El incierto futuro del sistema de partidos
César Pérez
Durante mucho tiempo, en nuestro país existía una significativa correspondencia entre su sostenido crecimiento económico y la solidez del sistema de partidos. Muchos extranjeros que nos visitaban se maravillaban de esta última circunstancia. Hoy, la economía sigue teniendo un notable dinamismo, al punto situarse como la séptima de la América Latina y primera de Centroamérica y el Caribe, pero la situación del sistema de partidos está lejos de ser aquella de las décadas 70/90. No hemos podido escapar a lo que es constante en los sistemas políticos a nivel mundial: una alarmante debilidad del liderazgo partidario, con la consiguiente debilidad y banalización del debate político.
De cara al futuro, en tanto organización, con sus particularidades, los tres principales partidos del país tienen ante sí cuestiones claves por resolver. En lo inmediato, de cara al torneo electoral del 2028, están preparándose para crear las condiciones político/institucional para tratar de superar con éxito la tarea de elegir sus candidaturas municipales, congresuales y presidencial. La escogencia de esta última, hoy más que ayer, es decisiva para su futuro de las organizaciones políticas. En esta época en que los liderazgos no tienen la fuerza del pasado se hace más delicado y complejo la elección de las candidaturas.
Los tiempos han cambiado, hoy la ascendencia de los altos dirigentes es redimensionada por el papel del clientelismo, del dinero, y la capacidad de crear opiniones de los líderes emergentes a través de esos medios y de las plataformas digitales manejadas por personeros altamente corrompidos que ofrecen sus servicios para crear opinión. Hoy día, es cada vez más complicado hacer política, es más frecuente el transfuguismo partidario y, por tanto, el trasiego de votos. La lealtad partidaria, basada en la tradición y la identidad de los colectivos políticos, por lo menos aquí, es cada vez más frágil. El costo de la política, vale decir, la corrupción, debilita significativamente la cohesión de estas colectividades
Esa situación, más la percepción, cierta o falsa, de la notoria debilidad de las precandidaturas que hasta el momento se perfilan con mayor posibilidad de ser electas, podrían determinar en los tres partidos de mayor importancia en términos electorales, con sus diferencia y matices, no sólo buenos o malos resultados en las votaciones, sino la hipoteca de su futuro. Además de eso, es manifiesta la incertidumbre que crea sobre el futuro político del país. En ese sentido, veamos la situación en que ellos podrían enfrentar los comicios del 2028. Comencemos por el PRM. Este tiene una dirección bicéfala, como fruto del acuerdo entre las dos principales
Quizás esa circunstancia haya sido factor importante/determinante de la dificultad de la atribuida falta de racionalidad y fluidez de su discurrir como partido político, según la percepción de no pocos, incluyendo algunos de sus militantes y de su entorno. Como se sabe, dos son las candidaturas a la nominación presidencial del PRM que hasta el momento las encuestas les asignan el mayor nivel de simpatía en la población. El hecho de que su secretaria general sea una de esas candidaturas, y que pertenezca a una de las referidas tendencias, constituiría un paso para un eventual acuerdo entre ellas. Pero hasta el momento la otra candidatura no pertenece a ninguna de las referidas corrientes y eso crea cierta incertidumbre sobre cómo y cuales consecuencias que, en sentido general, podría tener su elección.
La FP tiene el curioso dilema de que, para una parte del partido, como de su cuerpo electoral, dos son sus eventuales candidatos y uno es el padre del otro. El padre tiene una alta tasa de rechazo, el hijo ha demostrado tener una significativa simpatía, esto podría limitar la aversión hacia el padre, pero si aquel no es el elegido, no sólo podría perder su momentun, sino que gran parte de esa simpatía podría expresarse como abstención o ir al caladero del PRM. El partido FP, tipifica como partido/persona: aquel que es, comienza y generalmente termina con esa persona. Una selección de su candidato, cualquiera sea su forma, podría hacer real este aserto. Todo dependerá de cómo se desarrolle el proceso descrito más abajo.
El PLD, quizás, es el que la mayor dificultad tiene. Entre sus principales precandidatos, uno de ellos, su candidato presidencial en las pasadas elecciones, ha cuestionado el proceso electivo y ha anunciado que no participa de este. Para muchos esto augura su salida hacia FP, continuando de ese modo la sostenida llegada a ese partido de dirigentes del PLD de todos los niveles, algo que no parece tener fin. No obstante, pese esto, la cantidad de cuadros y calidad de muchos de ellos, este podría mantenerse por cierto tiempo, sin descartar que, a la larga, se verifique una confluencia de la militancia de esos dos partidos.
Finalmente, el sostenido debilitamiento del sistema de partidos, la cuestionable calidad de los poderes legislativo y local, tiende a ensanchar la brecha entre las instancias económicas y política del país, con el consiguiente desaprovechamiento del crecimiento económico y de sus potencialidades, una lógica perversa que explica muchos de nuestros lastres en diversas instancias de la sociedad y de la clase política misma.
Acento

