
Francia amanece entre saqueos, incendios y destrucción de su patrimonio tras una jornada de protestas multitudinarias
París, 18 de octubre de 2026 (Agencias).— Escaparates destrozados, comercios saqueados, vehículos incendiados y edificios públicos atacados marcaron el amanecer de Francia después de las manifestaciones del sábado contra el alto costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos.
El incendio que devastó el histórico Ayuntamiento de Limoges, cuyo campanario se desplomó entre las llamas, se convirtió en una de las imágenes más graves de una jornada en la que cientos de miles de personas marcharon pacíficamente, mientras grupos violentos protagonizaban enfrentamientos con la policía en distintas ciudades.
El balance siguió aumentando este domingo. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó de 1.800 personas detenidas y más de 500 policías, gendarmes y bomberos heridos, según la actualización recogida por Le Monde.
Estas cifras sustituyen los balances parciales de aproximadamente 400 detenidos y 60 agentes lesionados difundidos durante el sábado, y el posterior de 1.200 arrestados y más de 150 policías heridos anunciado por el primer ministro, Sébastien Lecornu.
La dimensión de la movilización también quedó reflejada en las estimaciones de asistencia: el Ministerio del Interior contabilizó 550.000 participantes en 110 marchas, entre ellos 110.000 en París, mientras los organizadores elevaron el total nacional a unas 800.000 personas. Las cifras corresponden a las manifestaciones y no al número de participantes en los disturbios.
El Ayuntamiento de Limoges, devastado por el fuego provocado por alborotadores de ultraizquierda.
El origen de la protesta está en un movimiento estudiantil que comenzó en septiembre con reclamaciones por la falta de profesores y las malas condiciones de los centros educativos. A ese malestar se sumaron sindicatos, trabajadores, profesionales de la salud, abogados y participantes vinculados a los chalecos amarillos, hasta convertir las demandas escolares en una movilización más amplia por el poder adquisitivo y los servicios públicos.
Los manifestantes denuncian el encarecimiento de los combustibles y de otros gastos esenciales, la pérdida de capacidad de compra y la desigualdad. Entre las reivindicaciones estudiantiles figuran mejoras de infraestructura, más personal docente y cambios en el sistema de acceso universitario Parcoursup.
También se cuestionan las medidas de congelación de prestaciones sociales y salarios de funcionarios previstas en el proyecto presupuestario. La Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria reclama un plan de 10.000 millones de euros para los centros educativos.
En París, la jornada combinó grandes columnas de manifestantes con focos de violencia que terminaron extendiéndose a zonas comerciales y calles alejadas de los recorridos autorizados. Encapuchados utilizaron martillos y otras herramientas para romper vitrinas, mientras grupos levantaban obstáculos con vallas y mobiliario urbano y lanzaban proyectiles contra los agentes.
Los saqueadores atacaron establecimientos de ropa, telefonía y otros comercios. Reuters documentó intentos de entrada en las Galeries Lafayette, daños en bancos y el saqueo de una tienda Lacoste y un establecimiento de telefonía SFR. Los incendios de vehículos y objetos en las calles acompañaron los enfrentamientos.
La tensión alcanzó las inmediaciones de los principales centros de poder. Según el reporte de Le Parisien reproducido en la cobertura de France 24, hubo choques a unos 400 metros del Palacio del Elíseo: un automóvil fue volcado y una caseta de obra fue empujada hacia los policías, que respondieron con una carga y una granada de dispersión.
Más de 300 personas también se concentraron en la parte baja de los Campos Elíseos, pese a la prohibición de manifestarse en ese sector. Algunos participantes, con el rostro cubierto, colocaron vallas sobre la avenida. Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y el Gobierno desplegó la CRS 8, unidad especializada en violencia urbana.
El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, denunció la devastación de calles enteras y los daños a monumentos, al tiempo que advirtió sobre las consecuencias para los vecinos y comerciantes más vulnerables. Condenó el vandalismo por desviar la atención de las demandas estudiantiles, pero también sostuvo que las movilizaciones no deben servir de pretexto para ejercer violencia contra quienes protestan.
En Limoges, los ataques dejaron una pérdida patrimonial de especial gravedad. El Ayuntamiento, un edificio de estilo neorrenacentista terminado en 1883 y protegido como monumento histórico desde 1975, fue incendiado después de que individuos rompieran ventanas y penetraran en su interior.
El fuego avanzó hacia la cubierta y consumió el campanario, que terminó desplomándose. Durante horas, las llamas amenazaron la estructura mientras representantes municipales observaban la destrucción. El ataque estuvo acompañado de daños a vehículos policiales y saqueos en establecimientos del centro.
En Burdeos, los disturbios golpearon tanto a dependencias oficiales como a una de las principales arterias comerciales de la ciudad. La residencia oficial de la prefecta de Gironda, Sophie Brocas, fue saqueada, mientras grupos de encapuchados atacaban establecimientos de la calle Sainte-Catherine.
Según la cobertura aportada de France 24, entre los comercios afectados figuraban Decathlon, Intersport, Apple Store, Snipes y un Carrefour Express. Cerca del Ayuntamiento se registraron enfrentamientos y fueron desplegados vehículos blindados Centaure de la gendarmería.
En Lyon, una oficina de turismo de la céntrica plaza Bellecour fue saqueada e incendiada, y varios negocios cercanos sufrieron daños. En Marsella, individuos forzaron la entrada al Ayuntamiento y causaron destrozos; un busto de Marianne, símbolo de la República, terminó derribado y dañado. En Lille también se reportaron ataques y daños en la sede municipal.
Niza vivió enfrentamientos en el Paseo de los Ingleses, ataques al centro de videovigilancia y saqueos de tiendas. La prefectura de Alpes Marítimos informó de más de una decena de detenciones por robos, daños a bienes públicos y lanzamiento de proyectiles. Entre los negocios afectados se mencionaron JD Sports, Micromania, Decathlon y una tienda de motocicletas Yamaha.
La violencia dejó asimismo lesiones graves entre manifestantes. En Saint-Étienne, un joven perdió una mano durante los enfrentamientos. Las autoridades abrieron una investigación; medios franceses vincularon la lesión con una granada policial, aunque el ministro del Interior no confirmó inicialmente esa explicación. No se dispone en las fuentes consultadas de un balance nacional consolidado de civiles heridos.
La respuesta política estuvo marcada por acusaciones cruzadas. Macron prometió perseguir y castigar a los responsables de los ataques. Lecornu y Nuñez atribuyeron la organización de parte de la violencia a grupos de ultraizquierda, a los que, según su versión, se sumaron delincuentes que aprovecharon el desorden para saquear. Esa atribución corresponde al Gobierno y deberá contrastarse con las investigaciones judiciales.
Marine Le Pen acusó a la extrema izquierda de aprovechar la movilización para generar caos. Jean-Luc Mélenchon rechazó las acusaciones contra su movimiento, se desmarcó del pillaje y criticó la conducción policial de los operativos.
Francia afronta ahora la evaluación de daños, la investigación de los ataques y el debate sobre el dispositivo de seguridad. Junto a las responsabilidades por los saqueos y los incendios permanece el conflicto que llevó a cientos de miles de personas a las calles: las dificultades económicas de los hogares y el reclamo de mejores condiciones educativas y servicios públicos.
Imagenes y video de France 24