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domingo, 8 de noviembre de 2026
   A mi primera nieta, Ianna Amelie, en sus quince años

A mi primera nieta, Ianna Amelie, en sus quince años

·8 de noviembre de 2026·12
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Por Euri Cabral

Una de los acontecimientos de mayor impacto en mi vida, que me ha dado múltiples alegrías y satisfacciones, que le ha dado un mayor significado a la familia que durante casi cuarenta años he construído junto con mi esposa Zinayda, ha sido convertirme en abuelo. Y ese relevante hecho se produjo el 11 de noviembre del 2011, cuando vino al mundo nuestra primera nieta, Ianna Amelie Cuello Cabral, que esta semana cumple sus primeros quince años.

Como muy bien dice la Biblia en Proverbios 17:6, “los nietos son coronas de los abuelos”. Eso ha sido Ianna para nosotros, una gran corona, la primera de las seis coronas que ya tenemos, la que nos hizo graduarnos de abuelos, la que nos permitió aprender a hacer el rídículo sin tener vergüenza, mientras la amábamos y tratábamos de hacerla reir en todo momento.

Cuando ella nació, hace ya 15 años, después de verla bella y sonriente en los brazos de mi hija Amelia, le escribí que, para mí y para Zinayda, ella era “un bello arcoiris de amor para nosotros, un caudal de sueños convertidos en realidad, un atardecer de sonrisas que se dibuja en nuestros labios para siempre, un gran regalo de Dios para seguir dando todo el honor y toda la gloria a Él, que es el Supremo Creador del Universo y nuestro Padre Celestial”.

Ese día, cuando su primera sonrisa puso mi corazón a latir y mis labios a hacerle coro, la miré con amor eterno y le leí algunos consejos para el desarrollo de su vida, que ella ha sabido llevar a cabo. Lo primero que le dije es que amara a Dios por sobre todas las cosas. Que amara y respetara a sus padres. Que luchara siempre porque la casa que habitara se convirtiera en un verdadero hogar, donde sienta que lo más importante no son las riquezas o los bienes terrenales, sino el amor a Dios y la comprensión que en ella se desarrolle y se multiplique.

Le pedí que siguiera el consejo del apóstol Pablo y “que nunca cansara de hacer el bien”. Que amara profundamente a su país y luchara porque sea siempre una nación que tenga temor de Dios y donde prime la justicia social y el bienestar de todos. Que nunca odiara a nadie sin importa lo que suceda, que aprendiera a perdonar como Jesús nos enseñó. Y que orara todos los días por ella misma, por sus padres, por sus abuelos y por su prójimo.

En estos quince años que cumple esta semana, Ianna Amelie ha sido consecuente y ha tratado en todo momento de seguir los consejos de su querido y quisquilloso abuelo. Ha caminado el sendero del estudio con dedicación, es uno de los soportes principales de apoyo y estímulo para sus dos hermanos menores, Juanfer e Isabella, y de su madre Amelia. Ha manejado con especial cuidado y con mucha nostalgia, la dolorosa separación de sus padres. Tiene un gran espíritu de superación en todo lo que hace y en medio del torbellino de tentaciones y locuras de la juventud en estos tiempos tan difíciles, sigue nuestro consejo de que mantenga sus ojos puestos en Jesús, el único y verdadero camino para encontrar la felicidad y la vida eterna.

Al felicitar a Ianna, quiero darle las gracias por ser la nieta pionera, la que nos enseñó a mi y a Zinayda, a ser abuelos, en esta época donde hay que luchar mucho para multiplicar los sentimientos y el amor por los demás.

Gracias del alma, querida Ianna. Contigo iniciamos la ruta de ser abuelos. Y como te dejé escrito en aquell folleto especial, ser abuelos es un verdadero milagro. Es una condición muy especial. Somos raíces que se mantienen unidas a la nueva savia que dan los nietos con su alegría y su constante trajinar. Ser abuelos es pasar má allá de la dimensión de padres para ganar un título PHD en manejar vidas compartidas.

Como abuelos, nacemos cada día en la sonrisa de nuestros nietos, en la caricia de sus manos, en las lágrimas de sus dolores y en el trasnochar de sus sueños. Los abuelos disfrutamos el día a día de nuestros nietos y nietas, aunque estén a kilómetros de distancia. Ellos representan la responsabilidad de enderezar los errores que cometimos con nuestros hijos e hijas. Son el borrador de aquellas cosas que no pudimos corregir en su momento, pero ahora podemos hacerlas diferentes. Los nietos son inspiración, son provocación, ilusión, esperanza, vida, nostalgia, ilusión, en fin, son todo en un solo momento y para siempre.

Muchas felicidades y muchas bendiciones, querida Ianna Amelie, en estos primeros quince años que ya alcanzas. Gracias por enseñarnos a ser abuelos. Nunca te separes de Jesús y que todo su amor, su gracia y su misericordia te acompañen por siempre. Te amamos y nos sentimos muy orgullos de tí, querida primera nieta. Amen.

Euri Cabral

Economista y Comunicador

euricabral07@gmail.com

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