Diez riesgos y desafíos para la economía dominicana

Por MAGÍN J. DÍAZ

El país enfrenta numerosos riesgos y retos y  al finalizar el año me permito citar diez, sin que esta lista sea exhaustiva ni esté ordenada por el grado de importancia de los temas, que por cierto no son de fácil solución. Ni un Gobierno ni un partido político pueden enfrentarlos solos, por lo que se requieren grandes esfuerzos conjuntos de la sociedad.

Haití: El hecho de que el país más pobre de América Latina y el de mayor crecimiento económico compartan una pequeña isla ya de por sí es un problema. Solo ese factor genera flujos de migración que a la larga resultan insostenibles. Ahora todo se ha agravado con el colapso total del Estado haitiano.

Contexto Internacional: Aunque hay buenas noticias en los últimos meses con la reducción de los precios de los fletes, del petróleo y de los productos agropecuarios; el panorama internacional sigue muy complicado con la persistencia de la inflación en los países desarrollados, el aumento de las tasas de interés a nivel mundial y la posibilidad de una recesión global en el 2023.

El choque de inflación y las presiones de aumentos salariales: Una combinación que conlleva un reto no solo para el Gobierno, que ha dedicado toda su energía a combatir los altos precios, sino para las personas, con su capacidad de compra reducida, y para las empresas, expuestas a revisiones de los sueldos de sus colaboradores.

El sector eléctrico: Esto no amerita mucha explicación. Cincuenta años de crisis permanente. Cuando no es la distribución es la generación. Y cuando se piensa que hay una luz al final del camino, entonces viene un choque de precios externos que da al traste con cualquier avance.

El problema fiscal: Sigue siendo el mismo de siempre. El déficit del Gobierno es el mismo de las últimas décadas, pero ahora con menos inversión pública. Esto tiene implicaciones políticas importantes. Las presiones que tiene el Gobierno para aumentar el gasto son inmensas y la falta de inversión en infraestructura impacta el crecimiento económico en el largo plazo.

La desigual carga tributaria: Bajo cualquier métrica que se utilice, la presión tributaria de nuestra economía es baja. De eso no hay dudas. Pero tampoco hay dudas de que está muy mal distribuida. ¿Hasta cuándo es sostenible que unos cuantos sectores paguen y otros no?

Soluciones financieras a problemas económicos: Siempre los políticos van a estar tentados a posponer las soluciones de alto costo político. Aumentar los impuestos y bajar los gastos lo tiene. Recurrir a soluciones financieras ha hecho ganar tiempo. Pero solo eso.

La corrupción: Los últimos indicadores internacionales nos siguen colocando como un país de alta corrupción. Esto era de esperarse. La lucha contra este mal toma tiempo y lo que se ha visto hasta ahora es que la corrupción es sistémica y no exclusiva de un partido político. El aura de superioridad moral de algunos funcionarios se ha ido desinflando en la medida en que sus propios compañeros se han visto envueltos o han sido señalados en casos cuestionables. Hoy más que nunca el Presidente necesita del apoyo de la sociedad.

La alta desigualdad afecta la cohesión social, el crecimiento económico, el bienestar y la buena convivencia. El brote de delincuencia y criminalidad se debe en parte a esto y el Gobierno parece no tener respuestas en el corto plazo. Pero la preocupación es mayor porque la desigualdad se va resolviendo a lo largo del tiempo con educación y no hay mejoría en este sentido.

El cambio climático: Se trata de una realidad que el mundo debe enfrentar y eso implica recursos y planificación. Es difícil para un país pequeño porque constituye un fenómeno global.

Sin embargo, creo que hay razones para el optimismo. A nivel macro el país se ve mucho mejor que la mayoría de los países de América Latina. Gozamos de estabilidad política, económica y social. Los partidos políticos no tienen ideologías extremas, lo cual ayuda enormemente a atraer inversión extranjera de largo plazo, al turismo y a los flujos de capitales.

En el corto plazo no hay riesgo de una crisis macroeconómica. El Banco Central tiene credibilidad y cuenta con altas reservas internacionales. El sistema financiero exhibe excelentes indicadores de liquidez y solvencia. Somos una economía de alto crecimiento y pocas crisis.

Un paquete de reformas estructurales, económicas, sociales y políticas puede ayudarnos a convertir el crecimiento en desarrollo y a enfrentar los retos de las próximas décadas

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