Señales de humo en el panorama global

Juan Temístocles Montás

Los autores del trabajo comienzan estableciendo que, a pesar de la guerra, la inflación y el mayor aumento de las tasas de interés en 40 años, durante el 2023 la economía global no sufrió una desaceleración significativa. Dicen que simplemente disminuyó de velocidad.

Refieren que sus previsiones conducen a establecer que el crecimiento mundial sigue estando muy por debajo de la fuerza necesaria para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y llaman la atención al hecho de que la primera mitad de la década de los 20 ya está demostrando ser el lustro de crecimiento más débil que la economía global haya registrado en al menos 30 años.

Sobre la base de esos argumentos se señala cuáles son los cinco riesgos a que tendrá que enfrentarse la economía global en el presente año. Ellos son: las crecientes tensiones geopolíticas, la desaceleración de China, creciente tensión financiera, fragmentación del comercio y el cambio climático.

Las tensiones geopolíticas son vistas por los autores referidos como el riesgo más importante que enfrenta la economía global, ya que aumentan la incertidumbre, lo que perjudica la inversión y el crecimiento económico.

Las guerras en curso en Europa del Este y Medio Oriente ocurren en dos regiones críticas para el suministro de alimentos y energía. Si se produce una escalada de esos conflictos, los precios de la energía se podrían disparar a niveles muy altos, lo que avivaría la inflación global. La región del Medio Oriente, por su parte, representa el 30% de la producción mundial de petróleo, y los recientes ataques en el mar Rojo están perturbando el transporte marítimo por el Canal de Suez, que representa el 30% del tráfico mundial de contenedores.

En el caso de la desaceleración de China, la preocupación viene por el hecho de que ese país se ha convertido en una fuente muy importante de demanda de materia prima. Los autores señalan que, si China creciera 1 punto porcentual menos de lo esperado en 2024, el crecimiento mundial podría ser inferior en alrededor de 0,2 puntos porcentuales, con un daño considerable a las economías en desarrollo exportadoras de materias primas.

En cuanto a la creciente tensión financiera, Gill y Kose llaman la atención al hecho de que, a finales de 2023, el número de economías en desarrollo con problemas de deuda se encontraba en el nivel más alto desde 2000. En ese contexto, un crecimiento débil, altas tasas de interés y niveles elevados de deuda podrían conducir a dificultades en el pago del servicio de la deuda en las economías en desarrollo vulnerables, lo que traería consigo un mayor número de tensiones financieras. Una situación de ese tipo podría reducir el crecimiento mundial.

El cuarto riesgo tiene que ver con la fragmentación del comercio. Los autores establecen que el número de medidas de política que restringen el comercio aumentó marcadamente el año pasado. Asimismo, que a pesar de que las restricciones comerciales y el “friend-shoring” y el “near-shoring” podrían parecer respuestas políticas lógicas a las preocupaciones de seguridad nacional, esas políticas podrían posponer la recuperación tan necesaria del comercio mundial. Se indica que, en 2023, el crecimiento del comercio mundial prácticamente se detuvo, mostrando el desempeño más débil fuera de una recesión global en 50 años.

Por último, el cambio climático es presentado como el quinto riesgo y llaman la atención a un hecho muy significativo. Indican que, debido a los niveles de agua agotados por la sequía en el Canal de Panamá, el número de barcos que transitaron por el canal disminuyó significativamente durante el año pasado, lo que ilustra hasta qué punto el cambio climático se ha convertido en un riesgo a corto plazo, no solo en un peligro a mediano plazo. 2023 fue el año más caluroso registrado. Las sequías, inundaciones e incendios forestales hicieron que el impacto del cambio climático fuera más visible en todo el mundo.

Son señales de humo.

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