
¿Dónde están los empleos formales?
Yulibelys Wandelpool
El Gobierno ha presentado como una buena noticia que durante 2025 el empleo formal en la República Dominicana promedió un 45.9 %, destacando además una mayor incorporación de mujeres y jóvenes al mercado laboral formal. Y ciertamente, todo avance en materia de formalización debe valorarse, porque detrás de un empleo formal hay acceso a la seguridad social, cotización para una pensión y mayores niveles de protección para el trabajador. Sin embargo, frente a estos datos surge una pregunta necesaria: ¿dónde están esos empleos y quién los está generando?
Las cifras del propio Banco Central permiten mirar más allá del titular. Entre el cuarto trimestre de 2024 y el cuarto trimestre de 2025, la economía dominicana agregó 117,948 ocupados netos. Es un dato positivo. Pero durante ese mismo período los empleados del Estado aumentaron en 75,461 personas, lo que significa que el crecimiento del empleo público representó aproximadamente el 64 % de todo el aumento neto del empleo registrado en ese período. No se trata de desconocer la cifra general ni de restarle importancia al crecimiento del empleo. Se trata de entender de dónde viene ese crecimiento, porque su composición también dice mucho sobre la realidad de nuestra economía.
Conviene hacer una precisión importante: el empleo público es legítimo, necesario y esencial para el funcionamiento del Estado. Necesitamos maestros, médicos, policías, técnicos, jueces, fiscales y servidores públicos capaces de garantizar los servicios que demanda la ciudadanía. El problema no está en que el Estado contrate personal cuando existe una necesidad objetiva. La pregunta surge cuando una parte tan importante del crecimiento del empleo depende de la capacidad del propio Estado para incorporar personas a su nómina, porque entonces resulta inevitable preguntarnos qué está ocurriendo con la generación de puestos de trabajo desde el sector privado.
Una economía dinámica necesita empresas que crezcan, pequeños y medianos negocios con condiciones para contratar, nuevas industrias, inversión y oportunidades que permitan que un joven pueda incorporarse al mercado laboral sin que su principal expectativa sea conseguir un puesto en una institución pública. El empleo estatal puede acompañar el crecimiento económico, pero no debe sustituir la capacidad del sector productivo para generar empleos sostenibles. Ahí está, a mi juicio, una de las discusiones que debemos tener cuando hablamos de formalización laboral.
A esto se suma una realidad que tampoco podemos perder de vista: durante 2025 la informalidad promedió 54.1 % de los ocupados. Es decir, mientras celebramos que la formalidad avanza, más de la mitad de los trabajadores dominicanos continúa en la informalidad. Por eso no basta con decir cuántos empleos se crean. También debemos saber quién los crea, en qué sectores, en cuáles provincias, con qué salarios, bajo qué condiciones y qué posibilidades tienen esos puestos de mantenerse en el tiempo.
Más que cuestionar las estadísticas, lo que corresponde es leerlas completas. La verdadera transformación del mercado laboral dominicano no puede limitarse a tener más empleo formal; debe procurar más empleo formal privado, productivo, sostenible, bien remunerado y distribuido en todo el territorio nacional. Por eso, frente a las cifras que hoy se presentan como una buena noticia, la pregunta sigue siendo pertinente: ¿dónde están esos empleos y quién los está generando? Porque la respuesta nos dice mucho más sobre la fortaleza real de nuestra economía que cualquier porcentaje observado de manera aislada.
