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miércoles, 2 de septiembre de 2026
Cuba abre el año escolar entre apagones, escasez de combustible y falta de maestros

Cuba abre el año escolar entre apagones, escasez de combustible y falta de maestros

·1 de septiembre de 2026·6

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Santo Domingo, 1 sept.– Cerca de 1.4 millones de estudiantes cubanos comenzaron este martes el nuevo año escolar en medio de una profunda crisis económica marcada por prolongados apagones, falta de combustible, dificultades en el suministro de agua y escasez de maestros, uniformes, alimentos y materiales educativos.

Más de 10,000 escuelas estaban preparadas para recibir a los alumnos y a unos 135,000 docentes, en un inicio de clases que la ministra de Educación, Naima Trujillo Barreto, calificó como un “acto heroico”, dadas las graves limitaciones que enfrenta la isla.

La educación gratuita y universal ha sido considerada durante décadas uno de los principales logros de la Revolución cubana de 1959. Sin embargo, el deterioro económico obligó al Gobierno a concluir el período escolar anterior en junio, un mes antes de lo previsto.

Desde entonces, las condiciones han empeorado debido a la persistente escasez de electricidad, agua y carburantes, agravada por el cerco estadounidense a los suministros petroleros y las sanciones económicas impuestas desde hace décadas.

La realidad de la familia Barroso, residente en Las Minas, provincia de La Habana, refleja las dificultades que afrontan miles de hogares. Sus integrantes se levantaron antes del amanecer y engancharon un carro a un caballo prestado para llevar a sus hijas a la escuela porque los autobuses escolares no están funcionando.

La familia perdió recientemente su propio caballo, luego de que desconocidos lo robaran y sacrificaran para consumir su carne. Desde entonces, depende de un animal facilitado por otra persona para transportarse.

“Este año escolar ha sido el más desastroso”, lamentó Leanete Barroso, madre de dos niñas.

Antes del amanecer del martes, numerosos niños tuvieron que lavarse los dientes y prepararse para asistir a clases utilizando las luces de teléfonos celulares y lámparas recargables.

Las hermanas Barroso habían pasado una noche difícil. Tuvieron que dormir junto con su madre fuera de su pequeña vivienda de madera y techo de zinc, después de que el ventilador recargable se quedara sin energía y el calor hiciera insoportable permanecer dentro de la casa.

Sheila Ramírez Barroso, de 15 años y la mayor de las hermanas, pidió a sus padres que la dejaran antes de llegar al centro educativo para evitar que sus compañeros la vieran trasladándose en un carro tirado por un caballo.

Mientras las escuelas abrían sus puertas, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, destacó en la red social X el inicio de la docencia como un logro frente a lo que describió como un plan estadounidense de estrangulamiento económico.

El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, afirmó también que el bloqueo energético, las amenazas y el endurecimiento de las sanciones no impedirán que Cuba preserve y desarrolle los logros de la Revolución.

Al llegar a las escuelas, los estudiantes saludaron la bandera cubana y entonaron el himno nacional, en una jornada cargada de mensajes oficiales sobre resistencia y defensa del sistema educativo.

Escasez de maestros

La falta generalizada de docentes obligó al Gobierno a trasladar a más de 3,000 profesores desde las provincias orientales hacia centros escolares de La Habana.

La cobertura docente descendió hasta el 73% en toda la isla. Las autoridades atribuyen las vacantes principalmente a los bajos salarios y a la emigración de numerosos profesionales.

Ante la situación, la ministra Trujillo Barreto solicitó la colaboración de estudiantes universitarios, profesionales y jubilados que estén en condiciones de impartir docencia.

La funcionaria invitó a todas las personas que puedan realizar algún aporte a integrarse a las aulas, especialmente a los retirados con experiencia en materias específicas que todavía puedan enseñar a los niños.

Entre quienes respondieron al llamado se encuentra la bibliotecaria Sura Victorero Llerena, quien se jubiló este año, pero decidió regresar a la escuela donde trabajó durante 39 años.

Victorero Llerena explicó que volvió porque desea ayudar y considera que la comunidad educativa funciona como una familia cuyos integrantes deben colaborar para garantizar que las actividades se desarrollen adecuadamente.

Alimentos y uniformes insuficientes

Los padres y representantes del sector privado también deberán colaborar con la alimentación de los estudiantes. De acuerdo con medios estatales, algunas escuelas solo cuentan con provisiones suficientes para unos 15 días.

Los uniformes tampoco están disponibles en las cantidades necesarias. Al comenzar el período escolar, la producción apenas cubría el 12% de la demanda correspondiente al nivel primario.

La ministra de Educación explicó que los talleres no pueden operar sin electricidad y que la escasez de combustible impide transportar las telas entre diferentes lugares del país. A esto se suma la falta de recursos económicos y las dificultades para importar los tejidos.

Ante estas limitaciones, los alumnos podrán asistir a las aulas con ropa cómoda, aunque deberán utilizar las tradicionales pañoletas rojas o azules que forman parte del uniforme escolar cubano.

Familias asumen nuevos gastos

Un día antes del inicio de las clases, Yurima Izaguirre intentó colocarle a la menor de sus tres hijos el uniforme utilizado durante el año anterior. La falda color vino ya estaba casi demasiado pequeña para la niña de siete años.

Izaguirre advirtió que su hija podría sentirse sofocada dentro del aula debido a la estrechez del uniforme y las elevadas temperaturas.

La madre no pudo conseguir ropa escolar nueva para sus dos hijas, aunque logró encontrar dos pantalones cortos para su hijo. Tampoco tuvo dinero suficiente para comprar zapatos debido al fuerte aumento de los precios.

Por primera vez, Izaguirre se vio obligada a adquirir los materiales escolares de sus tres hijos, debido a que el Gobierno no pudo suministrarlos como en años anteriores.

Su mayor preocupación es tener que preparar diariamente el almuerzo de los niños durante la semana escolar, otra responsabilidad que las familias no habían tenido que asumir previamente.

Izaguirre y su esposo, quien trabaja como salvavidas, planean enviar a sus hijos alimentos dentro de sus posibilidades económicas, principalmente pasta, atún y mayonesa, procurando que las provisiones duren el mayor tiempo posible.

Antes del comienzo de las clases, también pidió a sus hijos llevar pequeños ventiladores recargables identificados con sus nombres para soportar temperaturas superiores a los 32 grados Celsius.

La familia, al igual que numerosos hogares cubanos, afronta apagones diarios que pueden superar las 20 horas. Debido a la falta de electricidad, deben recargar los ventiladores en la vivienda de un vecino que les ofrece ayuda.

La extensión de las vacaciones, causada por la conclusión anticipada del período escolar anterior, también representó una dificultad. La familia acostumbraba visitar la playa, parques o el zoológico, pero la falta de transporte provocada por la escasez de combustible impidió esos desplazamientos.

Como alternativa, Izaguirre organizó meriendas y encuentros familiares debajo de un árbol cercano a su residencia.

La mujer reconoció que las dificultades de la vida cotidiana la han afectado profundamente, aunque aseguró que sus hijos le proporcionan la fortaleza emocional necesaria para continuar.

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