Un título de béisbol desata una felicidad que los venezolanos guardaron durante años
CARACAS, 19 marzo. — Hay felicidad, y luego está la felicidad venezolana. Se siente más dulce. Más ruidosa. Más profunda. Quizá porque no llega tan a menudo. O porque ha sido reprimida por las fuerzas de seguridad y autocensurada para evitar la cárcel. O porque parece, colectiva e individualmente, inalcanzable. …
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