Más allá de ser un magnate de los medios, Ted Turner deja un legado de conservación
ALBUQUERQUE, Nuevo México, EE.UU. 8 mayo. — Ted Turner amaba la tierra, y la amaba en abundancia: como uno de los mayores propietarios privados de tierras en Estados Unidos, impulsó labores de conservación en unos 8.094 kilómetros cuadrados (3.125 millas cuadradas) de ranchos en varios estados, con el objetivo de dejarlos en mejores condiciones para las generaciones futuras.
Al considerar la conservación como algo esencial para la supervivencia humana, Turner veía la restauración de hábitats, la gestión responsable y el trabajo con especies en peligro como formas de abordar el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de recursos.
“Quiero inspirar a la gente a preocuparse por el medio ambiente”, afirmó en una entrevista de 2016 con una publicación de viajes. “Cuando nos conectamos con la naturaleza, nos sanamos a nosotros mismos. Cuando protegemos la naturaleza, sanamos el planeta”.
La muerte del magnate de los medios el miércoles deja un legado de conservación que abarcó décadas, desde que compró su primer bisonte hace medio siglo hasta las labores actuales de restauración a gran escala y reintroducción de especies. Sus ranchos en Nuevo México, Montana, Nebraska y otros lugares se han convertido en laboratorios vivientes. Sus “estancias” en la Patagonia son modelos de ecoturismo.
Y, según Turner Enterprises, que administra sus tierras además de otros intereses empresariales e inversiones, Turner se aseguró de que sus propiedades siguieran protegidas frente al desarrollo inmobiliario.
De la recreación a la restauración
Turner compró su primer bisonte en 1976, cumpliendo un sueño de la infancia.
“Cuando era un niño, de unos 10 años, leí la revista National Geographic y tenía un artículo sobre bisontes, y decía lo cerca que estuvieron de extinguirse. Entonces decidí que, si podía, haría lo que estuviera a mi alcance para ayudar a que los bisontes regresaran”, recordó en el programa de la cadena CNN de 2019, “Ted Turner: Captain Planet”.
Pero, añadió, “primero tuve que ganar mucho dinero. Porque los ranchos no son baratos”.
Turner compró su primer rancho en 1987. No mucho después, adquirió el Flying D Ranch cerca de Bozeman, Montana, que ahora es uno de los mayores y más destacados ejemplos de “renaturalización”.
Al principio utilizó sus propiedades para la caza y la pesca antes de trabajar en la restauración de hábitats y la reintroducción de especies nativas. El Flying D, por ejemplo, había sufrido sobrepastoreo, así que sustituyó las operaciones tradicionales de ganado vacuno por una manada de bisontes para restaurar el ecosistema nativo.
En Vermejo Park Ranch, comprado a mediados de la década de 1990 a Pennzoil y con una extensión de más de 2.253 kms cuadrados (870 millas cuadradas) cerca de la frontera entre Nuevo México y Colorado, el equipo de Turner ha trabajado para restaurar laderas y valles degradados por el sobrepastoreo, la minería y la tala indiscriminada. También alberga una manada de lo que los administradores del rancho describen como bisontes salvajes genéticamente puros.
En total, Turner fue dueño de 13 ranchos en seis estados. En algunos de ellos, Ted Turner Reserves y Turner Enterprises han entrelazado programas que generan ingresos —como la cría de bisontes, las actividades recreativas y el turismo— con la ecología.
“Quería que una parte de Estados Unidos siguiera preservada y, de algún modo, protegida como era en la época en que los indígenas americanos recorrían esas tierras”, comentó el miércoles Tom Johnson, expresidente de CNN. “En esta era de desarrollo y comercialización y mala ordenación del territorio, limpió los arroyos y trajo de vuelta a los lobos grises y al perrito de la pradera. Quiero decir, realmente le importaba la naturaleza y estaba viendo lo que estaba pasando”.
Jennifer Morris, directora ejecutiva de The Nature Conservancy, señaló el miércoles que Turner no solo creía en proteger la naturaleza sino que actuó en consecuencia y lo hizo a gran escala.
“Invirtió en tierras, restauró ecosistemas y mostró lo que es posible cuando se combina la visión con un compromiso real”, explicó en un comunicado. “Su trabajo ayudó a redefinir la conservación, demostrando que las tierras privadas y el capital privado pueden ser fuerzas poderosas para el bien público”.
No exento de polémica
Turner compró sus ranchos en Argentina durante una ola de privatizaciones en las décadas de 1990 y 2000, cuando extranjeros adinerados adquirieron enormes extensiones de terreno. Esto, en ocasiones, despertó sentimientos nacionalistas y preocupaciones por la explotación de recursos y el acceso público a ríos y lagos. La fama de Turner lo convirtió en un blanco para las críticas, pero al final recibió menos a medida que se enfocó en el ecoturismo de bajo impacto y la conservación.
En el oeste de Estados Unidos, no todos los ganaderos estaban satisfechos cuando Turner cambió las prácticas de gestión de las tierras en sus ranchos, incluyendo la sustitución del ganado vacuno por bisontes.
Su apoyo a los lobos, incluido un programa de cría de lobo mexicano en el Ladder Ranch en Nuevo México, provocó la ira de organizaciones ganaderas que alertaban sobre que estos animales salvajes mataban al ganado.
Y, para disgusto de algunos ganaderos, Turner crió la mayor manada de bisontes del mundo, ampliando la genética de la especie e impulsando los mercados de su carne al abastecer de hamburguesas y filetes a cerca de tres docenas de locales de Ted’s Montana Grill en 14 estados.
“Al convertirlo en un producto, al hacer un negocio de ello, hizo que la gente se metiera en el negocio de la cría de bisontes, lo que amplió de manera drástica el acervo genético y ha hecho que la manada de bisontes sea extremadamente saludable”, señaló el miércoles el restaurador George McKerrow, cofundador de Ted’s Montana Grill.
De bisontes a aves
En entrevistas, Turner describió su papel como el de un cuidador, no un propietario, y subrayó que los negocios y la conservación podían alinearse mediante el “ecocapitalismo”, un concepto que popularizó.
Lo que comenzó con las pezuñas de los bisontes ayudando a restaurar el pasto de la pradera continúa a través del Turner Endangered Species Fund, que da un impulso a la tortuga de Bolson —la tortuga más grande y rara de Norteamérica— mediante un programa de cría en cautividad en el Armendaris Ranch, en Nuevo México.
En Vermejo y en el Bad River Ranch, en Dakota del Sur, el equipo de Turner colabora con científicos estatales y federales para recuperar al hurón de patas negras, uno de los mamíferos más raros del planeta, con una población silvestre estimada de menos de 300 ejemplares.
Desde halcones aplomados y borregos cimarrones del desierto hasta murciélagos y mariposas monarca, todo le importaba a Turner. Su filosofía giraba en torno a la interconexión de todos los seres vivos y la idea de que ninguna especie debería ser descartada. Era tan sencilla que quedó inmortalizada en una pegatina para parachoques.
“Salven todo”. (AP)
