
El PLD vuelve a sonreír, pero todavía le falta candidato
El PLD vuelve a sonreír, pero todavía le falta candidato
Cuando uno conversa, pública o privadamente, con dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), descubre algo que hace apenas dos años parecía una especie en peligro de extinción: el optimismo peledeísta.
Hablan del 2028 con entusiasmo. Algunos hasta con aquella seguridad de los tiempos en que en la Casa Nacional prácticamente se discutía quién sería ministro antes de contar los votos.
Y, para ser justos, tienen razones para sonreír.
El PLD salió severamente golpeado de las elecciones de 2024, pero mediciones recientes muestran una recuperación. Gallup lo colocó en mayo con 19.5 % de simpatía, prácticamente empatado con Fuerza del Pueblo, con 19.6 %. ACD Media llegó a situarlo ese mismo mes en 20.1 %, aunque en julio lo redujo a 15.3 %.
Es decir, hay recuperación, pero todavía no resurrección.
Otro dato favorable es Danilo Medina. Gallup le atribuyó en mayo una valoración positiva de 59.5 %, convirtiéndolo paradójicamente en uno de los principales activos de un partido que salió del poder en 2020 profundamente erosionado y dividido.
Danilo recupera imagen mientras el PLD recupera votos.
Magnífico.
Ahora viene la pequeña dificultad: Danilo no puede ser candidato.
Y ahí comienza la tragedia griega —o comedia dominicana— del PLD.
Porque una cosa es recuperar la marca y otra encontrar quién venda el producto.
Inicialmente surgieron numerosos aspirantes, pero la competencia parece concentrarse alrededor de Gonzalo Castillo, Abel Martínez, Francisco Javier García y Francisco Domínguez Brito. El PLD ha programado para octubre una consulta destinada a definir su aspirante presidencial, antes del proceso formal establecido por la legislación electoral.
Las encuestas, sin embargo, parecen divertirse cambiando el escenario.
Gallup colocó en mayo a Gonzalo Castillo con 48.3 % de las preferencias internas, seguido por Abel Martínez con 25.3 %, mientras Francisco Javier y Domínguez Brito aparecieron muy distantes. Otras mediciones de ACD Media han ofrecido resultados diferentes, incluso presentando en determinado momento a Francisco Javier como el dirigente considerado mejor preparado.
Conclusión: todavía nadie debería mandar a confeccionar la banda presidencial.
Gonzalo tiene una ventaja importante: fue candidato presidencial en 2020, conserva estructura política y actualmente exhibe considerable simpatía entre los peledeístas.
Su dificultad es otra. Todavía necesita construir un discurso político más sólido, presentar propuestas capaces de trascender las fronteras partidarias y superar sus conocidas limitaciones comunicacionales.
Porque una elección presidencial no se gana solamente cayéndole bien a los compañeros.
Francisco Javier representa casi el caso contrario. Es experimentado, buen polemista, articulado, conocedor del Estado y veterano estratega de campañas victoriosas.
Conoce perfectamente la cocina electoral.
Falta demostrar que los comensales quieren al cocinero como plato principal.
Abel Martínez conserva estructura y reconocimiento después de haber encabezado la boleta presidencial de 2024, mientras Domínguez Brito posee experiencia gubernamental y una imagen propia, aunque ninguno parece haber consolidado todavía una ventaja definitiva.
Ese es el verdadero rompecabezas morado.
El PLD no necesita simplemente al candidato que gane una consulta interna. Necesita un líder electoral capaz de reunificarlo, conquistar independientes y convencer a sectores que todavía asocian al partido con el desgaste y las acusaciones de corrupción que contribuyeron a su derrota en 2020.
Tampoco puede confiar exclusivamente en los problemas del Gobierno.
El PRM acusa el desgaste natural del poder, enfrenta decisiones controversiales y dificultades económicas y sociales, pero conserva una formidable estructura y figuras con capacidad competitiva. El PLD, por tanto, no correrá solo.
Y tampoco luce sencilla una alianza de primera vuelta con Fuerza del Pueblo. Ambos compiten por prácticamente el mismo electorado opositor mientras permanecen abiertas muchas heridas de la ruptura protagonizada por Leonel Fernández.
Por eso la decisión es trascendental.
El PLD puede escoger al que tenga más estructura, al mejor comunicador, al favorito de las encuestas o al que mejor represente sus equilibrios internos.
Pero necesita algo más difícil: alguien capaz de convertir al partido nuevamente en una opción de futuro y no simplemente en un recuerdo del pasado.
Porque recuperar el 20 % puede ser relativamente fácil.
Encontrar quién consiga el otro 30 % es donde comienza el problema.
