Luz Casal, la Patti Smith gallega, hechiza al Real con magia filarmónica

Madrid, 20 jun (EFE).- Debía haber sido una ocasión única la del concierto que el 21 de julio del pasado año llevó a Luz Casal a reintepretar en clave orquestal su largo repertorio en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, pero el buen resultado hizo que la gallega no se conformara con una única noche de hechizo.

«Cuando bajé del escenario sabía que habíamos hecho algo interesante. Sabía que quería repetirlo, pero esta noche no vamos a repetir. Lo vamos a mejorar», ha prometido con su voz firme pero suave al inicio del recital que hoy ha vuelto a reunirla con la Real Filharmonia de Galicia bajo la dirección del maestro César Guerrero.

Ha sido en un espacio no menos majestuoso, el Teatro Real de Madrid, y dentro del ciclo Universal Music Festival sin una sola butaca libre para disfrutar durante unos 100 minutos de concierto de temas emblemáticos de su carrera como «Entre mis recuerdos» o «Te dejé marchar» con el acompañamiento de más de medio centenar de músicos.

Quizás por carácter, por callo o porque no era la primera vez que se presentaba en estas tablas, Casal (Boimorto, 1958) ha paseado por cada una de las canciones con temple y elegancia, en ocasiones también con la fuerza de una Patti Smith española, y lo ha hecho en el mismo orden en que quedaron recogidas en el reciente disco en vivo «Solo esta noche» (Virgin Music), con momentos especialmente emocionantes como los de «Sentir» o «Besaré el suelo».

Mecido por las lánguidas notas del arpa, un «Lo eres todo» interpretado como suave agonía ha servido para arrancar puntualmente este concierto a las 21 horas, para, tras un parco saludo («Bienvenidos al Teatro Real»), avanzar con «Cenizas» bajo aires cincuenteros.

Luego ha sido el turno de «Mar y cielo» e «Historia de un amor», temas del álbum «La pasión» (2009) en el que -como ha recordado- revisó el repertorio latinoamericano durante «una época difícil» de su vida.

Con un «Sentir» que ha hecho honor a su título ha puesto los vellos de punta entre las ingrávidas líneas de cuerda. Así ha provocado el primer gran aplauso, poco antes de despertar otros entusiasmados vítores al dedicar una pieza del folclor gallego, «Camariñas», a todos sus paisanos, entre los que se encontraba el líder del PP, Alberto Núñez Feijoo.

Una de las diferencias más patentes con el repertorio del citado álbum es que hoy sí ha sonado «Volver a comenzar». «Si entonces no lo hice fue por un marrón: me equivoqué, espero no volver a hacerlo esta noche», ha reconocido entre risas la artista, justo antes de cumplir tal infame profecía al errar el inicio, lo cual se ha resuelto con complicidad y más risas del público.

«Esta es una canción dedicada a un niño que se fue demasiado pronto, pero tenerlo en una canción es una forma de seguir teniéndolo», ha señalado en la introducción a la emotiva «Lucas», a la que han tomado el relevo las emblemáticas «Entre mis recuerdos», aupada por los vientos de la orquesta, y «No me importa nada», recibida con ánimo lúdico.

Su amplia sonrisa en este punto del concierto delataban que Casal estaba satisfecha y cómoda con el discurrir de la velada, que ha enfilado su segunda parte con otro tema que no estaba en el disco «Solo esta noche», «Un nuevo día brillará», reinterpretación del «Duel au soleil» del cantautor francés Etienne Daho.

«¡Cantad a pleno pulmón!», ha exclamado Casal al reclamar las voces de los asistentes con ánimo de fiesta compartida o más bien de exorcismo colectivo contra los aciagos tiempos vividos: «Quiero ser el rojo del amanecer, el sol de nuevo brillará, se llevará la soledad».

Más allá del excelente trabajo de arreglo orquestal, con «Besaré el suelo» esta Premio Nacional de Músicas Actuales ha constatado después que no le hacen falta largos sostenidos ni agudos imposibles, apenas susurros y su fuerza interpretativa para hipnotizar con el mismo poder de una Patti Smith que, casualidades de la vida, a la misma hora ha actuado en otro punto de Madrid. Como resultado, otro gran aplauso para ella y toda la Filharmonia.

Doblada en una larga reverencia ha permanecido tras «Te dejé marchar», con el que ha puesto al público una vez más en pie antes del bombástico empaque roquero de «Un pedazo de cielo», finalizada con el pie de micro al aire.

Para el punto final han quedado las imprescindibles «Piensa en mí» y «Un año de amor», arropada por una boa de plumas amarillas en un desafío al mal fario que ha terminado con victoria para esta bruja (o «diosa» la han llamado) al invocar por último la abrumadora musicalización del poema de Rosalía de Castro «Negra sombra», espejo para ella «del alma gallega».

Javier Herrero

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