
Deportados desde Estados Unidos llegan a Haití sin recursos y expuestos al dominio de las pandillas
CAP-HAITIEN, Haití, 8 sept.- Cientos de haitianos deportados durante las últimas semanas desde Estados Unidos han regresado a un país sumido en una profunda crisis de seguridad y humanitaria, muchos de ellos sin dinero, sin familiares que puedan recibirlos y sin un lugar seguro donde establecerse.
La situación fue documentada por la periodista Frances Robles, en un reportaje publicado por la edición en español de The New York Times, que describe la incertidumbre enfrentada por quienes son enviados de vuelta a Haití después de haber residido durante años, e incluso décadas, en territorio estadounidense.
Algunos de los deportados aseguran que llegaron sin un centavo y prácticamente abandonados a su suerte en un país que apenas reconocen. Varios dejaron en Estados Unidos a sus hijos, parejas y otros familiares, además de empleos y pertenencias que no pudieron recuperar antes de ser expulsados.
Los vuelos aterrizan en Cap-Haitien, en el norte del país, debido a que el aeropuerto internacional Toussaint Louverture de Puerto Príncipe es considerado demasiado peligroso. La capital haitiana y sus alrededores permanecen bajo la influencia de organizaciones criminales que dominan carreteras, comunidades y puntos estratégicos.
El peligro no desaparece después del aterrizaje. Los retornados deben encontrar por sus propios medios alojamiento y transporte hacia sus lugares de origen, aunque muchos temen desplazarse por rutas controladas por las pandillas. Otros no tienen familiares cercanos en Haití o perdieron el contacto con ellos durante su prolongada permanencia en Estados Unidos.
Las deportaciones aumentaron después de que la administración del presidente Donald Trump consiguió respaldo judicial para poner fin al Estatus de Protección Temporal, conocido como TPS, que amparaba a unos 350,000 haitianos.
Ese programa permitía a sus beneficiarios vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos debido a las condiciones extraordinarias existentes en Haití, entre ellas la violencia, la inestabilidad política y los desastres naturales. Su cancelación dejó a miles de personas expuestas a ser detenidas y posteriormente expulsadas.
Entre los enviados a Haití figuran antiguos beneficiarios del TPS y personas que cumplieron condenas en cárceles estadounidenses. Las autoridades haitianas, sin embargo, carecen de los recursos necesarios para ofrecerles una asistencia prolongada o garantizarles protección una vez que abandonan las instalaciones donde son recibidos.
Más de 160 personas llegaron a Cap-Haitien en uno de los primeros vuelos realizados después de la terminación del programa migratorio. Posteriormente, Estados Unidos comenzó a enviar vuelos con mayor frecuencia, hasta convertir las operaciones, que anteriormente se efectuaban aproximadamente una vez al mes, en traslados semanales.
El 3 de septiembre arribó otro avión con 101 deportados. Durante las dos semanas anteriores, más de 200 personas habían sido enviadas a Haití en vuelos separados, según informaciones proporcionadas por funcionarios haitianos y organizaciones dedicadas a vigilar las operaciones migratorias estadounidenses.
Algunos deportados ocultaron sus rostros al descender de los aviones por temor a ser reconocidos o señalados. Activistas explicaron que las personas regresadas desde Estados Unidos pueden ser consideradas por los delincuentes como poseedoras de dinero, lo que las convierte en posibles objetivos de secuestros, robos y extorsiones.
Las organizaciones defensoras de los migrantes cuestionan que Estados Unidos continúe realizando deportaciones hacia un país donde el propio Gobierno estadounidense mantiene advertencias de viaje y restricciones sobre las operaciones aéreas.
Haití atraviesa una de las etapas más violentas de su historia reciente. Las pandillas controlan aproximadamente el 70 por ciento de Puerto Príncipe y han extendido su presencia hacia otras regiones. La violencia ha obligado a cerca de 1.5 millones de personas a abandonar sus hogares y durante el primer semestre de 2026 se reportaron más de 3,050 muertes.
La crisis no se limita a los deportados desde Estados Unidos. Naciones Unidas informó que cerca de 200,000 personas fueron retornadas de manera forzosa a Haití desde distintos países durante los primeros ocho meses de 2026, unas 20,000 más que en el mismo periodo del año anterior. Reuters señaló que estas expulsiones ocurren mientras la violencia armada continúa agravándose.
Las instituciones haitianas encargadas de recibir a los deportados intentan proporcionarles alimentos, orientación y asistencia básica, pero admiten que sus capacidades son muy limitadas. Una vez fuera de los centros de recepción, cada persona debe resolver dónde dormir, cómo alimentarse y de qué manera reunirse con familiares, si todavía conserva algún vínculo en el país.
Para muchos, la deportación representa no solo la pérdida de su vida en Estados Unidos, sino también el comienzo de una existencia incierta en un Haití donde el Estado no puede garantizarles seguridad, trabajo ni alojamiento.
Fuente: The New York Times
