Ventajas y desventajas de la oposición
Por Nelson Encarnación
La ventaja que tienen los partidos opositores en la República Dominicana frente a los planteamientos que hace el presidente Luis Abinader para una concertación de amplio espectro, es que pueden alegar que el Gobierno tiene el mandato para enfrentar los desafíos actuales sin la necesidad de compartir sus responsabilidades.
Sin embargo, esta aparente ventaja opera al mismo tiempo como una desventaja, debido a que las organizaciones que hoy son opositoras, en el pasado reciente también fueron gobierno.
Es decir, han ocupado los dos roles igual al Partido Revolucionario Moderno, hoy en el papel de administrador de los negocios públicos.
En un sistema político como el dominicano, donde opera la alternancia en el poder, los partidos deberían cuidarse de no incurrir en posiciones radicales o intransigentes frente a quien dirige el país.
La razón es bien sencilla: en un próximo proceso electoral pueden invertirse los roles, situación en la cual, quien hoy niega su cooperación frente a situaciones complejas, mañana puede necesitar el concurso de quien pasó a la acera contraria.
El planteamiento del jefe del Estado tendente a articular un consenso que mejore las opciones ante el deterioro del panorama global como consecuencia de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán debe ser visto como una actitud responsable.
Si bien al Gobierno se le elige para que gobierne, tampoco podemos perder de vista que el país es de todos los ciudadanos, razón por la cual sería cuestionable que se sumergiese en una autosuficiencia que operaría contra la nación y no contra los partidos y líderes opositores.
En tal virtud, el presidente pone sobre la mesa la cuestión nacional por encima de egos, rebatiñas políticas o intereses ocasionales, y deja al criterio de la oposición si entiende que la coyuntura actual es un asunto exclusivo de quien gobierna o si, por el contrario, nos atañe a todos.
Es evidente que a las formaciones políticas dominicanas cabe lo expresado en algún momento por el presidente chileno Ricardo Lagos, quien advertía el nocivo criterio de calcular en función de las próximas elecciones y no de las próximas generaciones.
Una estrategia basada en el fracaso de quien gobierna para lucrar políticamente habla—y ha hablado siempre—muy mal de quienes asumen esa conducta.
Muchas veces los pueblos observan callados y pasan factura oportunamente.

