
Expertos del BID plantean convertir la crisis del sargazo en una industria rentable para el Caribe
SANTO DOMINGO, 31 agosto.— El impacto de fenómenos naturales como la llegada masiva de sargazo a las costas puede ser mitigado mediante políticas públicas que, además de enfrentar sus consecuencias ambientales y turísticas, promuevan nuevas inversiones destinadas a industrializar esa materia prima, especialmente en países cuya economía depende significativamente del turismo.
El sargazo, una macroalga que las corrientes oceánicas arrastran masivamente hacia las playas del Caribe, se ha convertido en uno de los principales desafíos ambientales para destinos turísticos de la región, incluida República Dominicana. Aunque varios países participan en proyectos dirigidos a recolectarlo, procesarlo y utilizarlo como materia prima industrial, su aprovechamiento comercial continúa siendo limitado.
La búsqueda de soluciones ha generado una creciente cooperación internacional. Organismos multilaterales, instituciones académicas y centros científicos mantienen estudios, proyectos, investigaciones y mecanismos de financiamiento relacionados con el fenómeno.
Entre las entidades involucradas figuran la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), entre otras instituciones.
Sin embargo, un reciente análisis elaborado por los especialistas del BID Santiago Junior Bucaram Villacís y Tatiana Valeria Watson Murcia advierte que, pese a la enorme cantidad de sargazo que llega al Caribe, persisten obstáculos que han impedido convertir esa aparente abundancia en una industria estable y rentable.
Los cuatro obstáculos para desarrollar la industria
Los técnicos identifican lo que denominan los “cuatro filtros” que limitan el aprovechamiento industrial del sargazo.
El primero está relacionado con el tiempo. Una vez que el sargazo queda varado en las playas comienza rápidamente un proceso de descomposición durante el cual libera gases tóxicos, complicando su recolección y manipulación. A esto se suma la dificultad técnica para reducir la presencia de arsénico en las algas hasta niveles compatibles con determinados usos industriales.
El segundo problema es la variabilidad del material. No todo el sargazo que llega a las costas caribeñas presenta las mismas características, lo que dificulta establecer procesos industriales uniformes.
El tercer factor es la imprevisibilidad de las cantidades que arriban a las costas. Aunque en determinados períodos pueden observarse enormes concentraciones de algas en el océano, no existe garantía de que esas cantidades puedan ser recolectadas regularmente y suministradas a una fábrica.
Finalmente aparece la congestión logística. Las llegadas masivas pueden superar rápidamente la capacidad disponible para recoger, transportar, almacenar y procesar el material antes de que comience su deterioro.
Los especialistas consideran que la solución, por tanto, no puede limitarse a financiar plantas procesadoras o entregar subsidios gubernamentales a empresas interesadas en aprovechar el sargazo.
A su juicio, resulta indispensable garantizar la calidad del material, así como una oferta suficientemente consistente y previsible para permitir el funcionamiento continuo de las instalaciones industriales.
Esta situación ayudaría a explicar por qué algunas industrias prefieren comprar algas cultivadas en Asia, pese a que en el Caribe existen enormes cantidades de sargazo disponibles prácticamente sin costo como materia prima.
Millones de toneladas que no llegan a las fábricas
Los expertos destacan una paradoja: mientras las imágenes satelitales permiten observar millones de toneladas de sargazo desplazándose por el océano, las fábricas potencialmente interesadas en utilizarlo solo pueden acceder a una pequeña fracción de ese volumen, además de hacerlo de manera irregular e impredecible.
Esa diferencia entre la abundancia observada desde el espacio y la cantidad realmente disponible para las industrias constituye una de las razones por las que numerosos proyectos piloto impulsados durante los últimos años no han logrado convertirse en operaciones industriales de gran escala.
Bucaram Villacís y Watson Murcia consideran necesario cambiar el enfoque y avanzar hacia una estrategia integral y compartida que establezca las condiciones necesarias para que el sector privado pueda invertir y operar de manera sostenible.
Ese cambio, sostienen, sería determinante para que una industria regional basada en el aprovechamiento del sargazo pueda finalmente ganar impulso.
“La abundancia equivocada”
En su análisis, titulado “Desarrollo de la industria del sargazo en el Caribe: la abundancia equivocada”, los especialistas del BID sostienen que corregir las actuales limitaciones representa una importante oportunidad económica y ambiental para la región.
Consideran que los obstáculos existentes pueden ser enfrentados mediante intervenciones técnicamente factibles, institucionalmente alcanzables y financieramente justificables.
Para lograrlo proponen actuar en tres niveles.
El primero consiste en desarrollar una infraestructura regional básica, que incluya sistemas de alerta temprana capaces de anticipar las llegadas de sargazo, mecanismos logísticos que funcionen antes de que la materia prima alcance las plantas industriales y sistemas permanentes de monitoreo de calidad concebidos como bienes públicos.
El segundo nivel plantea establecer instrumentos financieros destinados a corregir las fallas de mercado que actualmente mantienen la inversión privada por debajo de lo que sería social y económicamente conveniente.
La tercera capa contempla establecer una secuencia tecnológica y normas obligatorias de calidad, con criterios claros sobre las características que deberá cumplir el material y sobre las tecnologías e infraestructuras que podrían desarrollarse mediante las inversiones generadas por las medidas anteriores.
Estados deben crear las condiciones
Los analistas del BID argumentan que la solución al problema del sargazo no consiste simplemente en financiar plantas procesadoras independientes.
En cambio, consideran necesario que los Estados inviertan conjuntamente en bienes públicos regionales, incluyendo sistemas robustos de alerta temprana, infraestructura logística previa a las plantas, mecanismos estrictos para supervisar la calidad del material e instrumentos financieros que reduzcan los riesgos para los inversionistas.
Estas condiciones, según el análisis, permitirían corregir las fallas del mercado y hacer económicamente viable una participación más amplia del sector privado.
Uno de los principales mensajes del estudio es que la abundancia de sargazo puede resultar engañosa, porque las enormes concentraciones detectadas mediante satélites no representan necesariamente la cantidad de materia prima que una industria puede recibir de manera estable, rentable y continua.
Otro elemento determinante es la volatilidad. El rápido deterioro del sargazo, su posible contaminación, las diferencias en la composición del material y los obstáculos para recolectarlo y transportarlo explican por qué muchas empresas consideran racional permanecer en proyectos experimentales en lugar de realizar grandes inversiones industriales.
En ese escenario, los especialistas entienden que organismos multilaterales como el BID pueden desempeñar un papel decisivo para facilitar la creación de bienes públicos de alcance regional.
Más que concentrarse exclusivamente en financiar plantas, consideran que el mayor impacto podría conseguirse mediante la generación y distribución de información, el establecimiento de estándares comunes y la creación de marcos regulatorios capaces de permitir el surgimiento de un verdadero mercado regional del sargazo.
Recursos existen, pero faltan condiciones
Los especialistas llaman la atención sobre una situación poco habitual: en prácticamente cualquier actividad productiva, disponer de una materia prima abundante y gratuita debería generar inversión, competencia y economías de escala.
Con el sargazo, sin embargo, está ocurriendo lo contrario. Su creciente abundancia en las costas del Caribe no se ha traducido hasta ahora en un crecimiento proporcional de las industrias destinadas a aprovecharlo.
La evidencia analizada por los expertos apunta a que el principal problema no es necesariamente la ausencia de recursos económicos, sino la falta de bienes públicos fundamentales para que pueda funcionar el mercado.
Entre ellos mencionan información confiable y oportuna sobre las llegadas, estándares uniformes de calidad, regulaciones adecuadas y una coordinación efectiva entre los países afectados.
Por esa razón, sostienen que resulta esencial que las naciones del Caribe trabajen conjuntamente en la construcción de condiciones que difícilmente podrían ser desarrolladas de manera individual por las empresas privadas.
La coordinación regional, concluyen, constituye un elemento fundamental para transformar el sargazo de una amenaza ambiental y económica para las costas y el turismo en una materia prima capaz de sustentar un mercado industrial funcional y generar nuevas oportunidades de inversión en el Caribe.
