Mujeres del campo dominicano apuestan por fruta y café para un futuro mejor

Almudena Casado

Santo Domingo, 23 abr (EFE).- Mujeres del campo dominicano han decidido unir sus fuerzas y apostar por un futuro mejor y por el empoderamiento involucrándose en proyectos de elaboración de productos derivados de la fruta y el café, con el apoyo de la Cooperación Española.

La elección no ha sido casual: el café y la fruta son dos de los principales productos de la agricultura de República Dominicana y, en concreto, de la Cordillera Septentrional, escenario de unas iniciativas que ahora se quieren ampliar a otro gran protagonista, el cacao.

LA FRUTA Y EL CRECIMIENTO SOSTENIBLE

El proyecto para la elaboración de mermeladas, jugos y conservas de fruta, bajo la marca Frutada, involucra a 90 familias (unas 500 personas) y siete comunidades de esa cordillera: las mujeres que trabajan en la pequeña factoría (por ahora solo cinco), los agricultores que facilitan la materia prima o los encargados de la venta en el mismo lugar de producción, la distribución en colmados, el transporte.

Una iniciativa, a cargo de la ONG española Prodiversa, que ha contribuido al desarrollo y crecimiento económico sostenible en esas comunidades mediante el aumento de la productividad y los ingresos de las familias dedicadas a la agricultura.

Se trata de un proyecto ya cerrado, con un presupuesto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) de 208.173 euros y que cuenta con el apoyo del Centro de Educación Popular de la Cordillera Septentrional (Cepocs), la Federación de Mujeres del área y ayuntamientos.

Durante la visita de responsables de la AECID, las trabajadoras de la factoría -ataviadas con gorros, mascarillas y batas- muestran orgullosas en qué consiste su labor, comenzando por la recepción de la fruta (siempre de la zona, agroecológica y de temporada), su lavado y su refrigeración en el llamado «cuarto frío», donde pueden verse guanábanas, cerezas, mangos, bananas, zapotes, jaguas, piñas, melones…

Luego su procesamiento hasta que consiguen el jugo, la mermelada, la conserva, para terminar colocando con mimo en los recipientes una llamativa pegatina de Frutada.

Al margen de la factoría y el equipamiento para elaborar estos productos orgánicos, el proyecto ha incluido la capacitación en agricultura ecológica; recolección, transporte y almacenaje; riesgos climáticos y de salud, estrategias de creación y gestión de marca, comercialización o formación y manejo de la cooperativa.

Los objetivos son claros: generar empleo en la zona para frenar el éxodo rural de los jóvenes, aumentar el consumo de fruta, bajar los precios, reducir la contaminación al tratarse de artículos elaborados in situ, empoderar a la mujer y aumentar su independencia.

Por el momento todo es a pequeña escala, pero se persigue ampliar el negocio y crear trabajo, potenciando especialmente el empleo femenino. La acogida no ha podido ser mejor, aunque se ha alcanzado el objetivo de mil botellas de jugo diarias «la demanda es mayor que la producción», aseguran en la cooperativa.

EL CAFÉ COMO HERRAMIENTA DE EMPODERAMIENTO

El otro proyecto tiene al café como protagonista y su finalidad principal queda descrito en su título: Empoderamiento de las mujeres a través de la mejora de la transformación y comercialización del café en el distrito de Paradero, en la provincia septentrional de Valverde.

Esta iniciativa, que ha arrancado en febrero y con un presupuesto de AECID de 235.784 euros, consiste en la creación de un centro liderado y gestionado por mujeres en la pequeña comunidad de La Cayota para su empoderamiento individual y colectivo, al tiempo que se busca mejorar la calidad de vida de los estratos sociales más vulnerables.

Se trata de un plan apoyado por una mancomunidad de localidades con una misma idea: «Estamos construyendo una nueva Cordillera Septentrional».

Y ello de la mano de mujeres como las hermanas Víseda, que, frente a las obras de la pequeña factoría que se está levantando, quieren «echar para delante», con la vista puesta en las nuevas generaciones.

«Nosotras, las campesinas, no queremos que nuestras hijas e hijos se vayan a otra ciudad, queremos que encuentren fuentes de empleo en la comunidad», afirma Josefa Víseda.

Se rebela en contra de que los ganaderos talen los cafetos para que la hierba crezca y sirva de pasto y alerta: «Si no hay árbol en la altura, no hay agua en la llanura».

Mientras, en el centro para la capacitación en la elaboración de café y la gestión empresarial las mujeres que forman parte del plan, a cargo de Prodiversa, resaltan su empeño en que este salga adelante. «Vamos a lograr nuestros sueños», aseguran. EFE

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