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lunes, 28 de septiembre de 2026
Elucubrando sobre la diversificación turística

Elucubrando sobre la diversificación turística

·28 de septiembre de 2026·9

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Por Juan LLado
Hace ya décadas que se viene reclamando la diversificación de nuestro producto turístico. Tal requisito ha sido repetidamente señalado por los turoperadores internacionales, los ejecutivos de líneas aéreas y hasta las empresas de cruceros. A pesar de esa falencia nuestra industria turística sigue cosechando éxitos, pero ignorar ese reclamo puede costarnos caro dada la feroz competencia que otros destinos regionales están montando. De ahí que, con miras a una próxima gestión pública del sector, debamos visualizar las respuestas más apropiadas. La inversión pública en esto deberá manifestarse en una importante cuantía porque la diversificación del producto no es tarea exclusiva de los privados.

La IA plantea el desafío estratégico de la diversificación de la siguiente manera: "Existe una extraordinaria cantidad de recursos y atractivos potenciales, pero el modelo dominante de distribución del visitante —el resort todo incluido— limita el consumo externo, mientras que el rápido crecimiento de la renta corta ha creado una enorme infraestructura de alojamiento que todavía no está suficientemente integrada con la oferta de servicios y atractivos del territorio." “¿Qué atractivos, infraestructura y sistemas de comercialización necesitamos para conseguir que el visitante que actualmente está encerrado en un resort o disperso en una vivienda de renta corta consuma más experiencias fuera de su alojamiento?” Ese es el reto medular en la presente coyuntura.

Por supuesto, los privados tienen un crucial rol que jugar. Todo lo que pueda innovarse para hacer mas atractiva la experiencia de la estadía en los alojamientos –hoteleros y de renta corta—califica como diversificación. Pero de mayor trascendencia son los nuevos emprendimientos que, sobre la base de lo ya existente, puedan acometer los inversores/emprendedores privados. Una excursión hacia el Lago Enriquillo, un servicio de transporte aéreo entre ciudades del interior, una nueva frecuencia aérea entre Siberia y Punta Cana, un enorme aviario en la Isla Catalina y otros servicios y atractivos son iniciativas de diversificación propias de los privados. Pero su común denominador es que dependerán del libre albedrio de los empresarios/ inversores y a la gestión pública le toca incentivarlas y buscar formas de apoyarlos.
Una tarea clave que deberán asumir los privados para diversificar nuestro destino es la de reconfigurar el “todo incluido”. Puesto que el grueso de los turistas llega con un abanico de prestaciones y servicios prepagados, incluyendo hasta el transporte aéreo desde su origen, el empaquetamiento de bienes y servicios crea una barrera económica y psicológica para el consumo turístico fuera de los hoteles. Salir del hotel supone abandonar los servicios ya pagados, pagar transporte y excursiones, organizar su actividad fuera del resort y enfrentar incertidumbre sobre la calidad de los servicios y la seguridad. Hay pues que resolver el problema económico y logístico de sacar al visitante del alojamiento y conectar su gasto con empresas y atractivos externos. Pero incentivar la salida del hotel tiene doble cara: aunque al hotelero le conviene la baja del consumo ya pagado, el paquete del todo incluido perderá atractivo si este incluye pernoctación externa.

Para las iniciativas de los privados existen muchas oportunidades con los turistas hospedados en los inmuebles de renta corta. (Al finalizar el 2025 el MITUR estimó la renta corta en 56,973 propiedades y 136,338 habitaciones, frente a las 94,309 habitaciones hoteleras.) “Un huésped de apartamento compra alimentos, usa restaurantes, necesita transporte, realiza compras, busca entretenimiento, contrata excursiones, usa playas públicas, visita museos, contrata guías y puede consumir servicios personales.” “El turista de renta corta tiene mucha mayor propensión estructural a consumir la economía turística local que el huésped de un resort todo incluido.”
La IA propone la creación de una especie de “concierge territorial digital” que identifique y ponga en línea todas las ofertas de bienes y servicios apropiados. La idea es convertir los atractivos en productos vendibles. Cada experiencia debería tener: duración; precio; transporte; seguro; capacidad; guía certificado; estándares de seguridad; idioma; reserva digital; evaluación de clientes. Uno de mis recientes artículos sugirió algunas opciones para la renta corta.

Lo que le toca a la gestión pública del sector es también muy abarcador. Su pastel deberá manifestarse en las políticas, las normativas y la gestión. Aquí basta con identificar como una de las tareas de mayor trascendencia es la de incentivar la vinculación entre los turistas hoteleros y las atracciones externas, un desafío de comercialización. Una reconfigurada ley de incentivos tendría como objetivo central proveer las exenciones fiscales que estimulen la inversión privada en la diversificación. Se ofrecerían a todas aquellas iniciativas que provengan de los hoteleros convencionales o de los inversores nacionales y extranjeros que añadan componentes de diversificación al producto turístico. (Una nueva excursión para ver las ballenas del Banco de la Plata es un buen ejemplo.) Lo otro podría ser asesoría técnica del MITUR para ayudar a lanzar y/o consolidar los nuevos emprendimientos y sistemas de certificación de calidad para las experiencias turísticas que emerjan.

Puesto que el producto turístico nacional es todo lo que ofrece el país, este limitado espacio impone que aquí nos concentremos en los renglones de los servicios de infraestructura y los atractivos. A medida que se desarrollen nuevas experiencias turísticas en materia de infraestructura se priorizaría el transporte, lo cual incluye señalización, carreteras (como el empalme entre Sabana de la Mar y la Autopista Juan XXIII), trenes y servicios aéreos internos. Las principales carreteras deberán ser embellecidas y adornadas con sendos centros de visitantes. Por otro lado, el expresidente Leonel Fernandez ha sugerido un tren entre Punta Cana y Santo Domingo, una iniciativa que no tiene que esperar al desarrollo de nuevos componentes de la diversificación. De igual modo podría planearse un tren costero que discurra desde Cabo Engaño hasta Miches.

Por supuesto, el abanico de necesidades de inversión publica puede ser muy abarcador. Pendientes de intervención están, por ejemplo, los balnearios de ríos de alta gama, los senderos y facilidades de las áreas protegidas, un teleférico para poder acceder al Pico Duarte y un gran proyecto de sostenibilidad turística para todos los polos turísticos similar al que lleva a cabo la Fundacion Punta Cana. Pero también se requiere inversión pública en calles, aceras, seguridad, iluminación, playas, parques, residuos, agua, saneamiento, gastronomía popular, entretenimiento y atractivos culturales. Así como existe ya un proyecto de INAPA para las ciudades turísticas, debe existir un plan para la diversificación del producto turístico. Eso es supremamente mas importante para el MITUR que la concentración en labores de promoción internacional de la imagen.

Hagamos caso a la conclusión de la IA: “La próxima generación de inversión turística dominicana debería concentrarse menos en aumentar la oferta de alojamiento y más en construir la infraestructura, los atractivos y los sistemas empresariales que conviertan al territorio dominicano en el verdadero producto turístico. Por tanto, esta transformación no es una cuestión de corregir un mercado estancado, sino de decidir cómo capturar mayor valor económico de un mercado que continúa expandiéndose.” En eso consiste la elevación de la productividad y la innovación sectoriales.

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