el mundo.  El afán de su progenitor se apoyó fundamentalmente en el interés de explicar las complejidades y los procesos de la economía dominicana que, como sabemos, fue su mayor fuente de inspiración.

Fuente Acento

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