Sistemas agroalimentarios deben prepararse para nuevos choques

ROMA, 28 nov – Los países deben hacer que sus sistemas agroalimentarios sean más resilientes a perturbaciones repentinas como las observadas durante la pandemia covid-19, convertida en un factor determinante del aumento del hambre mundial, señaló el más reciente informe de la FAO, divulgado este miércoles 24.

Qu Dongyu, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), subrayó al presentar el informe que la pandemia “es excepcional” y “puso de relieve tanto la resiliencia como la debilidad de nuestros sistemas agroalimentarios”.

La covid “demostró cómo puede presentarse repentinamente una perturbación de proporciones globales, propagarse rápidamente y comprometer la seguridad alimentaria, el estado nutricional y los medios de vida de miles de millones de personas en un grado sin precedentes y durante un largo período”, dijo Qu.

La edición 2021 del informe anual sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación (Sofa, en inglés) señala que ya antes de la covid el mundo no estaba en vías de cumplir el compromiso de poner fin al hambre y la malnutrición en todas sus formas para 2030, “pero la pandemia nos ha alejado aún más de la meta”.

Hoy en día hay unos 3000 millones de personas que no pueden permitirse una dieta saludable, y según el Sofa otros 1000 millones pasarían a engrosar las filas de quienes padecen este problema si una crisis redujera sus ingresos en un tercio.

El hambre directamente afecta a entre 720 y 811 millones de personas en el mundo, y la crisis de la covid ha golpeado más a las mujeres y los niños, señaló el SOFA al recordar como ejemplo que unos 370 millones de niños se vieron privados de la alimentación escolar debido al cierre de los colegios.

Además, los costos de los alimentos podrían incrementarse para 845 millones de personas si se produjera una alteración de las rutas de transporte fundamentales.

Otras serias perturbaciones pueden ser fenómenos meteorológicos extremos y el recrudecimiento de enfermedades y plagas de las plantas y los animales.

Los sistemas agroalimentarios -la compleja red de actividades relacionadas con la producción de productos agrícolas alimentarios y no alimentarios, almacenamiento, elaboración, transporte, distribución y consumo- producen 11 000 millones de toneladas de alimentos anuales.

Emplean directa o indirectamente a 4000 millones de personas, recordó Qu.

El sector, incluidas la actividad forestal y la pesca, ocupa 37 % de la superficie terrestre del planeta y representa una tercera parte de las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero que impulsan el cambio climático.

En el informe se presentan indicadores nacionales de la resiliencia de los sistemas agroalimentarios en más de 100 países y se analizan factores como las redes de transporte, los flujos comerciales y la disponibilidad de dietas saludables y variadas.

Con datos de 2019, el Sofa indicó que no pueden permitirse una dieta saludable 84 % de los habitantes de África subsahariana, 71 % de los de Asia meridional, 24 % en Asia oriental y suroriental, 19 % en América Latina y el Caribe, mientras solo 1,7 % en Europa y 1,4 % en América del Norte.

Aunque los países de bajos ingresos afrontan desafíos mucho mayores, el informe muestra que los de ingresos medianos también están en riesgo. En Brasil, por ejemplo, 60 % de su valor de exportación proviene de solo un socio comercial, por lo que dispone de menos opciones si el socio se ve afectado por una perturbación.

Incluso países de ingresos altos como Australia y Canadá están expuestos al riesgo de una perturbación, por las largas distancias a cubrir para distribuir los alimentos.

En casi la mitad de los países analizados, el cierre de conexiones esenciales de la red haría que el tiempo de transporte local aumentara en 20 % o más, subiendo así costos y precios de los alimentos para los consumidores.

La FAO recomienda que los gobiernos hagan de la resiliencia en los sistemas agroalimentarios una parte estratégica de sus respuestas a los desafíos actuales y futuros.

La clave es la diversificación -de fuentes de insumos, producción, mercados y cadenas de suministro, así como de actores-, ya que la diversidad crea múltiples vías para absorber las perturbaciones.

Por eso plantea apoyar la creación de pequeñas y medianas empresas agroalimentarias, cooperativas, consorcios y agrupaciones ayuda a mantener la diversidad en las cadenas de valor agroalimentarias nacionales.

Otro factor es la conectividad, pues “las redes agroalimentarias bien conectadas superan las alteraciones más rápidamente cambiando las fuentes de suministro y los canales de transporte, comercialización, insumos y mano de obra”.

Por último, “es fundamental mejorar la capacidad de resiliencia de los hogares vulnerables para asegurar un mundo sin hambre. Esto se puede lograr a través de la mejora del acceso a activos, a fuentes diversificadas de ingresos y programas de protección social en caso de crisis”.

Fuente: Inter Press Service (IPS)

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