Realidad climática

Margarita Cedeño

El encuentro de los líderes mundiales en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, mejor conocida como COP 27, siempre deja un sabor agridulce a quienes damos seguimiento al tema, por una muy sencilla razón, parece que el mundo avanza en la agenda climática, pero nunca lo suficiente.

En la recién concluida reunión que se realizó en Egipto, los países aprobaron un Fondo para pérdidas y daños por desastres climáticos en los países más pobres y los menos contaminantes, una decisión histórica que hace justicia con países como el nuestro, que contribuimos mínimamente a la contaminación global, por nuestro tamaño, pero que somos altamente vulnerables a las consecuencias del aumento de la temperatura en el planeta tierra.

Para muestra un botón, la caída histórica de lluvia en la ciudad capital que resultó en la muerte de varias personas y la pérdida de miles de millones de pesos no son más que un reflejo de ese cambio climático que muchos quieren ignorar o disminuir. Para la República Dominicana, sería de gran ayuda contar con mecanismos eficientes y de rápido desembolso para atender emergencias climáticas, igual como sucedió en el marco de la pandemia del COVID-19, momento en el que los instrumentos de financiamiento con organismos multilaterales fueron clave para que el país pudiese financiar el apoyo a las familias vulnerables de todo el país.

Además, este Fondo que se ha aprobado en la COP 27 constituye un ejercicio de justicia social dado que obligaría a las economías más contaminantes a destinar fondos para aliviar el impacto del cambio climático en las economías que menos contaminan. La revista especializada The Lancet reveló que los países ubicados en el hemisferio norte son responsables del 92% del exceso de emisiones de carbono desde 1850, un dato que otorga gran validez al Fondo de alivio que fue creado.

La iniciativa no habría sido posible sin el esfuerzo común del G77, que reúne a los 134 países de África, Asia y América Latina que presentaron una propuesta común motivada por las graves inundaciones que cada vez se hacen más comunes. Este esfuerzo común debe continuar más allá de la reunión de la COP 27 que se realizó en Egipto, porque sin garantías de cumplimiento ni mecanismos de ejecución, la idea quedará plasmada en un documento y no servirá para ningún objetivo concreto.

Es cierto que cada país tiene retos y necesidades distintas frente al fenómeno del cambio climático, pero los resultados globales que hemos visto hasta ahora no han sido suficientes y la razón principal es la falta de voluntad política y las dificultades financieras, que son el resultado de países contaminantes que bloquean medidas necesarias e impostergables. La unión de los países más afectados en torno a una agenda común constituye la solución para avanzar en la agenda climática y enfrentar una realidad que no se puede ignorar: el mundo es cada vez más caliente y los fenómenos climáticos cada vez son más desastrosos.

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