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domingo, 23 de agosto de 2026
EEUU y Canadá profundizan guerra comercial tras fracaso de negociaciones y nuevos aranceles del 50 %

EEUU y Canadá profundizan guerra comercial tras fracaso de negociaciones y nuevos aranceles del 50 %

·22 de agosto de 2026·6

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WASHINGTON, 22 agosto.– Estados Unidos y Canadá profundizaron este sábado su disputa comercial después del fracaso de negociaciones de última hora en Washington, con la entrada en vigor de aranceles estadounidenses del 50 % sobre unos 20,000 millones de dólares en productos canadienses y el anuncio de Ottawa de que responderá con medidas de represalia a partir del 8 de septiembre.

El nuevo enfrentamiento supone un deterioro significativo de las relaciones entre dos países históricamente aliados, unidos por una frontera de más de 8,800 kilómetros y por una de las relaciones comerciales más integradas del mundo. Ambos gobiernos se responsabilizaron mutuamente por el colapso de las conversaciones.

Los aranceles ordenados por el presidente Donald Trump afectarán aproximadamente al 5 % de las exportaciones anuales de Canadá hacia Estados Unidos y alcanzarán productos que van desde artículos deportivos hasta suministros médicos.

El primer ministro canadiense, Mark Carney, anunció que su Gobierno responderá mediante una protección arancelaria dirigida especialmente a las industrias más expuestas a las nuevas medidas estadounidenses. Entre los sectores mencionados figuran acero, productos lácteos, electrodomésticos, equipos agrícolas, pulpa y papel y productos electrónicos.

Por el momento no están previstas nuevas conversaciones, una situación que, según el reporte de The Associated Press (AP), deja como una de las primeras víctimas de la disputa la confianza construida durante décadas entre los dos países.

Carney acusó a Washington de utilizar la profunda integración económica entre ambas naciones como instrumento de presión y afirmó que Canadá había sido objeto de un ataque económico. Sostuvo que su país cuenta con las reservas, la capacidad de resistencia y un plan para responder a las medidas estadounidenses.

Desde Washington, el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, ofreció una interpretación completamente diferente. El principal negociador comercial de Trump sostuvo que Estados Unidos se vio obligado a adoptar las nuevas medidas después de aproximadamente un año de represalias de Canadá.

Greer afirmó que el objetivo de Washington es proteger a los trabajadores estadounidenses y las cadenas de suministro del país, y defendió los aranceles como una respuesta a las políticas comerciales canadienses.

Canadá denuncia exigencias “inaceptables”

Carney explicó que Canadá estaba dispuesto a retirar los aranceles de represalia que todavía mantenía sobre acero, aluminio y automóviles estadounidenses si Washington reducía sustancialmente sus propios gravámenes.

Ottawa también estaba preparado para promover que las provincias canadienses restablecieran la venta de bebidas alcohólicas procedentes de Estados Unidos, algunas de las cuales habían sido retiradas como parte de las anteriores represalias comerciales.

Sin embargo, el primer ministro canadiense afirmó que las exigencias presentadas por Estados Unidos en la etapa final de las conversaciones fueron excesivas y que Washington pidió demasiado a cambio de concesiones insuficientes.

Greer rechazó esa interpretación y aseguró que la administración Trump había ofrecido reducir los aranceles sobre sectores particularmente sensibles para Canadá, entre ellos acero, automóviles y madera.

Según el funcionario estadounidense, Canadá habría continuado disfrutando de condiciones comerciales más favorables que otros socios de Estados Unidos, pero sus negociadores decidieron no aceptar el acuerdo.

Carney sostuvo, por el contrario, que Washington introdujo condiciones de último momento que habrían reducido las ventajas arancelarias para los vehículos fabricados en Canadá, limitado la capacidad canadiense para negociar acuerdos comerciales con otros países y debilitado protecciones relacionadas con el idioma, la cultura y la soberanía nacional.

El gobernante calificó esas condiciones de “inaceptables”.

El fracaso resultó particularmente significativo porque apenas dos días antes funcionarios de ambos gobiernos habían transmitido señales de que las conversaciones avanzaban hacia un posible entendimiento.

El primer ministro de Ontario, Doug Ford, respaldó la decisión de Carney de rechazar las condiciones estadounidenses y afirmó que el eventual acuerdo habría perjudicado las industrias automotriz, siderúrgica y manufacturera de la provincia más poblada de Canadá.

Ford instó al Gobierno canadiense a utilizar todos los instrumentos disponibles para enfrentar los nuevos aranceles de Estados Unidos.

Crisis amenaza el acuerdo comercial de América del Norte

La escalada también plantea interrogantes sobre el futuro del acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, conocido como T-MEC o USMCA, considerado fundamental para numerosas industrias de los tres países.

Carney reconoció que el fracaso de las negociaciones bilaterales constituye una mala señal para la revisión del tratado y afirmó que las conversaciones permitieron a Canadá obtener una nueva perspectiva sobre lo que Washington pretende de su relación económica con Ottawa.

Estados Unidos ya inició conversaciones formales con México para revisar el acuerdo norteamericano, negociado originalmente durante el primer mandato de Trump y presentado entonces por el propio presidente estadounidense como uno de los principales logros de su política comercial.

Las negociaciones equivalentes con Canadá todavía no han comenzado y el creciente enfrentamiento arancelario genera dudas sobre las condiciones en que podrían desarrollarse.

Una relación comercial de 880,000 millones de dólares

Las consecuencias políticas del conflicto podrían terminar siendo incluso mayores que sus efectos económicos inmediatos.

Estados Unidos y Canadá intercambiaron el año pasado aproximadamente 880,000 millones de dólares en bienes y servicios, una cifra que refleja el extraordinario grado de integración existente entre las dos economías.

Los nuevos aranceles estadounidenses debían entrar originalmente en vigor a las 12:01 de la madrugada del miércoles, pero Trump extendió el plazo durante tres días para permitir la continuación de las negociaciones. Finalmente, los equipos de ambos países no lograron alcanzar un acuerdo.

Las disputas comerciales entre Washington y Ottawa no son nuevas. Durante décadas los dos gobiernos han mantenido diferencias sobre asuntos como la madera blanda canadiense y las restricciones de acceso estadounidense al protegido mercado lácteo de Canadá.

Sin embargo, esas controversias tradicionalmente coexistieron con una estrecha cooperación política, militar y económica.

Soldados canadienses combatieron junto a fuerzas estadounidenses en Afganistán después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, mientras que la frontera compartida por ambos países permanece sin fortificaciones militares.

Cerca de 330,000 personas y mercancías por valor aproximado de 2,000 millones de dólares cruzan diariamente esa frontera. Además, alrededor de 800,000 ciudadanos canadienses viven en Estados Unidos.

El enfoque adoptado por Trump representa, según AP, una ruptura extraordinaria con esa tradición de cooperación.

El presidente estadounidense ha utilizado los aranceles contra productos canadienses como parte de su estrategia para trasladar actividades manufactureras hacia Estados Unidos y también ha realizado repetidas declaraciones sobre la posibilidad de convertir Canadá en el estado número 51 de la Unión, comentarios que han generado indignación entre dirigentes y ciudadanos canadienses.

Carney sostuvo que su Gobierno ya ha reconocido que “Estados Unidos ha cambiado” y advirtió que la relación bilateral no regresará a las condiciones existentes anteriormente.

Crece el malestar entre los canadienses

El deterioro de las relaciones también comienza a reflejarse en la opinión pública canadiense.

Una petición que reclama la expulsión del embajador estadounidense en Canadá, Pete Hoekstra, aliado político de Trump y excongresista republicano por Michigan, había conseguido cerca de 248,000 firmas desde el 21 de julio.

Los promotores de la iniciativa acusan al diplomático de haber normalizado, entre otras cuestiones, las declaraciones de Trump sobre una eventual anexión de Canadá.

La magnitud de la dependencia comercial explica, sin embargo, por qué ambos países tienen fuertes incentivos para encontrar una salida al enfrentamiento.

Cerca del 72 % de las exportaciones canadienses de mercancías tuvieron como destino Estados Unidos el año pasado, lo que convierte al mercado estadounidense en un componente esencial de la economía de Canadá.

Washington también enfrenta riesgos. Los aranceles son pagados inicialmente por los importadores estadounidenses, que pueden intentar trasladar esos mayores costos a consumidores y empresas mediante incrementos de precios.

Ese posible efecto resulta políticamente sensible para la administración Trump en momentos en que los estadounidenses mantienen preocupaciones por el costo de vida y se aproximan las elecciones legislativas de noviembre.

Ryan Majerus, socio de King & Spalding y exfuncionario comercial estadounidense, consideró que ambos gobiernos enfrentarán fuertes presiones en los próximos días para encontrar una vía que permita reducir la confrontación.

Joshua Bolten, presidente ejecutivo de Business Roundtable, organización que representa a dirigentes de grandes compañías estadounidenses, advirtió que los aranceles y las represalias pueden incrementar los costos para empresas y familias estadounidenses, además de alterar cadenas de suministro fundamentales.

Bolten instó a los dos gobiernos a regresar a la mesa de negociaciones.

Trump recurre a una ley comercial de 1930

Los aranceles se han convertido en una de las principales herramientas de la política económica de Trump durante su segundo mandato.

El año pasado, el presidente impuso gravámenes de dos dígitos sobre importaciones procedentes de casi todos los países, argumentando que el prolongado déficit comercial estadounidense constituía una emergencia nacional.

Sin embargo, en febrero la Corte Suprema determinó que Trump había excedido sus facultades legales, anuló esas medidas y abrió el camino para que el Gobierno federal tuviera que devolver dinero a importadores afectados.

Tras esa decisión, la administración comenzó a buscar otras bases legales para sustentar su política arancelaria.

En el caso de Canadá, Trump recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición poco utilizada que permite imponer aranceles de hasta el 50 % contra países considerados responsables de discriminar a empresas estadounidenses.

La disposición forma parte de la histórica ley arancelaria Smoot-Hawley, una legislación que numerosos economistas e historiadores responsabilizan de haber agravado la Gran Depresión al restringir el comercio internacional.

Según AP, la Sección 338 nunca había sido utilizada anteriormente para imponer aranceles.

La nueva disputa se produce, por tanto, en un momento particularmente delicado para el futuro de la integración económica norteamericana. Mientras Estados Unidos y México avanzan hacia la revisión del T-MEC, Washington y Ottawa entran en una etapa de confrontación caracterizada por aranceles, represalias y un deterioro de la confianza entre dos países que durante generaciones estuvieron entre los aliados políticos y comerciales más estrechos del mundo.

Fuente: The Associated Press (AP), despacho de Paul Wiseman y Rob Gillies, con contribución de Michelle L. Price.

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