Una perspectiva fiscal de la inflación

Haivanjoe Ng Cortiñas

La inflación dominicana como fenómeno actual no resulta única, en estos tiempos todo tiene algo de algún lugar del mundo. Si confeccionamos una camisa, se importa la tela, si sembramos un plátano, traemos los fertilizantes del extranjero, si construimos un resort, se procura capital internacional, si practicamos algún deporte, al menos los tenis son de manufactura extranacional , si nos comemos un pan, el trigo con el que se elabora viene de algún rincón allende los mares, en fin, todo tiene un componente importado; de manera que, querer atribuirle al incremento de los precios la causa
importada, como factor único, no es más que una expresión del complejo de Guacanagarix.

El nivel de inflación se encamina nueva vez a dos dígitos en la presente gestión, cuando en mayo de 2021 se ubicó en un 10.48 % interanual y la de abril de 2022 fue de un 9.64 %, también interanual, nada más y nada menos que 5.64 puntos porcentuales mayor que el punto medio de la meta de inflación que es de un 4.0 %.

Las presiones inflacionarias continúan, no se tornaron transitorias como creían los bancos centrales del mundo, incluyendo el nuestro. Las previsiones no fueron exactas, tal vez por el escenario de incertidumbre que prevalece en la economía internacional y complica la medición de las variables proyectadas y todo indica que permanecerá a lo largo de todo el 2022, tanto así, que las naciones desarrolladas han reajustado hacia el alza sus previsiones de precios y hasta han recortado sus estimaciones de crecimiento económico.

El índice de precios de la FAO a abril del 2022 se situó en un 29.8 % interanual y aunque ligeramente inferior al de marzo de igual año, resulta elevado respecto al pasado reciente. Lo propio le acontece al precio del barril del petróleo en el mercado internacional, que a la fecha (23/5/22) se sitúa en US$ 110.75 el tipo WTI. Ambos indicadores son demostrativos de que las presiones inflacionarias de orden externo
prevalecen en el escenario, no dando espacio para enfriar al movimiento alcista de los precios.

Así como la tasa de inflación tiene componente internacional, de igual manera lo tiene de naturaleza local, asociado al ámbito monetario y fiscal. En anteriores opiniones por este mismo medio informativo, he presentado el comportamiento de los datos del ámbito monetario, como la evidencia que respalda la aseveración y que se alinea a innumerables trabajos internacionales que demuestran, tanto en el plano teórico, como el empírico, que la principal causa de la inflación se vincula al exceso de la cantidad de
dinero o a la oferta monetaria con respecto al tamaño de la economía.

Las referidas evidencias no necesariamente descartan la posibilidad de que la inflación pueda ser causada también por el resultado fiscal de la economía, sobre el particular, desde la década de los 90’s del siglo pasado, como nuevo enfoque macroeconómico, se desarrolló la teoría fiscal del nivel de precios. Basado en la argumentación de la teoría, que permite examinar en forma asociada la oferta monetaria con el resultado fiscal, el endeudamiento y la inflación, veremos cómo ha sido el comportamiento de esas variables para el caso dominicano en la presente coyuntura.

El panorama económico dominicano hasta previo a la pandemia mostraba crecimiento con estabilidad de precios y sin sobresalto en el saldo de la deuda pública. A partir de la llegada del COVID-19 y la parálisis económica inducida, la economía se contrajo en -6.7 %, a pesar del inicio de una política fiscal y monetaria expansiva, esta postura permitió que la referida posición de política, haya neutralizado que la caída del PIB, el empleo y la pobreza fuera mucho mayor.

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Las principales economías de los países desarrollados han tenido que reestimar sus proyecciones del 2022 hacia la baja, en lo relativo al crecimiento económico que había comenzado a lograrse como parte del inicio de la recuperación, luego de un año de caída de la economía y el empleo, asociado a la pandemia por COVID-19.

Por el lado Dominicano no se ha hecho lo mismo, la previsión del crecimiento del Producto Interno Bruto y la tasa de inflación se mantienen como originalmente se previó, un 5.5 % para el PIB y de un 4.0 % como meta de inflación.

Para el 2020 el programa monetario del Banco Central había previsto un crecimiento de la Base Monetaria (BMR) del orden de un 5.55 % y la del 2021 de un 8.8 %; mientras que, la registrada fue de un 21.0 % y de un 13.4 % para iguales años, indicativo del fuerte desvío que sufrió el indicador respecto a su métrica ancla.

La referida fuerte expansión de la BMR en los años 2020 y 2021, el ámbito de las finanzas públicas no fue capaz de poder por la vía de los ingresos tributarios, atraer como imán al exceso monetario para hacer al Estado solvente, sino, que por el contrario, provocó que el balance financiero presupuestario fuera de RD$ 338 mil millones en el 2021 y de RD$ 142 mil millones en el 2022, allanando el camino hacia la elevación de los precios que se inició en junio del 2020, cuando se colocó la tasa de inflación del mes en un 1.70 %, iniciándose desde entonces la narrativa de que la subida de precios era de carácter temporal.

Como respuesta al déficit fiscal y a mayores requerimientos de gasto público extraordinario, el endeudamiento del sector público no financiero también transitó el camino del aumento, al pasar su saldo de US$ 35,942 millones al inicio del 2020, hasta colocarse a marzo del 2022 en US$ 50,503 millones, equivalente a un incremento de US$ 14,561 millones en dos años y tres meses.

La oferta monetaria acontecida durante el 2020 y 2021, desde finales del año pasado y el presente, comenzó a ser de tipo restrictiva, colocándose en mayo en un crecimiento interanual de un 8.9 %, cuando el previsto en el programa monetario es de un 14.9 %. Sin embargo, el lado fiscal no se ha colocado a la altura de la circunstancia inflacionaria y continua gastando más de lo que le ingresa, generando un déficit fiscal en los primeros tres meses del 2022 de alrededor de RD$ 10 mil millones, olvidando que una condición para una estabilidad de precios es que el Estado sea solvente.

Los resultados de la expansión de la BMR, del déficit fiscal, el aumento de la deuda pública y el incremento de los precios, muestran evidencia de que la teoría fiscal del nivel de precios como explicación de una de las causas de la inflación dominicana, no debe ser descartada, al menos como visión complementaria al enfoque de la teoría cuantitativa del dinero en la generación de inflación.

De manera que, para el gobierno central poder contribuir a conjurar la inflación que padece la canasta familiar se hace imperativo que el gasto público se adecue al esfuerzo monetario con acciones conjuntas y el Banco Central se enfoque en su objetivo de llevar la inflación al nivel del programa monetario.

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