
Aplastante victoria demócrata en Texas derriba a los líderes republicanos y rompe 32 años de dominio estatal
AUSTIN, Texas.— Los demócratas lograron en Texas el avance electoral que habían perseguido durante décadas: conquistaron un escaño en el Senado federal, la gobernación y la vicegobernación, además de ganar otras posiciones estatales y ampliar su representación legislativa, según el reporte de CNN sobre las elecciones de medio mandato.
La jornada terminó con una sucesión de derrotas para figuras centrales del poder republicano en el segundo estado más poblado de Estados Unidos. James Talarico venció al fiscal general Ken Paxton en la contienda senatorial; Gina Hinojosa derrotó al gobernador Greg Abbott, y Vikki Goodwin se impuso al vicegobernador Dan Patrick.
Después de 32 años sin ganar una elección para un cargo de alcance estatal, los demócratas pasaron de aspirar a una victoria aislada a disputar buena parte de los principales centros de decisión política de Texas. El resultado representa un severo rechazo al prolongado predominio republicano y abre una nueva etapa en la política texana.
Durante años, los candidatos demócratas habían despertado entusiasmo, reunido multitudes y recaudado importantes sumas de dinero, sin conseguir superar la mayoría conservadora. Esta vez, el desenlace excedió incluso las expectativas de dirigentes que habían trabajado durante mucho tiempo para modificar ese equilibrio.
La representante demócrata por Houston, Lizzie Pannill Fletcher, expresó a CNN durante la madrugada del miércoles su sorpresa por la amplitud del triunfo. Señaló que, aunque el partido había realizado un esfuerzo considerable, la magnitud de los resultados superaba lo que muchos podían imaginar.
Talarico, Hinojosa y Goodwin encabezan el vuelco
Entre los demócratas existía confianza en las posibilidades de Talarico, representante estatal de Austin, frente a Paxton. Sin embargo, había mayores dudas sobre la capacidad de Hinojosa, también legisladora estatal por Austin, para desplazar a Abbott, quien buscaba un cuarto mandato consecutivo y destinó más de 140 millones de dólares a la contienda contra ella, de acuerdo con CNN.
La victoria de Goodwin añadió otra dimensión al cambio. La representante estatal de Austin derrotó a Patrick, una de las figuras más influyentes del republicanismo texano y presidente del Senado estatal, quien durante la última década había utilizado su estrecha relación con Donald Trump para impulsar una transformación conservadora de la política local.
Para la madrugada del miércoles, Paxton, Abbott y Patrick habían reconocido sus derrotas. Las concesiones contrastaron con el tono de seguridad con el que durante años habían presentado la superioridad electoral de su partido frente a los demócratas.
El estratega demócrata Michael Kolenc, que trabajó para Goodwin, atribuyó parte del éxito a la capacidad de los candidatos para relacionar asuntos nacionales, como la guerra con Irán y los aranceles, con las preocupaciones concretas de las familias texanas.
Según su interpretación, el aumento de los costos y el deterioro del poder adquisitivo facilitaron un mensaje de cambio. Kolenc sostuvo, además, que los demócratas consiguieron vincular a Paxton, Patrick y Trump con cuestionamientos sobre corrupción y presentar la continuidad republicana como perjudicial para los bolsillos de los votantes.
El estratega describió el nuevo escenario como una modificación profunda de la política estatal, con consecuencias que trascienden los cargos ganados en esta elección.
Más triunfos y una mayoría legislativa todavía en disputa
El avance demócrata continuó durante las primeras horas del miércoles con la victoria en la elección para comisionado de ferrocarriles. En esa contienda, el republicano Bo French había generado una controversia nacional en septiembre por una publicación xenófoba en redes sociales sobre estudiantes asiáticos de la Universidad de Texas en Austin.
Al mismo tiempo, los demócratas sumaban puestos en la Cámara de Representantes estatal, lo que mantenía abierta la posibilidad de alcanzar la mayoría. El reporte no daba por definido ese control legislativo, por lo que el alcance final del cambio seguía dependiendo de las contiendas pendientes.
Aunque el ambiente nacional favorecía a los demócratas, la experiencia de elecciones anteriores había alimentado la cautela dentro del partido en Texas. Varias campañas que parecían capaces de romper la hegemonía republicana terminaron en derrotas.
Uno de los antecedentes más recordados fue la candidatura de Beto O’Rourke al Senado en 2018. El excongresista de El Paso movilizó a numerosos simpatizantes y despertó expectativas nacionales, pero perdió frente al republicano Ted Cruz por menos de tres puntos porcentuales.
Tras conocer los resultados de esta jornada, O’Rourke expresó su orgullo por Texas y por el país. En un mensaje de texto enviado durante la madrugada, destacó el trabajo acumulado durante años por numerosas personas y atribuyó un papel decisivo a las campañas de Hinojosa y Talarico, a quienes reconoció haber respondido a las exigencias del momento.
Republicanos admiten un rechazo a su continuidad
La amplitud de las derrotas provocó conmoción entre dirigentes republicanos que durante mucho tiempo habían descalificado a los principales candidatos demócratas por considerarlos demasiado liberales para Texas y dependientes del financiamiento procedente de otros estados.
La presidenta del Partido Republicano de Texas, D’rinda Randall, anunció en un comunicado que la organización analizará con honestidad lo ocurrido, aprenderá de las derrotas y trabajará para recuperar su fortaleza.
El vicepresidente del partido, David Covey, ofreció una valoración más directa en la red social X: interpretó los resultados como un rechazo de los electores a la continuidad republicana y una advertencia para la organización.
También hubo críticas desde las propias candidaturas derrotadas. Don Huffines responsabilizó a los sectores moderados, pero dirigió parte de sus cuestionamientos contra Abbott y Patrick por intentar conseguir cuartos mandatos en un contexto de desgaste de quienes llevaban años en el poder.
Huffines sostuvo que los votantes estaban cansados del dominio republicano y señaló las dificultades del partido para presentar promesas convincentes después de tanto tiempo gobernando. Como ejemplo, mencionó las propuestas de reducción del impuesto a la propiedad, que podían llevar a los ciudadanos a preguntarse por qué esas medidas no se habían ejecutado antes.
El candidato derrotado advirtió, además, que recuperar Texas podría resultar extremadamente difícil. Su reacción retomó una preocupación histórica del republicanismo: que una victoria demócrata de esta magnitud permita a sus adversarios consolidar una presencia duradera y convertir al estado en un territorio competitivo en las elecciones presidenciales.
Fletcher coincidió en que el resultado coloca a Texas en una posición central dentro del mapa político nacional. A su juicio, la posibilidad de que un mismo partido gane Texas y California modificaría de forma considerable los cálculos para alcanzar la Presidencia de Estados Unidos.
