Un toque ‘mágico’ para rescatar a los Commanders

Una adquisición récord de 6.050 millones de dólares. Earvin ‘Magic’ Johnson en el grupo de compradores. Una franquicia a la deriva en los despachos y el campo. Los Washington Commanders de la NFL afrontan una nueva etapa con la intención de dejar atrás a Dan Snyder, cuya era ha estado marcada por las polémicas y los malos resultados.

La pasada semana, y ya con toda la NFL volcada en el draft (27-29 de abril) y en los pronósticos sobre las próximas promesas del fútbol americano, Snyder, el muy controvertido propietario de los Commanders, y un grupo de inversores encabezado por Josh Harris llegaron a un acuerdo para el traspaso de la franquicia de Washington.

Nunca antes se había pagado tanto dinero por un equipo en EE.UU. en cualquier deporte (el récord anterior en la NFL era de Rob Walton, heredero de Walmart y que desembolsó 4.650 millones en 2022 por los Denver Broncos).

Pero Harris y compañía han ido bastante más allá para hacerse con un equipo que hace aguas pero que, pese a todo, ocupa la octava posición de la lista de la revista Forbes de equipos más valiosos del mundo empatado con nada menos que los Golden State Warriors de Stephen Curry.

5.600 millones de dólares es la estimación que hace Forbes de una franquicia que, por ejemplo, aparece justo delante de unos Los Angeles Lakers que son décimos con 5.500 millones de valoración.

Harris no es un novato en el mundo de los deportes ya que es propietario de los Philadelphia 76ers (NBA) y los New Jersey Devils (NHL) y además tiene una participación en el Crystal Palace (Premier League).

También ‘Magic’ Johnson, después de convertirse en un icono universal del baloncesto, ha intentado dejar huella en los despachos deportivos y es inversor de Los Angeles FC (MLS), Los Angeles Dodgers (MLB) y Los Angeles Sparks (WNBA).

Pese a que tenían la experiencia y los millones necesarios, el grupo encabezado por Harris tuvo que imponerse en una pugna por los Commanders en la que incluso sonó como posible comprador Jeff Bezos, el fundador de Amazon.

Tendrán mucho trabajo por delante Harris y compañía ya que los antiguos Redskins, que cambiaron su nombre por los Commanders para abandonar un término ofensivo para las comunidades indígenas de EE.UU., han sido bajo el mando de Snyder una franquicia llena de desgracias.

Snyder -junto a su esposa Tanya- compró en 1999 esta franquicia por 750 millones de dólares y desde entonces la experiencia en la postemporada de los Commanders se resume rápidamente: solo se clasificaron para dos rondas divisionales (1999 y 2005) y fueron derrotados en cuatro ocasiones en el ‘wild card game’ (2007, 2012, 2015 y 2020).

El último curso no fue una excepción y, pese a interesantes brotes verdes, el equipo capitalino fue último en el Este de la Nacional con un balance de 8-8-1.

Para hurgar aún más en la herida, Washington fue el único equipo de su división que no llegó a los playoff (sí lo hicieron los Philadelphia Eagles, los Dallas Cowboys y los New York Giants).

En cualquier caso, la venta abre una oportunidad ideal a los Commanders para hacer borrón y cuenta nueva y empezar de cero dejando lo más lejos posible a Snyder.

¿Un ejemplo del aura que arrastraba? El portal deportivo The Athletic, que ahora pertenece a The New York Times, le definió recientemente como «el peor propietario del deporte profesional (en EE.UU. y Canadá)».

Las cifras tampoco engañan: bajo el ‘reinado’ de Snyder los Commanders solo ganaron el 43 % de sus partidos.

Pero ante todo, probablemente lo más dañino para la franquicia fueron las investigaciones abiertas a Snyder por la NFL y la Justicia por temas que incluyen acusaciones de acoso sexual, ambiente tóxico de trabajo o presuntas irregularidades financieras.

A falta de la aprobación final de la NFL, Snyder, todavía pendiente de cómo se resuelven esas investigaciones, parece que será pronto parte del pasado de los Commanders, pero los nuevos propietarios afrontan ahora una hercúlea tarea para resucitar a un equipo con tres Super Bowl en sus vitrinas que cada vez quedan más lejanas (1983, 1988, 1992).

David Villafranca

EFE

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