
Estudio de la UASD advierte que el crecimiento económico no se traduce en ingresos suficientes para los trabajadores
Santo Domingo, 13 oct.— El crecimiento económico y el aumento de la productividad en República Dominicana no se han traducido en mejoras proporcionales de los ingresos de la población trabajadora, según un estudio del Instituto de Investigación Socioeconómica (INISE) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
La investigación estima que, en 2025, el 39.7 % de la población se encontraba en pobreza laboral al considerar exclusivamente los ingresos provenientes de la ocupación principal de los integrantes de los hogares.
El informe, titulado “Cuando trabajar no basta: productividad creciente, salarios insuficientes y pobreza laboral en República Dominicana en el período 2016-2025”, fue elaborado por los investigadores Francisco A. Tavárez Vásquez y Matías Bosch Carcuro. Publicado en septiembre de 2026, utiliza principalmente datos de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo del Banco Central y otros indicadores de esa institución y de la Oficina Nacional de Estadística.
Uno de sus principales hallazgos es la distancia entre lo que produce la economía y lo que reciben los trabajadores. Entre 2018 y 2025, la productividad laboral aumentó un 33.8 %, mientras los ingresos laborales reales por hora crecieron apenas un 12.8 %. Esto significa que la productividad avanzó aproximadamente 2.6 veces más rápido que las remuneraciones.
Aunque el ingreso laboral promedio real pasó de RD$24,242 en 2016 a RD$30,163 en 2025, expresado en pesos constantes de 2024, el estudio sostiene que esa mejora no ha sido suficiente para superar las desigualdades del mercado de trabajo.
La mitad de los trabajadores ganaba RD$24,169 o menos
En valores nominales, es decir, sin ajustar por inflación, el ingreso laboral promedio mensual nacional alcanzó RD$31,332 en 2025. Sin embargo, la mediana fue de RD$24,169, lo que significa que la mitad de los trabajadores percibía ingresos iguales o inferiores a esa cantidad.
Los investigadores destacan que la mediana permite observar mejor la situación del trabajador típico, porque los ingresos más altos de un grupo reducido elevan el promedio y pueden ofrecer una imagen más favorable que la realidad de buena parte de la población ocupada.
El ingreso promedio individual quedó por debajo del costo de la canasta familiar nacional, estimado en RD$47,208.1. Tampoco alcanzaron esa referencia los promedios del sector formal, de RD$38,891, ni del informal, de RD$24,761. La comparación expone la distancia entre una remuneración individual y las necesidades de consumo de un hogar.
La formalidad, por tanto, no garantiza por sí sola suficiencia salarial. La mitad de los trabajadores formales ganaba como máximo RD$30,000 mensuales, mientras en la informalidad la mediana se situó en RD$19,252, por debajo de la canasta de pobreza utilizada en el estudio, de RD$23,268.6.
Pobreza laboral disminuye, pero continúa elevada
La investigación reconoce que la pobreza laboral bajó del 57.1 % en 2016 al 39.7 % en 2025. No obstante, el último resultado incluye un 27.6 % de población en pobreza laboral moderada y un 12.1 % en pobreza laboral extrema.
Esta medición se construye con el ingreso de la ocupación principal llevado al ingreso por persona de los hogares. Por ello, el 39.7 % corresponde al indicador específico del estudio y no debe confundirse con una tasa de pobreza monetaria calculada a partir de todas las fuentes de ingresos familiares.
Para los autores, los resultados muestran que los ingresos del trabajo principal siguen siendo insuficientes para sostener las necesidades básicas de una parte considerable de la población, pese a los avances económicos de la última década.
Las mujeres enfrentan mayores desventajas
El informe identifica brechas persistentes entre hombres y mujeres. En 2025, el ingreso laboral promedio nominal masculino fue de RD$33,958 mensuales, frente a RD$27,703 entre las mujeres, una diferencia de RD$6,255.
La pobreza laboral femenina alcanzó el 43.0 %, mientras la masculina se situó en el 36.4 %. La pobreza laboral extrema afectó al 13.6 % de las mujeres y al 10.7 % de los hombres.
También persiste una marcada diferencia en el acceso al empleo. La tasa de ocupación femenina llegó al 51.1 % en 2025, frente al 75.7 % de los hombres. Aunque la distancia se redujo respecto a 2016, todavía representaba 24.6 puntos porcentuales.
Los investigadores señalan que los mayores niveles educativos de las mujeres ocupadas no se convierten necesariamente en mejores remuneraciones. Atribuyen esta situación a barreras estructurales que limitan sus oportunidades económicas y aumentan su exposición a la pobreza laboral.
Desigualdades entre regiones
Las mayores tasas de pobreza laboral se registraron en El Valle, con un 54.2 %; Higuamo, con un 53.0 %, y Enriquillo, con un 49.7 %.
En estos territorios, aproximadamente la mitad de la población no superaba el umbral de pobreza mediante los ingresos considerados.
Las menores incidencias correspondieron a Cibao Norte, con un 31.6 %; Cibao Nordeste, con un 32.3 %, y Yuma, con un 35.9 %. Incluso en estas regiones, más de tres de cada diez personas permanecían en pobreza laboral.
El estudio resalta además el caso de Ozama, que comprende el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo: pese a concentrar una parte importante de la actividad económica nacional, registró una tasa del 41.1 %.
Recomiendan vincular salarios y productividad
Entre las principales recomendaciones figuran revisar los salarios tomando en cuenta tanto la inflación como la productividad; impulsar empleos formales, protegidos y mejor remunerados; y orientar la inversión hacia actividades de mayor valor agregado y regiones con menos oportunidades.
El documento también propone ampliar los servicios públicos de cuidados para reducir las barreras que afectan a las mujeres, fortalecer la negociación colectiva y condicionar los incentivos fiscales a resultados verificables en empleo, salarios, innovación y desarrollo de proveedores nacionales.
Los autores plantean incorporar la pobreza laboral como indicador permanente de las políticas económicas y sociales.
Su conclusión central es que el desafío dominicano no consiste únicamente en crecer o crear más puestos de trabajo, sino en conseguir que la riqueza generada se traduzca en ingresos suficientes, derechos laborales y mejores condiciones de vida.
Enlace: https://juanbosch.org/wp-content/uploads/2026/10/Radiografia-Septiembre-2026-Cuando-trabajar-no-basta.pdf
