¿Cómo podría reinventarse el periodismo?

Nic Newman .
Correo de la UNESCO
La prensa tradicional se tambalea en todo el mundo. La inteligencia artificial (IA) está transformando la forma en la que las personas se informan, mientras las plataformas sociales privilegian el entretenimiento y los contenidos acerca de personajes famosos por encima de las noticias institucionales.
Las audiencias se fragmentan, la confianza se erosiona y los periodistas se enfrentan a una precariedad cada vez mayor. Al mismo tiempo, la desinformación, amplificada por algoritmos concebidos para captar audiencias, avanza. En ese contexto cada vez más competitivo y confuso, el periodismo se encuentra acorralado entre la espada y la pared.
Sin embargo, en un mundo condicionado por la inestabilidad geopolítica, el cambio climático, las guerras, las migraciones y la incertidumbre económica, los ciudadanos necesitan más que nunca recibir informaciones fiables para comprender los acontecimientos y tomar decisiones con sentido. El reto actual del periodismo no consiste tanto en sobrevivir a la transformación tecnológica, como en adaptarse sin sacrificar los valores.
El retroceso de la prensa tradicional
Una de las tendencias más importantes de la última década es la pérdida de influencia de la prensa tradicional, especialmente entre los jóvenes. La audiencia de las noticias televisadas va envejeciendo, la prensa escrita declina y hasta los sitios web digitales tienen dificultades para retener a sus usuarios. Cada vez más gente accede a la actualidad a través de redes sociales, plataformas de vídeo, aplicaciones, sitios que recopilan noticias y motores de búsqueda alimentados por la IA.
Según el Digital News Report 2025 del Instituto Reuters, las personas que se informan a través de las redes sociales ya son más que las que lo hacen a través de la televisión. Es la primera vez que ocurre algo así en Estados Unidos. En todo el mundo, casi la mitad de los menores de 25 años declara que las redes sociales son su fuente principal de información, una tendencia especialmente notoria en África, América Latina y algunas zonas de Asia.
Casi la mitad de los menores de 25 años declara que las redes sociales son su fuente principal de información
En paralelo, la IA generativa transforma el acceso a la información. Estas nuevas herramientas pueden resumir y sintetizar contenidos sin que el usuario tenga que consultar las fuentes originales. Los órganos de prensa, que durante mucho tiempo han dependido del tráfico generado por los motores de búsqueda para atraer lectores e ingresos publicitarios, estiman que van a perder casi la mitad de esa actividad comercial en los próximos años, según el estudio Digital Trends 2026 [Tendencias digitales], publicado por el Instituto Reuters.
Economía de la atención
Esas transformaciones tienen lugar al mismo tiempo que el negocio periodístico lucha por captar la atención de los usuarios, en un contexto saturado de informaciones, entretenimientos y distracciones de todo tipo. En esa ‘economía de la atención’, la competencia no procede solamente de otros medios de comunicación, sino también de creadores de contenido, influencers, streamers, emisores de podcasts y otros canales concebidos para atraer a la audiencia.
En realidad, la actualidad noticiosa y la política cada vez tienen menos seguidores. Según el Digital News Report 2025, a escala internacional, cuatro de cada diez personas declaran que a veces o a menudo evitan las informaciones, en comparación con el 29% que afirmaba hacerlo en 2017. Esos entrevistados explican que los noticiarios suelen provocarles un sentimiento de impotencia, agotamiento, ansiedad o depresión. Otros consideran que la cobertura informativa es repetitiva, demasiado negativa o desfasada en relación con su vida cotidiana. Esa desconexión constituye una amenaza para el periodismo, pero también para la propia democracia: cuando los ciudadanos se desmarcan de la información pública, quedan más expuestos a la manipulación, las teorías conspirativas y los relatos polarizantes.
Una confianza menguante
Durante muchas décadas, los medios de comunicación han asentado su autoridad en la fuerza de sus marcas institucionales y en la claridad de sus normas editoriales. Pero actualmente, en muchos de los países más poblados, esta confianza está cayendo. Hoy en día, muchos sectores, particularmente los jóvenes, confían más en los individuos que en las instituciones. Los creadores de contenido, emisores de podcasts, youtubers e influencers han llegado a ser voces altamente influyentes en el ámbito público.
Los creadores de contenido, emisores de podcasts, youtubers e influencers han llegado a ser voces altamente influyentes en el ámbito público
Algunos de esos comunicadores producen un periodismo de calidad que cuenta con muchos seguidores. Otros se especializan en comentarios, activismos o periodismo de opinión. Pero, contrariamente a lo que ocurre con los periodistas tradicionales, esos creadores rara vez están sujetos a líneas editoriales, exigencias de transparencia u obligaciones de proporcionar una información ponderada y verificable. Así, las fronteras entre periodismo, entretenimiento y opinión tienden a difuminarse.
Esta ‘economía de creadores’ se ha acelerado por la evolución de las plataformas. Las redes sociales son cada vez menos sociales y más algorítmicas. Con frecuencia creciente, los usuarios ven u oyen contenidos que no proceden de los profesionales a los que creen seguir, sino de creadores escogidos por sistemas de recomendación gestionados por la IA. En este contexto, los contenidos basados en personajes famosos suelen funcionar mejor que los reportajes, porque son más entretenidos y, además, parecen más auténticos y más cercanos al público.
Confrontados a estas tendencias, los medios de comunicación tradicionales no se han quedado cruzados de brazos. Algunos invierten más recursos en podcasts, boletines informativos y vídeos, así como en un periodismo que se apoya en celebridades. Otros alientan a sus profesionales a establecer relaciones directas con la audiencia. Los órganos de prensa que antes desdeñaban la importancia de los periodistas individuales -como la revista británica The Economist- ahora colocan a rostros célebres y biografías de famosos en el centro de su estrategia de comunicación.
Contenidos ultrafalsos (deepfakes) y voces sintéticas
Al mismo tiempo, los bulos y la desinformación van tomando posiciones. Nuestro estudio Digital News Report indica que la inquietud del público ante los contenidos falsos o engañosos va en aumento. Más de la mitad de las personas interrogadas (el 58%) afirman que les resulta difícil distinguir lo verdadero de lo falso en las noticias que circulan en línea.
La IA generativa amenaza con agravar este fenómeno porque reduce drásticamente el costo de producción de materiales falsos, ya sean textos, imágenes o ficheros de audio o vídeo. Los contenidos ultrafalsos (deepfakes), las voces sintéticas y la propaganda generada mediante la IA ya han hecho su aparición en las campañas políticas, pero el mayor peligro reside probablemente en el volumen de material: Internet corre el riesgo de verse arrastrada por una marea de contenidos de escasa calidad, sensacionalistas o engañosos. Si los ciudadanos ya no saben cuáles son las fuentes fiables, la autoridad del reportaje profesional podría debilitarse aún más.
Al mismo tiempo, los ataques contra los periodistas y los medios independientes se recrudecen en muchos países. Profesionales que ya tenían que afrontar la disminución de sus ingresos, la precariedad y la reducción de efectivos en las redacciones, ahora se enfrentan al creciente acoso que se manifiesta en Internet. El periodismo local se ve especialmente afectado por esta tendencia y, en muchos lugares, los ‘desiertos mediáticos’ crecen a medida que los medios de prensa más modestos cierran o reducen su cobertura.
Nuevos formatos
Y, sin embargo, a pesar de las circunstancias, el negocio de la información va demostrando su capacidad de adaptación, y su supervivencia depende en gran medida de ello. Los sondeos internacionales ponen de relieve la existencia de una fuerte demanda a favor de un periodismo preciso, imparcial, transparente y de calidad. El público quiere reportajes capaces de analizar temas complejos y proporcionar información fiable.
Los sondeos internacionales ponen de relieve la existencia de una fuerte demanda a favor de un periodismo preciso, imparcial, transparente y de calidad
El público joven prefiere hoy los formatos en vídeo y audio. En particular los podcasts han llegado a ser un espacio importante de matización, profundidad y proximidad, en una época en que buena parte de la comunicación en línea parece rápida, fragmentada y polarizada. El periodismo en vídeo, los boletines informativos, los formatos interactivos y los relatos expuestos en diversos soportes pueden proporcionar un periodismo más interesante, sin necesidad de sacrificar los contenidos.
Al mismo tiempo, algunos órganos de prensa experimentan con formatos como el periodismo didáctico, los reportajes centrados en soluciones o los enfoques comunitarios. La cobertura de temas como el cambio climático, por ejemplo, pretende aportar explicaciones más claras y soluciones prácticas.
El auge de las colaboraciones periodísticas transfronterizas es otra tendencia destacada. Las organizaciones de prensa colaboran cada vez más para abordar investigaciones con ramificaciones internacionales que ninguna redacción podría llevar a cabo fácilmente por sí sola. Redes como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) o como Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP) han coordinado reportajes sobre delincuencia, cuestiones medioambientales o desinformación en varios países.
Otros grupos como Bellingcat, con sede en los Países Bajos, han sido pioneros en la verificación de hechos y en investigaciones basadas en fuentes abiertas, combinando el trabajo de profesionales de la información con una red de voluntarios y periodistas ciudadanos. Este tipo de colaboraciones contribuye a reforzar el alcance del periodismo de interés público, en una época en la que muchas redacciones se enfrentan a presiones económicas y políticas.
En este contexto, algunos editores redescubren el valor de un periodismo más lento y reflexivo. Los diarios británicos The Guardian y The Financial Times han reducido considerablemente el número de artículos que publican sin haber perdido la fidelidad de sus lectores. El sitio danés de ‘noticias lentas’ Zetland ha extendido su presencia mediante antenas locales establecidas en Finlandia y Noruega.
También la IA podría aportar soluciones, ayudando a los periodistas a analizar datos, personalizar formatos, traducir contenidos y automatizar determinadas tareas. Usadas de manera responsable, esas tecnologías podrían dejar más tiempo libre para elaborar reportajes de investigación y relatos biográficos. Pero todo eso exigirá normas éticas claras, transparencia, control editorial y responsabilidad pública.
En definitiva, el futuro del periodismo va a depender menos de la tecnología y más de la capacidad que tengan las entidades mediáticas para reconstruir relaciones de confianza con sus usuarios. Los medios de comunicación siguen siendo una de las pocas instituciones consagradas a verificar la información en aras del interés público. En un ecosistema informativo polarizado y fragmentado, esa función resulta aún más esencial. Iniciativas como BBC Verify se han creado con el propósito de explicar mejor al público los procesos de verificación, y los métodos de indagación de fuente abierta exponen también de qué modo la transparencia puede reforzar la confianza.
La crisis actual del periodismo no es únicamente una historia de decadencia. Es también una historia de transición. Las modalidades, los formatos y los modelos económicos evolucionan, pero la necesidad fundamental de que exista una información fiable perdura. Si el periodismo logra adaptarse a las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, consigue permanecer fiel a sus principios fundamentales: precisión, equidad, transparencia e independencia, será capaz, sin duda, de dialogar con las nuevas generaciones.
Nic Newman, Investigador asociado sénior del Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo de la Universidad de Oxford (Reino Unido), Newman fue el autor principal del Digital News Report [Informe sobre noticias digitales] de 2012 a 2025. Es también autor de un informe anual sobre las tendencias del periodismo, los medios de comunicación y las tecnologías.
