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miércoles, 5 de agosto de 2026
El trunco monumento a Montesinos

El trunco monumento a Montesinos

·5 de agosto de 2026·6

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Por Juan Llado

Aunque los salones del monumento a Fray Antón de Montesinos permanezcan vacíos y sin uso, la estatua del insigne personaje despliega una majestad que compensa el virtual anonimato del lugar. México honró nuestra mutua admiración por el personaje con su donación de la estatua, pero el monumento debió exhibir complementos que explicaran mejor su propósito. Ahí debería aparecer otros rasgos de los origines del hoy Centro Histórico de la ciudad que no están presentes en ninguna parte y que fueron puntales de su historia. Por eso conviene revivir la propuesta de creación de un museo de los derechos humanos y de un yucayeque taino, dos adiciones que consolidarán la capacidad interpretativa del monumento y su proyección universal.

Como es bien sabido, el memorable Sermón de Adviento que pronunciara Montesinos el 21 de diciembre del 1511 ante las autoridades de la colonia “fue la primera manifestación de protesta, defensa, reclamación, denuncia y recriminación en América contra las autoridades, encomenderos y colonizadores españoles, ya que en él se sintetiza la opresión, injusticias, crueldades, explotación, el castigo inmisericorde, los atropellos y abusos a que estos, en su afán desmedidos de extraer el oro, sin ningún derecho ni justicia, sometieron a nuestros aborígenes.” La execrable expoliación de los indígenas inspiró a Jose Martí a escribir: ¨Si mi pluma tuviese don de lágrimas, escribiría una obra titulada El indio, y haría llorar al universo.”

Elevada a las cortes españolas, la controversia que siguió al sermón eventualmente llevó al monarca a crear una comisión de juristas para examinar el tema y a aprobar las Leyes de Burgos en diciembre del 1512. Sus ordenanzas tenían como finalidad “promover una conducta protectora y humanizadora del indígena, basada en la dignidad, el trabajo y la libertad. Las ordenanzas trataban de regular las condiciones de vida, de trabajo, alimentación, vivienda, etc., de los aborígenes americanos; pretendían proteger al indio como ser libre y con derechos naturales como la libertad y la propiedad, así como la forma de actuar en su evangelización.”

Por eso se justifica considerar que “el sermón estableció las raíces de los derechos de los indígenas y estas serían la semilla del futuro derecho internacional de gentes” sustentado por Francisco Victoria de la Escuela de Salamanca. Esta tesis es sustentada en el libro Los derechos humanos en su origen. La República Dominicana y Antón de Montesinos, publicado en 2011 por la Editorial San Esteban (Salamanca), con motivo del V Centenario del Sermón de Montesinos. Tales antecedentes han dado pie para que en varias ocasiones se haya sugerido la creación en el monumento de Montesinos de un Museo de los Derechos Humanos.

Quien esto escribe hizo la propuesta en el 2012 de un Museo Latinoamericano de los Derechos Humanos en un artículo de Diario Libre. A eso le siguió en el 2015 que la Fundación Marítima Dominicana firmara un acuerdo con el Ministerio de Cultura para establecer “un museo marítimo y un museo de los derechos humanos.” Ya en el 2016 el entonces alcalde del Distrito Nacional David Collado acogió la idea y prometió un “centro cultural sobre Derechos Humanos”, pero eventualmente solo se bautizó un “salón de derechos humanos.” Ese mismo año el insigne escritor Marcio Veloz Maggiolo, en un artículo del Listín Diario sin reproducción digital, reclamó la creación de “centro de desarrollo de los derechos humanos” para que el interior del monumento “acabe teniendo un contenido mundial.

Al reinaugurarse el monumento en 2019 Luisa de Pena Diaz escribió que el espacio "debería convertirse en un centro cultural dedicado a la promoción de los derechos humanos.” Y reportó que Manuel Garcia Arevalo, pronunció un discurso donde señaló que “los espacios interiores de este recinto serán acondicionados con una museografía acorde con el profundo significado histórico de esta efeméride.” Desde entonces no ha surgido ningún reclamo al respecto ni se ha procurado la ayuda de la Federación Internacional de Museos de Derechos Humanos.

Si lo apropiado es crear ese museo, tan o más apropiado sería añadir al recinto del monumento una representación del yucayeque taíno, la aldea indígena típica que encontraron los españoles a su llegada. “En conjunto, el yucayeque era mucho más que un conjunto de viviendas: constituía el centro político, económico, social y espiritual de la comunidad taína. Cada yucayeque formaba parte de un territorio mayor o cacicazgo, y en La Española existían cinco grandes cacicazgos al momento de la llegada de los españoles: Marién, Maguá, Maguana, Jaragua y Higüey. Cada uno agrupaba numerosos yucayeques bajo la autoridad de un cacique principal.” Su centro se llamaba batey y su población variaba desde unas pocas decenas hasta varios cientos de habitantes, según la importancia del cacique y la fertilidad del territorio. La propuesta de que se hagan los dioramas correspondientes proviene del destacado Gestor Cultural del Clúster Turístico de Santo Domingo Kin Sanchez.

De ser materializados, los dos componentes propuestos más arriba harían del monumento un alter ego al Alcazar de Colon y resaltarían las realidades asociadas con los habitantes de Santo Domingo a la llegada de los españoles. La obra sería un acto de justicia que equilibrará la proyección de la Ciudad Colonial para que esta deje de ser un “Vaticano en el Caribe.” El Centro Taíno del Banco Popular ha contribuido a generar ese balance, pero el complemento propuesto para el monumento de Montesinos sería el complemento magistral que falta para que ese acto de justicia sea cabal.

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