Marcha Verde: cuando se gana perdiendo

Miguel Guerrero

Juzgadas con frialdad, sin las pasiones propias del quehacer partidario, las marchas realizadas durante la administración anterior dejaron dos elementos positivos. El primero se refiere a las actividades mismas, convocadas por una entidad amorfa conocida como Marcha Verde, con la cual se derriba la añeja creencia de que las demostraciones pacíficas no promueven cambios de actitudes. El segundo se relaciona con la actitud asumida por el Gobierno de entonces, al reconocer el derecho a la protesta pacífica.

Cuando se aprende a vivir en democracia, el Gobierno alcanza a entender la importancia de aceptar la crítica y los reclamos con tolerancia, aun cuando provengan de adversarios reacios a reconocer sus aportes al bien común. De manera que esas marchas fueron muestras de civismo y respeto mutuo por ambas partes, por más que haya habido estridencia y voces desbocadas en fatal y estéril búsqueda de protagonismo.

Lo importante es que las marchas se dieron. Y más todavía que se dieran sin incidentes, lo que sienta un precedente positivo de actuación policial, permitiendo así que los manifestantes regresaran a sus casas con la sensación de haber cumplido con un deber ciudadano y el Gobierno con la seguridad de haber garantizado un derecho consagrado en la Constitución y las leyes.

Queda ahora esperar una reflexión nacional para extraer las enseñanzas que ayuden a resolver los problemas, sin confrontaciones que no sean las propias de una discusión franca y abierta. No hacerlo sería un grave error, porque las razones de esas demostraciones reflejan un real sentimiento ciudadano, por mucho que se la haya aprovechado con fines partidistas por parte de dirigentes incapaces de promoverla. Celebremos pues esos grandes días de tolerancia. Y felicitemos a la víctima, el hoy expresidente Medina, por su respeto al adversario y por su innegable nivel de tolerancia democrática.

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