Pionyang subraya su escisión del diálogo lanzando primer misil ICBM en 5 años

Seúl, 24 mar (EFE).- Corea del Norte lanzó hoy un misil balístico intercontinental (ICBM), lo que supone su primera prueba de este tipo en casi cinco años y enfatiza la ruptura de la moratoria que se había autoimpuesto en este terreno antes de su primera cumbre con EE.UU. en 2018.

Con el país aún completamente aislado por la pandemia y enfrascado en continuas pruebas de armas (con la de hoy son 12, cifra récord, en lo que va de 2022) este gesto culmina más de tres años de creciente desconexión, tanto con Washington como con Seúl, tras la fracasada cumbre de Hanói de 2019.

APOGEO DE 6.200 KILÓMETROS

El Estado Mayor Conjunto (JCS) surcoreano informó de que el lanzamiento tuvo lugar en torno a las 14.34 hora local (5.34 GMT) desde el aeropuerto internacional de Sunan, en Pionyang, y que el misil voló unos 1.080 kilómetros alcanzando una altura máxima de unos 6.200 antes de caer en el mar de Japón (llamado mar del Este en las dos Coreas).

Esto apunta a que el ICBM se lanzó con un ángulo muy abierto para trazar una parábola muy espigada y que se trataría del llamado Hwasong-17, un nuevo ICBM que aparenta tener un alcance de unos 15.000 kilómetros, suficiente para alcanzar Washington, Nueva York o cualquier punto de Europa directamente desde Pionyang.

Por su parte, Japón coincidió al describir las características de vuelo del misil, que cayó en aguas de la zona económica exclusiva nipona (EEZ) a unos 150 kilómetros al oeste de la península de Oshima, en la isla de Hokkaido (norte del país).

Este es el cuarto misil que se precipita en aguas niponas (los tres anteriores lo hicieron durante la escalada armamentística norcoreana de 2017) y es probablemente el que haya caído más cerca hasta ahora del archipiélago.

El ensayo de hoy, el primero de este tipo desde que Corea del Norte disparó un ICBM en noviembre de 2017, llega apenas una semana después de un lanzamiento fallido que el ejército norcoreano hizo también desde Sunan y que se cree que estaba ligado a testar tecnología del Hwasong-17.

Desde febrero, el régimen había estado probando un tipo de proyectil -cuya tipología en ningún momento ha precisado- desde el aeropuerto de la capital afirmando que estaba testando sistemas para lanzar un nuevo satélite de reconocimiento.

La inteligencia militar surcoreana y estadounidense aseguraron entonces que Pionyang busca realizar pronto una prueba completa del Hwasong-17 disfrazándola de «lanzamiento espacial», como ha hecho en el pasado, coincidiendo además con el anuncio sobre la ampliación de una base norcoreana de cohetes espaciales.

ENVITE NORCOREANO

Pero Corea del Norte parece haber envidado hoy realizando por sorpresa el primer test de vuelo de su nuevo ICBM, un proyectil que se cree además que podría equipar cabezas múltiples (MIRV), convirtiéndolo potencialmente en el arma de mayor rango y más destructiva de su arsenal.

La acción norcoreana ha deparado el fuerte rechazo de Seúl, donde el presidente Moon Jae-in la «condenó con contundencia», de Tokio, con el primer ministro Fumio Kishida amenazando con nuevas sanciones, y de la Casa Blanca, que consideró que «desestabiliza el panorama de seguridad de la región».

En este caso, el ejército surcoreano respondió además con unos ejercicios en los que disparó tres misiles superficie-superficie (un Hyunmoo-2 y un MGM-140 ATACMSy un Haesung-II) y lanzó bombas JDAM.

El ensayo norcoreano llega en un momento de creciente incertidumbre en la península, con una transición presidencial en Seúl (el conservador Yoon Suk-yeol accederá al poder el 10 de mayo) cargada de desencuentros en torno a temas de seguridad nacional y con un gran desfile militar previsto para el 15 de abril en Pionyang.

También con los ejercicios militares conjuntos EE.UU.-Corea del Sur a la vuelta de la esquina, unas maniobras que suelen enfurecer a Corea del Norte.

Determinar su calibre supone ahora toda una disyuntiva para Washington y Seúl de cara a tratar de atraer de nuevo a Pionyang a la mesa de diálogo, con un Moon ya de salida tras un quinquenio de buenas palabras que finalmente no deparó resultados de peso.

FIN DE LA MORATORIA

Ante todo, el ensayo supone el fin de la moratoria que se autoimpuso el régimen con respecto a los lanzamientos de ICBM de cara a acercar posturas antes de la primera cumbre que celebraron en 2018 el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el entonces presidente estadounidense, Donald Trump.

Con el diálogo estancado desde 2019, el régimen norcoreano trazó en el congreso del partido único del año pasado un plan quinquenal de modernización armamentística que está detrás de la actual retahíla de ensayos de proyectiles.

A su vez, ha rechazado las invitaciones estadounidenses al diálogo en un momento en el que el país, que sigue cerrado a cal y canto por la pandemia, aun no ha vacunado a uno solo de sus ciudadanos, lo que hace muy poco factible la celebración de encuentros diplomáticos de alto nivel cara a cara.

La presteza exhibida desde enero por Corea del Norte con respecto a su plan armamentístico apunta también a la creciente posibilidad de que el hermético país rompa con la otra parte de esa moratoria de 2018; no realizar pruebas nucleares, un tipo de ensayo que no lleva a cabo desde septiembre de 2017.

Andrés Sánchez Braun

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