Reflexiones sobre las elecciones en Brasil

Por JUAN BOLÍVAR DÍAZ

Una mirada profunda al resultado electoral del Brasil lleva a conclusiones muy preocupantes, no sólo para ese país, sino para todo el mundo. La democracia se salvó por el momento precariamente en medio de un repunte más de la extrema derecha recalcitrante, autocrática, negadora de derechos y fundamentalista, que incentiva como nunca la alienación religiosa entre los más pobres e ignorantes, dividiendo a las poblaciones entre el bien y el mal, entre su Dios y el demonio de los demás.

Por el momento los brasileños parecen haberse liberado del autócrata fundamentalista Jair Bolsonaro, pero este quedó con tanta fuerza, ganó tanto espacio, arraigado en el militarismo y la confesión religiosa, que constituye un enorme desafío a los sectores democráticos y al nuevo gobierno de Lula da Silva, que tendrá mucha  dificultad en aprobar reformas y conseguir el financiamiento que demandan los 33 millones de pobres que hay en Brasil.

Los datos fríos son muy elocuentes, Bolsonaro creció inmensamente en la campaña electoral, quedando al 1 por ciento de la mayoría votante, y junto a otros sectores cercanos con el control del Congreso y el gobierno de grandes conglomerados como Sao Paulo.

La victoria de Lula sólo fue posible por la confluencia de la preocupación por la democracia, que juntó un amplio espectro desde la izquierda hasta la derecha racional. Ya en la primera vuelta Bolsonaro resultó un fenómeno, quedando con 43.2% del sufragio, versus 48.4 de Lula, y para la segunda y definitiva conquistó el doble de votos que su oponente. Los candidatos que quedaron en tercer y cuarto lugar, Simone Tebet y Ciro Gómez, obtuvieron 8.5 millones de votos, el 7%, y ambos apoyaron a Lula para la votación decisiva. Pero éste sólo incrementó su votación en 3 millones 86 mil 495 votos, 2.5% más, alcanzando la mayoría con 50.9%, mientras Bolsonaro subía más del doble, 7 millones 134 mil 09, creciendo 5.9%, para acumular el 49.1%.

Como las dos votaciones fueron casi similares, apenas 570 mil 424 electores más, 0.36%, en la decisiva, para llegar a 124 millones 252 mil 796, hay que convenir que los electores de Tebet y Gomes, en su mayoría se abstuvieron o prefirieron a Bolsonaro. En primera vuelta se abstuvo el 20.95 y la segunda el 20.59% de los 156.4 de los electores habilitados. Como Lula ganó con 60.3 millones de votos, quiere decir que sólo tuvo el apoyo del 38.6% del padrón, evidencia inequívoca de que la democracia está en peligro.

El único que creció en esta doble votación fue Bolsonaro y su Partido Liberal, y lo hicieron a costa de los conservadores y derechistas racionales, pero también de los partidos de izquierda y centro. El Sur volvió a ser atrasado, y hasta en regiones muy pobres emigró el sufragio hacia la autocracia fundamentalista, aunque en la semana de la votación se dieron demostraciones como la del diputado aliado de Bolsonaro que le entró a tiros a la policía, cuando fueron a detenerlo. Por supuesto que el resultado fue ayudado por los inmensos abusos del poder por parte del gobierno del presidente. Pero la honestidad obliga a apuntar que tales abusos no son patrimonio de la ultraderecha y que sobran ejemplos en Venezuela, Nicaragua y hasta en República Dominicana.

Desde luego, es fundamental que Bolsonaro no lograra la reelección, lo que representa un alivio para la democracia, para la Amazonia, para América Latina y para todos los que en el mundo alientan la cultura  y las estructuras democráticas. El desafío es inmenso para el presidente Lula y su partido, obligados ahora a otra gestión en beneficio de las mayorías, pero también más transparente y alejada de la corrupción, así como a un gran concierto para afianzar la democracia en ese gran país que es Brasil

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