Un año de Trump en la Casa Blanca: tensión global, aranceles y una política exterior impredecible
WASHINGTON, 21 de enero de 2026 (Agencias). — Hace exactamente un año, Donald Trump regresó a la Casa Blanca para iniciar lo que sería su segundo mandato como presidente de los Estados Unidos. Desde entonces, la política estadounidense ha vivido un período de profundas convulsiones, marcada por decisiones polémicas que han generado incertidumbre internacional, tensiones comerciales y un debate intenso sobre el rumbo económico y diplomático del país.
Al cumplirse un año de su gobierno, analistas coinciden en que la administración Trump ha dejado una huella significativa en la política global y doméstica, caracterizada por una estrategia “America First” más agresiva de lo que muchos esperaban, que ha modificado relaciones tradicionales y desafiado alianzas históricas.
Aranceles y economía: un balance mixto

Uno de los elementos más visibles del primer año de Trump ha sido su uso intensivo de aranceles como herramienta de política económica y diplomática. Lejos de moderarse tras su regreso a la Casa Blanca, el mandatario ha ampliado la imposición de gravámenes a una variedad de países con el argumento de corregir desequilibrios comerciales, proteger la industria nacional y reforzar la seguridad económica estadounidense.
Los aranceles, sin embargo, han tenido un impacto controvertido. En Estados Unidos, sectores exportadores y algunos consumidores han sentido los efectos de precios más altos y cadenas de suministro alteradas, mientras que mercados financieros han mostrado volatilidad como respuesta a la incertidumbre económica.
Informes indican que políticas arancelarias han sido un factor clave en importantes caídas bursátiles y nerviosismo entre inversores.
Tensiones con Europa y la controversia por Groenlandia

Una de las crisis más emblemáticas del año ha sido la escalada de tensiones con países europeos debido a amenazas arancelarias vinculadas al intento de Trump de conseguir el control de Groenlandia.
El presidente estadounidense ha anunciado tarifas de hasta el 10% (con posibilidad de llegar al 25%) sobre importaciones de varios países europeos, a menos que se acceda a sus demandas estratégicas, un movimiento que ha sido visto como coercitivo y ha provocado rechazo diplomático.
La respuesta europea ha sido enérgica. Líderes como el presidente francés Emmanuel Macron han instado a la Unión Europea a activar mecanismos de defensa comercial para contrarrestar amenazas que consideran un intento de “chantaje” económico, subrayando la necesidad de proteger acuerdos y relaciones multilaterales.
Migración: políticas duras y consecuencias sociales

En el frente interno, la política migratoria de Trump ha reforzado medidas de control fronterizo y deportaciones, provocando un alza en tensiones dentro de Estados Unidos y críticas desde organizaciones de derechos humanos.
Estas políticas han sido acompañadas de redadas más estrictas, uso ampliado de recursos federales para detener y expulsar migrantes, y un endurecimiento general de los requisitos para la entrada legal al país.
En el plano social, las decisiones migratorias han generado protestas y han dividido opiniones entre sectores conservadores —que celebran una postura más estricta— y grupos defensores de los derechos de inmigrantes, que denuncian violaciones a derechos humanos y un trato inhumano hacia personas en situaciones de vulnerabilidad.
Ucrania y Rusia: la promesa rota del cese al fuego
Durante su campaña, Trump había asegurado que lograría un cese al fuego inmediato en la guerra entre Ucrania y Rusia en cuanto asumiera nuevamente la presidencia. Sin embargo, un año después, el conflicto continúa sin tregua, y los intentos de mediación por parte de Washington han sido escasos o poco transparentes. Las conversaciones entre emisarios estadounidenses y el Kremlin se han mantenido a puerta cerrada, mientras Ucrania sigue recibiendo apoyo militar limitado, sin señales de una solución duradera.
Este fracaso ha socavado la credibilidad del presidente en materia diplomática y ha reavivado críticas dentro del Congreso y entre aliados de la OTAN, quienes ven con inquietud la aparente pasividad estadounidense ante una de las mayores crisis de seguridad en Europa desde la Guerra Fría.
Ataques a Irán y nuevas tensiones en Medio Oriente

En un movimiento que sorprendió a muchos analistas, Trump ordenó un ataque aéreo contra posiciones militares en Irán, bajo el argumento de que se preparaba un atentado contra intereses estadounidenses en el Golfo Pérsico. El bombardeo provocó al menos 23 muertes, entre ellas civiles, y generó una respuesta inmediata de Teherán, que calificó la acción como un “acto de guerra”.
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán se mantienen en niveles críticos, con amenazas mutuas y un aumento del despliegue militar en la región. Organizaciones internacionales han advertido sobre el riesgo de una escalada bélica si no se retoman vías diplomáticas.
Choques comerciales con México y Canadá
El tono proteccionista de Trump también se ha manifestado en su política hacia sus vecinos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC). Durante su primer año, el mandatario ha impulsado renegociaciones parciales del acuerdo, amenazando con imponer aranceles a productos mexicanos y canadienses, especialmente en el sector automotriz, agrícola y tecnológico, si no se ajustan a sus demandas.
Las fricciones han generado incertidumbre entre empresarios de los tres países, ralentizado inversiones y provocado una disminución del comercio regional. En particular, México ha denunciado la retención de mercancías y un trato desigual en las aduanas estadounidenses.
“Operación Lanza Sur” y sus consecuencias fatales

En el Caribe, la administración Trump puso en marcha la polémica “Operación Lanza Sur”, una ofensiva antidrogas respaldada por fuerzas navales y de inteligencia. Si bien la Casa Blanca ha destacado capturas importantes de cargamentos ilegales, organismos internacionales y ONG han denunciado que la operación ha costado la vida de más de 80 personas, incluyendo civiles y pescadores locales, en acciones cuestionadas por su falta de coordinación y uso excesivo de la fuerza.
Analistas advierten que esta ofensiva se ha utilizado también como plataforma política para reforzar la imagen de “mano dura” del presidente, sin abordar las causas estructurales del narcotráfico ni ofrecer alternativas sostenibles a las comunidades afectadas.
Apoderamiento del petróleo venezolano
Una de las decisiones más controversiales ha sido el apoderamiento directo de activos petroleros venezolanos, justificado por Trump como parte de su cruzada contra el régimen de Nicolás Maduro. Empresas estadounidenses han retomado operaciones en campos estratégicos, en una jugada que ha sido denunciada por Caracas como “saqueo energético”.
Pese a estos esfuerzos, el régimen de Maduro se mantiene intacto, con apoyo de aliados como Rusia, Irán y China. La oposición venezolana se encuentra debilitada, y la intervención estadounidense no ha logrado el cambio político prometido. En cambio, ha reforzado la narrativa antiimperialista del chavismo y profundizado la crisis humanitaria.
Relaciones con América Latina y Venezuela
La estrategia de Trump en América Latina ha sido igualmente audaz. Su administración ha intensificado presiones sobre gobiernos considerados adversarios y ha respaldado acciones de carácter militar y diplomático en Venezuela, incluso con la captura del presidente Nicolás Maduro —un hecho que ha generado divisiones profundas en la región y cuestionamientos sobre la efectividad de la política estadounidense para promover estabilidad democrática.
A pesar de estos esfuerzos, el régimen venezolano mantiene intactas muchas de sus estructuras de poder, lo que evidencia las limitaciones de las sanciones y presiones externas para producir cambios políticos rápidos.
Un año bajo la lupa global
En el plano diplomático, el primer año de Trump ha sido descrito por expertos como impredecible y turbulento. Su uso de órdenes ejecutivas masivas, acciones unilaterales en comercio y política exterior, y una relación cada vez más tensa con aliados tradicionales refleja un enfoque estratégico que prioriza retos cortoplacistas, a menudo a costa de la cooperación institucional que caracterizó décadas de política estadounidense.
El año uno del Trump 2.0 ha sido un periodo de profundos cambios, marcado por confrontaciones globales, reconfiguraciones económicas y una política interna polarizante. Con desafíos persistentes en comercio, migración, relaciones internacionales y seguridad, los próximos años prometen ser decisivos para el legado de este controvertido presidente.

