Que entre encuestas te veas

Federico A. Jovine Rijo

Nietzsche rompió a Samsara a golpe de pura lógica y locura; el eterno retorno de lo idéntico no solo era una probabilidad, era también una certeza. Todo se repetiría incesante y cíclicamente de la misma forma, hasta el final de la eternidad.

Aquí, en el patio, Zaratustra habría muerto de asombro. Entre Macondo y las reacciones ante los resultados de la primera encuesta Gallup del año no media mucho espacio. Nuevamente Nietzsche acierta, sólo que esta vez la repetición se trastoca; ahora los mismos argumentos los repiten diferentes personajes, pero, en esencia, el libreto se mantiene: quien se ve favorecido, asiente y aplaude; quien se siente perjudicado, difiere y cuestiona.

“Matar al mensajero” siempre ha sido la salida más rápida para evitar recibir malas noticias… y también la más estúpida. La información es poder si y sólo si la asumimos como válida y útil al momento de hacer análisis, diseñar estrategias y ejecutar acciones. Se puede quemar al Hombre de Paja, pero la verdad continuará ahí… como el dinosaurio aquel. Por sólo citar cuatro ejemplos, las encuestas finales de GallupRD 2008, 2012, 2016 y 2020 acertaron dentro del margen de error y esos son hechos.

Si antes PRD/PRM desmeritaban resultados de encuestas, ahora FP/PLD lo hacen con diferentes personajes y los mismos argumentos… pero los números continúan ahí. A diferencia de 1996, ningún camino todavía está cerrado. A trece meses de las elecciones, Abinader está en un sólido primer lugar con 48.3%(GallupRD) y probablemente ganaría en primera vuelta, seguido de un Leonel que en julio marcaba 13.5% (RD Elige) y ahora marca 25.9% (GallupRD) y, por un último, un Abel que marcaba 14% (RD Elige) y ahora 18.2% (GallupRD).

El PLD (Leonel y Danilo) basó parte de su estrategia ganadora en construir percepciones mediante posicionamiento en encuestas -jugando a la profecía autocumplida- y fue exitoso en ello. Ahora Saturno devora a sus hijos y las encuestas vienen a por ellos, y desacreditar lo que antes funcionaba, porque les convenía, no sólo no es coherente, sino que tampoco es eficiente.

Cuestionar encuestas podría tener los mismos resultados que una guerra nuclear: al final no habrá ganadores y la opción más eficiente debería ser reforzar el trabajo político/electoral, que nunca es tarde para quien madruga temprano, pero, en un escenario de suma cero, con las puertas cerradas a 13 meses, otra opción sería la de tierra arrasada… pero el final de ese camino ya se conoce.

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