Más sobre una encuesta y su contexto
Por César Pérez
La consistencia de una encuesta radica básicamente en tres elementos: que la muestra sea representativa, vale decir, que el número de personas entrevistadas pueda ser representativas del total de la población, el momento en que esta se realiza, o sea, que se haga en condiciones esencialmente normales y la seriedad de su metodología o mejor, la objetividad de los entrevistadores, la forma y los contenidos de las preguntas. En el caso de la publicada la pasada semana, la Gallup, los señalamientos críticos que algunos le han formulado se limitan principalmente a lo que entienden las paradojas que esta refleja, no a los elementos que como medición la validaría. Ningún ojo humano, ni una cámara fotográfica del más alto nivel de fidelidad pueden captar todos los matices que contiene un determinado objeto o realidad. Tampoco las encuestas.
Sin embargo, estas pueden dar suficientes pistas para interpretar objetivamente los elementos esenciales que en un momento configuran la realidad de un contexto político o lo que piensa la población con relación a este. Por consiguiente, y a propósito de la encuesta arriba citada, además de lo que sobre sus resultados se ha planteado, pienso útil analizar el contexto del actual proceso electoral relacionándolo con los que precedieron la elección de la presente mayoría, sus perspectivas a largo alcance, además de la situación de otras fuerzas políticas participantes en este proceso. En los dos anteriores torneos electorales, nadie con sentido de la realidad dudaba del carácter ineluctable triunfo del actual partido oficial, los números de las mediciones y la percepción generalizada apuntaban en ese sentido. Y así fue.
Esta vez, la realidad más cercana en la memoria de la gente son los resultados de las ejecutorias del actual gobierno y de su partido durante dos periodos, no la relativa comodidad de ser alternativa y de prometer cambios que tuvo antes, sino que tiene que someterse al escrutinio de sus ejecutorias. Además del natural desgate que produce el ejercicio del poder, por la naturaleza de este proceso y por el juicio que sobre determinadas acciones del gobierno tienen importantes sectores profesionales, intelectuales y sociales que acompañaron acompañó al PRM en la configuración de la mayoría que lo llevó al poder, esta vez no tiene la subjetividad suficiente para acompañarlo en su lucha electoral. Sus votos no irán automáticamente hacia otro caladero, pero podrían hacerle falta. Tiene más dificultades
El presidente de la FP dice estar conforme con los resultados de la encuesta y tiene razón, los números que esta arroja indican que esa colectividad sale bien parada, que sus niveles de favorabilidad, aunque por poco margen, como partido lo sitúan en la segunda posición. Habría que esperar que se oficialice su candidatura presidencial y que más adelante se realicen otras mediciones sobre intención de voto. Mientras tanto, es significativa su desventaja en términos de favorabilidad frente al PRM. El presidente del PLD dice que la encuesta no expresa la realidad. Paradójicamente, no advierte que el registro de favorabilidad a su partido 19%, casi duplica su votación en el 2024, 10.39 %: Pero aparece en tercer lugar en cuanto a favorabilidad partidaria y de su candidato, quizás sea esa la razón de su inconformidad.
El registro de favorabilidad de algunos grupos de ultraderecha es de un poco más de un 1%. Electoral y políticamente son esencialmente insignificantes. Mientras que el de la izquierda o progresistas es prácticamente nulo, éstos parece que no han entendido que, más científico, es de sentido común que en el imaginario colectivo la política tiene un sentido topográfico, se hace en lugares muy concretos: la presidencia, el congreso y en la municipalidad. Desde siempre, estas fuerzas han estado prácticamente ausentes en esos espacios y por lo tanto, en el imaginario colectivo, estas son políticamente inexistentes. Quizás sea esa una de las razones de su extrema debilidad.
Sin embargo, sin restarle importancia a estas cuestiones, la gran paradoja que arroja esta y otras encuestas es la sostenida tendencia de la población a expresar pesimismo sobre el presente y futuro de la economía, muy a pesar de que el país tiene más de 60 años de sostenido crecimiento económico, situándose en el séptimo lugar entre las economías de la región, segundo destino turístico; una envidiable infraestructura vial, y unas capas medias con significativos niveles de consumo. Ese crecimiento económico no impide afrentosos niveles de desigualdad y pobreza monetaria que, en parte, serían la raíz de las quejas e incertidumbre que sobre la situación económica tiene la mayoría de la población, incluyendo a muchos privilegiados.
El país se transforma sostenidamente en términos materiales, pero 65 años después del final de la dictadura de Trujillo nos encontramos ante lo insostenible: Un contexto electoral en que, hasta ahora, de los eventuales candidatos presidenciales, la mayor favorabilidad la tienen dos de perfil claramente no político. Una amenazante paradoja no simplemente coyuntural, sino de carácter estructural de insospechada consecuencia. No se trata solo de una coyuntura electoral, sino del destino de un país que corre a dos velocidades: una economía que no para de crecer y un sistema político que no para en su proceso de corrosiva incapacidad y corrupción. También eso dicen las encuestas.
