
Charles Krauthammer: Del momento unipolar al nuevo orden mundial
Juan Temístocles Montás
El 1 de enero de 1990, Charles Krauthammer publicó en la revista Foreign Affairs un artículo titulado The Unipolar Moment (El Momento Unipolar), que constituyó uno de los textos más influyentes del pensamiento estratégico posterior a la Guerra Fría. Su tesis central era que el colapso de la Unión Soviética no conduciría inmediatamente a un mundo multipolar, como muchos pronosticaban, sino a un momento unipolar: una etapa en la que Estados Unidos sería la única superpotencia con capacidad para proyectar poder militar, económico, tecnológico y político en cualquier región del planeta.
Lo expresó de manera clara: “El mundo inmediatamente posterior a la Guerra Fría no es multipolar, sino unipolar. El centro del poder mundial es la superpotencia indiscutible, Estados Unidos, con el apoyo de sus aliados occidentales”.
Treinta y seis años después, en 2026, ese optimismo unipolar ha sido sustituido por un escenario de fragmentación, rivalidad sino-estadounidense y reordenamiento de los bloques económicos y militares.
En 1990, Estados Unidos emergía como la superpotencia global bajo la promesa del llamado “fin de la historia” liberal. La economía estadounidense era el centro casi exclusivo del sistema mundial. Estados Unidos no tenía rival. Era la potencia económica, militar y tecnológica dominante. La Unión Soviética estaba en proceso de desintegración; China era la undécima economía del mundo y apenas representaba el 1.76% del PIB mundial; Rusia atravesaba una profunda crisis; Europa dependía de Estados Unidos para su seguridad y Japón, que era la segunda economía mundial y representaba el 14% del PIB global, era un gigante económico, aunque sin un poder militar equivalente.
Impulsados por Estados Unidos, los años noventa consagraron la globalización económica como paradigma dominante, simbolizada por la creación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995, que institucionalizó la liberalización comercial multilateral. Se promovieron los acuerdos de libre comercio, la apertura financiera, las privatizaciones, el respeto a las reglas del juego y la democracia liberal.
Hoy el panorama es muy distinto. China se ha convertido en la segunda economía mundial en dólares corrientes —la primera en paridad de poder adquisitivo—, líder en manufactura, comercio, infraestructura y varias tecnologías estratégicas. Es el principal socio comercial de más de 120 países, desplazando a Estados Unidos y a la Unión Europea en amplias regiones de África, Asia Central y América Latina.
La producción se movió a Asia, región que concentra la mayor parte del crecimiento económico mundial. Rusia, aunque económicamente limitada, ha recuperado capacidad militar y voluntad para desafiar el orden occidental. India emerge como una gran potencia demográfica, tecnológica y geopolítica. Brasil, Rusia, India y China crearon en 2006 el BRIC, que posteriormente se transformó en BRICS con la incorporación de Sudáfrica. Su objetivo inicial fue desafiar el predominio económico, financiero y político de las potencias occidentales, representadas por el G7 y lideradas por Estados Unidos.
Hoy los BRICS, ampliados con nuevos miembros, superan el 40% del PIB mundial medido en paridad de poder adquisitivo, mientras el G7 representa menos del 29%, según el Fondo Monetario Internacional.
Estamos en un mundo muy diferente al de 1990. El resultado ya no es una unipolaridad, sino una competencia estructural entre varias grandes potencias.
En el contexto de estos cambios observamos el debilitamiento del respeto a las reglas que durante décadas rigieron el comercio internacional, el regreso del proteccionismo, la política industrial, los subsidios, el nacionalismo económico y la competencia tecnológica. Estados Unidos, que hace treinta años criticaba esas políticas, hoy las aplica.
Krauthammer tuvo razón en dos aspectos fundamentales. Primero, acertó al afirmar que el mundo posterior a la Guerra Fría no sería inmediatamente multipolar. Durante casi tres décadas Estados Unidos ejerció una primacía sin precedentes. Segundo, también anticipó que esa situación no sería permanente. El propio título de su ensayo hablaba de un “momento” unipolar, no de un orden eterno.
Sin embargo, visto desde 2026, Krauthammer no previó tres procesos históricos: primero, el extraordinario ascenso económico y tecnológico de China, que pasó de ser una economía periférica a convertirse en el principal competidor estratégico de Estados Unidos; segundo, la resiliencia de Rusia, que, pese a su debilidad económica tras la desaparición de la Unión Soviética, recuperó capacidad para desafiar militarmente a Occidente; y tercero, la transformación de la globalización en un instrumento de rivalidad geopolítica, donde las cadenas de suministro, la tecnología, la energía y las finanzas dejaron de ser simples mecanismos económicos para convertirse en herramientas de poder.
