Razones por las cuales escribo, critico y participo

Teófilo Quico Tabar

Amigos y conocidos me cuestionan por expresar mis ideas que en ocasiones pudieran ser incluso mal interpretadas estando en una posición pública, que si bien es prácticamente como coordinador, me identifica con la gestión de Gobierno. A ellos solo les puedo contestar – que aunque he expresado que estoy ahí por un compromiso personal con Luis Abinader– los que aspiran a ser cristianos y se dicen comprometidos con ese pensamiento y forma de vida, no pueden descuidar las formas al momento de ofrecer orientación o de brindar servicio a la sociedad.

Tratando de hacerlo con la prédica y con el ejemplo. Sobre todo en un mundo en el que cada vez más se desvirtúan los valores y los conceptos, y se confunden los medios con los fines. Un mundo en el que, tanto más grande es el concepto del bien común, más grande debe ser el compromiso para contribuir a la búsqueda de soluciones sociales.

El servicio público, como parte del bien común, puede ser una manifestación eficaz del amor al prójimo. De la acción o participación de cualquier índole, incluyendo las que tienen que ver con el Estado, aunque no necesariamente partidaria. Por lo tanto, el cristiano no debe temer a comprometerse en este terreno. Su vocación no puede considerarse solamente como una invitación de Dios a contemplar toda su grandeza, sino una llamada a la acción constante, austera y dirigida hacia todos los aspectos de la vida.

En mi juventud me enseñaron que cuando el aislamiento y la abstención se producen por efecto de la indiferencia o indolencia, puede convertirse en una máscara de neutralidad. Porque muchas veces esa neutralidad puede conducir a la complicidad. En tal sentido se nos recomendaba que, como la comunidad cristiana afrontaba una tarea enorme, siempre será preferible darle un acento humano y cristiano a la civilización, participando. Porque esta civilización lo reclama o casi implora, para el bien de su desarrollo y de su existencia misma.

No nos orientaron a hacer de cada cristiano un especialista de la enseñanza pública o de la participación gubernamental. Ni candidatos a diputados, alcaldes o senadores. Ese llamado estaba dirigido a la participación según las potencialidades y posibilidades de cada uno. Porque una vocación propia dentro de la vocación común a todos los humanos se expresa a través de la vocación personal. De todas maneras es preciso que cada quien desempeñe su propio papel. Y para el cristiano siempre será posible ayudar a sus hermanos a tomar conciencia de lo que él mismo ha descubierto.

Partiendo de ahí, si usted, sin estarlo buscando recibe lo que podría ser una llamada de Dios y la desatiende, negándose a asumir el papel que en un momento determinado le confía quien tiene el poder, que al mismo tiempo es amigo, podría considerarse como un rechazo al servicio del bien común.

Algunos podrían decir que esos predicamentos pertenecen al ayer, pero hoy más que nunca están presentes. Porque aunque algunos no lo expresen, el pensamiento cristiano está vivo como nunca. Hay millares de sacerdotes, seglares y pastores desarrollando labores pastorales, particularmente dentro de nuestra iglesia universal: la Iglesia católica.

Hoy

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